María del Mar tiene discapacidad intelectual y desde hace quince años forma parte de una comunidad de Fe y Luz en Madrid. En ella comparte la amistad, la oración y la fe con otras personas con discapacidad intelectual, familiares y amigos. Con el paso del tiempo fue creciendo en Mercedes el deseo de recibir los sacramentos y participar plenamente de la vida sacramental de la Iglesia.
Hace un año comenzó una preparación más específica dentro de su proceso de Iniciación Cristiana de Adultos, con el acompañamiento y las adaptaciones necesarias. El pasado domingo 27 de septiembre en la Parroquia del Sagrado Corazón de Madrid recibió el Bautismo, la Confirmación y la Eucaristía. La celebración fue presidida por Francisco Javier Medina Chávez, sacerdote diocesano y responsable de la Comisión Diocesana para la Atención de Personas con Discapacidad de la Archidiócesis de Madrid, quien recibió la autorización del arzobispo de Madrid, cardenal José Cobo, para administrar a María del Mar los sacramentos.
Para Francisco Javier Medina fue un momento especialmente significativo. «Para mí, como responsable de este área, fue una alegría ver la cara de María del Mar, porque ya podía participar de la Eucaristía y ser una más del grupo al que pertenece», explica. En esa experiencia reconoce también el camino que queda por seguir haciendo para que las personas con discapacidad participen con normalidad de la vida de la Iglesia. «Ahí es donde caminamos en esa inclusión eclesial, en ese deseo que expresaba el Papa Francisco: “todos, todos, todos”», añade. Ahora, María del Mar continuará compartiendo y celebrando la fe en la comunidad de Fe y Luz que la ha acompañado durante estos quince años. Los sacramentos recibidos el domingo forman parte de ese camino que continúa ahora en la vida de su comunidad.
Una comunidad en la que todos tienen algo que aportar
Fe y Luz es un movimiento cristiano formado por comunidades en las que personas con discapacidad intelectual, familiares y amigos comparten encuentros, oración, celebración y formación. Una experiencia comunitaria en la que la persona con discapacidad ocupa un lugar central.
Su Carta recoge una convicción que está muy presente en la historia de Mercedes: toda persona, también cuando existen grandes limitaciones, está llamada a vivir profundamente la vida de Jesús y a recibir las riquezas espirituales de la Iglesia, entre ellas los sacramentos y la tradición litúrgica.
Y hay un aspecto importante: no se trata únicamente de recibir. La Carta de Fe y Luz recuerda también que la persona con discapacidad está llamada a ser fuente de gracia y de paz para la comunidad. Es decir, a participar, aportar y ocupar el lugar que le corresponde dentro de ella.
Una catequesis que acompaña a cada persona
Esta forma de entender la inclusión está también en el trabajo que desarrolla la Comisión Diocesana para la Atención de Personas con Discapacidad, que tiene entre sus objetivos favorecer la presencia y participación de las personas con discapacidad en la vida de la Iglesia.
Para ello trabaja también en colaboración con la Delegación Episcopal de Catequesis. A través del Equipo de Catequesis Inclusiva, las parroquias pueden recibir ayuda, recursos y orientaciones para adaptar los procesos catequéticos a las distintas necesidades concretas de cada persona con discapacidad.
La catequesis inclusiva parte precisamente de ahí: de acompañar a cada persona según sus necesidades para que pueda crecer en la fe y participar plenamente en la vida de la comunidad cristiana. Como María del Mar, que seguirá viviendo y celebrando su fe en la comunidad que la ha acompañado durante estos quince años.





