H. José María Pérez Navarro, FSC., delegado Episcopal de Catequesis.
Muchas de las actividades llamadas catequéticas funcionan a la manera de enseñanza nocional. Los catequistas para que sepan las cosas de la fe les explican los sacramentos, el Credo, el Padre Nuestro, la misa… dándole un conjunto de datos y definiciones. Es el método tradicional. Incluso, con apariencia lúdica, numerosos materiales catequéticos contemporáneos funcionan con el sistema preguntas-respuestas (juegos de cartas, trivial, pictionnary, quizz…) Son juegos donde solo hay una respuesta y no se admiten más.
Y esto está muy bien. Es importante, en catequesis, poder adquirir nociones justas, teológicamente fundadas, bien adaptadas al nivel de reflexión y de vocabulario de las personas que deberán beneficiarse. Lo que señalo es que para mí es una pobreza de la práctica catequética el dejarlo solamente en una aproximación nocional y memorística.
La enseñanza hace descubrir de manera intelectual las cosas. Y es importante, pero insuficiente pues el conocimiento intelectual no da el conocimiento integral de un fenómeno. La catequesis debe llevar a los adultos, jóvenes y niños a gustar, tocar, ver, oír y sentir… para conocer y comprender mejor las realidades de la fe y de la vida cristiana.
Es necesario vivir experiencias. Como decía el Directorio General de la catequesis: “La experiencia provoca en el hombre interés, interrogantes, esperanzas, ansiedades, reflexiones, juicios que despiertan el deseo de cambiar de vida” (Cfr. DGC 152)
El catequizado entra a través de las experiencias en el itinerario del descubrimiento. Algunos autores hablan de la “apertura de un taller”. Un adulto, un joven o un niño piden por ejemplo que quiere descubrir a Dios. El catequista no puede darle una definición de Dios porque inevitablemente será incompleta. El catequista debe abrir un camino, una búsqueda y debe estar con él. Pueden caminar juntos, aclararse mutuamente, ayudarse y completarse en esta búsqueda. Cada texto bíblico, cada acontecimiento eclesial, cada momento de la vida, puede enriquecer esta petición.
¿Cómo poder trabajar este paso? Pasar de una definición única a diversas aproximaciones nocionales de la misma realidad. Por ejemplo, hacer la propuesta de consultar las definiciones de varios autores fiables. Debemos hacer una contextualización de cada una de las definiciones, pero esto nos permite no contentarnos con una definición. La brecha abierta en la catequesis es la de la pluralidad donde una definición ayuda a completar a la otra. Se introduce el espíritu de búsqueda.
Otra forma sería la propuesta de pasar de una sola definición de una realidad religiosa a buscar aproximaciones diferentes. Por ejemplo, desde los medios de comunicación, las disciplinas, los modos de expresión, etc.
Otro elemento a rescatar es el grupo en diálogo. Permitir a los catequizados no solamente ser enseñados por un solo maestro que sería el único que interpretara los textos, los hechos y los gestos, sino pedir a cada uno que reaccione en relación a estos textos. El catequista debe hacer descubrir que sobre tal asunto no hay solo una respuesta única, que hay opiniones falsas, debe conseguir que los alumnos adquieran un espíritu crítico.
Por último, para progresar en este paso se debería partir no tanto de definiciones, sino de experiencias y a partir de ahí, poner las palabras, definir las reacciones, relatar lo que han sentido, tejer lazos con otras experiencias. Por ejemplo, en lugar de explicar que es el bautismo cristiano, el grupo participará en una celebración bautismal para vivir el acontecimiento. Cada uno podrá expresar las cuestiones que esta celebración le han provocado. ¿Por qué tal gesto? ¿Qué significa esta palabra? ¿Cuál es el sentido de este rito? ¿Todo esto lo ha prescrito Jesús? Será esencial que el catequista no responda inmediatamente a todas estas cuestiones, sino que muestre como se pueden encontrar respuestas a estas preguntas. Consiste en permitir a los grupos de catequizados de sumergirse en las realidades de la vida comunitaria cristiana, en la experiencia, y de hacer un va y viene permanente entre los aspectos nocionales y las experiencias vividas.




