Hno. José María Pérez Navarro, FSC., delegado Episcopal de Catequesis.
Hablábamos en nuestras anteriores entregas del primer anuncio como primer paso necesario antes de hablar de la segunda etapa que sería propiamente la catequesis. El Directorio para la catequesis nos señala claramente cuáles son las tareas de la catequesis: Conducir al conocimiento de la fe (DC 80), iniciar en la celebración del Misterio (DC 81-82), formar para la vida en Cristo (DC 83-85), enseñar a orar (DC 86-87) e introducir en la vida comunitaria (DC 88-89)
Como ya comenté en anteriores reflexiones la catequesis se sitúa en un nuevo escenario social y religioso y por lo tanto debe ser entendida de otra manera a cómo se entendía en tiempos anteriores. Conviene hacer unos cambios necesarios y de gran calado que nos ayuden a poder transmitir el Evangelio a los nuevos ciudadanos y creyentes de hoy. Estos cambios tan importantes provocaron que desde comienzos del siglo XXI se hable con más insistencia del nuevo paradigma de la catequesis. En este sentido hay un libro marco de AECA (Asociación española de catequetas) que dibuja esa nueva situación y que ofrece buenas propuestas de cara al futuro. Este libro se titula: “Hacia un nuevo paradigma de la iniciación cristiana hoy”.
No pensemos que en todos los ambientes eclesiales se ve con esperanza estas nuevas propuestas. Hay que hablar de la reflexión de quienes dan por válida y defienden la catequesis que se lleva haciendo desde siglos en la Iglesia, a la que habría que añadir algunos pequeños retoques extraídos de la actual reflexión.
Respetando, por supuesto, todas las opiniones que se dan en la Iglesia parto en estas líneas de una visión positiva y esperanzadora de la realidad actual, por muy compleja y desafiante que sea, y desde allí señalo algunos pasos y cambios que se deben dar en la catequesis actual. Van a ser en total diez. Comenzamos por el primero
PASO DE UNA CATEQUESIS QUE SE DIRIGE SOLAMENTE A LOS NIÑOS HACIA UNA CATEQUESIS QUE SE DIRIGE A TODAS LAS EDADES
Si pronunciamos la palabra “catequesis”, la inmensa mayoría de las personas piensa en “niños”. Los adolescentes que se les propone continuar en catequesis dicen que eso es “cosa de niños”. Se constata, en un porcentaje muy elevado, que en la mayoría de los casos la catequesis termina en la infancia y después “un adulto no puede hacer catequesis, es una cosa que se hace cuando eres pequeño”
Hemos visto como el Directorio nos plantea una serie de tareas. Es imposible conseguir realizarlas en la edad infantil. Algunas de estas tareas, que nos propone el DC, solamente se logran a lo largo de la vida.
Con esta catequesis solo para los niños nos encontramos que, en ciertos temas, los cristianos no llegan a la meta de sus descubrimientos. Por ejemplo, basta con observar algunas comunidades cristianas, grupos parroquiales donde se observa el infantilismo de muchos de los adultos en su comprensión de la fe. Nadie puede decir que su conversión ha llegado al final, qué adulto puede afirmar que ha llegado ya a todos lo que se debe saber sobre la fe, la misión, la moral, la vida comunitaria.
Los pedagogos hablan de una “primera iniciación” que se refiere a los más jóvenes o a las personas que descubren por primera vez el cristianismo. Para los otros, se hablará de “camino permanente con elementos de iniciación y profundización”. Esta idea no es solamente mía, constantemente aparece reflejada en documentos eclesiales, así el Directorio de la catequesis dice: “La catequesis de adultos, al ir dirigida a personas capaces de una adhesión plenamente responsable, debe ser considerada como la forma principal de catequesis, a la que todas las demás, siempre ciertamente necesarias, de alguna manera se ordenan” (DC 77). No podemos olvidar la catequesis de niños, ciertamente, pero el modelo debe dar unos pasos para que sea la catequesis de adultos la forma principal y que la catequesis se realice en todas las etapas de la vida.
Os sugiero algunas propuestas para poder conseguir un cambio de modelo:
Un primer nivel concreto sería el de invitar a los padres de los niños que participan en la catequesis a un itinerario que les concierne. No podemos pensar que nos van a responder la totalidad de los padres. Tenemos que pensar que el criterio del éxito no es cuantitativo. Aunque tengamos un número pequeño de padres no nos tenemos que descorazonar. Estamos en una época de proposición, nosotros debemos proponer y ellos, con total libertad, pueden aceptar nuestras propuestas e iniciar un itinerario catequético.
Un segundo nivel podría consistir, siempre a partir de la catequesis de los niños, de proponer a los adultos documentos paralelos que se dirijan específicamente a ellos, por el vocabulario, la manera de tratar la temática de adultos, los ejemplos escogidos…
Un tercer nivel es el de crear progresivamente, allá donde no existan todavía, grupos catequéticos específicamente por edades con animadores, dinámicas y actividades adaptadas a cada edad.
Tenemos que cambiar la mentalidad de que la palabra “catequesis” no es una palabra solamente unida a niño, sino con los adultos tenemos que hacerles comprender que hay muchas actividades catequísticas que se hacen en la parroquia y en las comunidades como homilías, conferencias, peregrinaciones, encuentros culturales y festivos, acciones caritativas, etc. Muchas de estas prácticas son ya expresión del llamado “nuevo paradigma”.





