El próximo viernes 16 de noviembre se presentará

en el CONGRESO CATÓLICOS Y VIDA PÚBLICA

(qué este año lleva por título “Fe en los jóvenes”)

el nuevo recurso catequético de la Archidiócesis de Madrid para adolescentes y jóvenes: “Jesús es el Señor, venid y veréis”

Adjuntamos PDF del Programa del Congreso y texto de la Comunicación:

programa-XX-congreso

 

 

PARA UNA NUEVA CATEQUESIS PARA ADOLESCENTES Y JÓVENES

Criterios fundamentales e inspiradores del recurso catequético

“Jesús: ¿Dónde vives? Ven y verás”.

Manuel María Bru Alonso

Delegado Episcopal de Catequesis del Arzobispado de Madrid

 En el Equipo de Expertos de la Delegación Episcopal de Catequesis del Arzobispado de Madrid se ha venido trabajando durante tres años, entre otras cosas, con los criterios fundamentales con los que afrontar la renovación de la catequesis en Madrid, y por tanto, el diseño de los itinerarios de la iniciación cristiana, y los nuevos recursos diocesanos elaborados al servicio de la iniciación cristiana.

Estos criterios son los inspiradores de todo el proceso, y por tanto de todas sus etapas, incluida la tercera etapa, de la que nos ocupamos en este Recurso, pensada para la catequesis de adolescentes y jóvenes. Estos nuevos recursos serán los que guiaran la catequesis de adolescentes y jóvenes de las diócesis de Madrid, Getafe y Castrense, según voluntad de sus respectivos obispos.

1/ CATEQUESIS DE INICIACIÓN CRISTIANA EN COMUNIÓN ECLESIAL

La catequesis es una de las principales acciones evangelizadoras de la Iglesia[1]. Desde esta premisa presentamos un recurso catequético (se trata de un recurso diocesano, no de un catecismo local diocesano) en comunión eclesial porque nos situamos en el momento en el que en la Iglesia quiere que la catequesis recobre su identidad original como catequesis de iniciación cristiana. Como dice el Directorio General de la Catequesis (a partir de ahora “Directorio”), “la catequesis es el elemento fundamental de la iniciación cristiana” (DGC, 66). Es decir, que es el Catecumenado (el de adultos de la primitiva Iglesia y el de todas las edades hoy) el que marca el proyecto catequético, de tal suerte que no sólo los catecúmenos (no bautizados) están llamados a hacer el proceso de iniciación cristiana, sino también todos los bautizados (catequizandos)[2].

Estos recursos, como todos los demás proyectos y recursos catequéticos, cuida que sus contenidos estén siempre acordes con el fondo y la forma con que se exponen la fe y las costumbres de la Iglesia en el Catecismo de la Iglesia Católica, “punto de referencia de los catecismos o compendios que se redacten en las diversas regiones” (DGC, nº 121). La comunión con la Iglesia que peregrina en España nos lleva también a seguir las indicaciones de la Conferencia Episcopal Española con respecto a los itinerarios catequéticos (definidos en la Instrucción pastoral sobre los catecismos para la iniciación cristiana de niños y adolescentes “Custodiar, alimentar y promover la memoria de Jesucristo”, del 21 de noviembre de 2014), así como los contenidos y las principales claves pedagógicas de los catecismos locales oficiales “Jesús es el Señor” (para niños) y “Testigos del Señor” (para adolescentes y jóvenes) que, como dice el Directorio, asumen los tres rasgos principales caracterizan a todo catecismo: “su carácter oficial, la síntesis orgánica y básica de la fe que ofrece y el hecho de ser ofrecido, junto a la Sagrada Escritura, como punto de referencia para la catequesis”.  Y entendemos en general que la comunión eclesial nos lleva plantear una catequesis que sea verdaderamente “Nueva Evangelización”[3] de una Iglesia en salida”[4].

En relación a este recurso: Por la especial importancia que en esta renovación catequética damos a la Doctrina Social de la Iglesia (más adelante explicada en el criterio nº 9), acudimos también, en el caso de los itinerarios para adolescentes y jóvenes, al “DOCAT”, instrumento catequético vinculado a las Jornadas Mundiales de la Juventud, con el que el Papa Francisco propone una formación para ellos “de la Doctrina Social de la Iglesia con pies” (Docat, p. 13).

2/ CATEQUESIS CON INTINERARIOS Y PROGRAMACIONES FLEXIBLES

Somos conscientes de la gran pluralidad de niños y adolescentes que tenemos en nuestros grupos catequéticos, de la gran variedad de situaciones familiares, de procedencias culturales, de contextos religiosos en los que se mueven en sus familias, en la escuela, entre sus amigos y en el mundo virtual por el que navegan a sus anchas como nativos digitales[5].

Desde la Delegación Episcopal de Catequesis entendemos que sólo en cada parroquia y colegio, e incluso en cada grupo catequético, se puede hacer un buen discernimiento sobre el itinerario catequético más adecuado a ellos, y por tanto más óptimo para no dejar de lado la importancia de la doble fidelidad de la catequesis que con tanto acierto propuso San Juan Pablo II: “fidelidad a Dios y fidelidad al hombre, en una misma actitud de amor” (CT, nº 55). Porque si por la fidelidad a Dios la catequesis ha de promover que se perciba la acción de Dios, “creando un clima de escucha, de acción de gracias y de oración”, por la fidelidad al hombre ha de propiciar “la respuesta libre de las personas, promoviendo la participación activa de los catequizandos” (DGC, 145).

No proponemos como suele ser habitual en este tipo de materiales o recursos catequéticos un itinerario fijo en el formato de una serie de dos, tres o cuatro libros, que ya determinan inflexiblemente un único itinerario con una duración fija del proceso. Tanto en los recursos para la catequesis de infancia como en el recurso para adolescentes y jóvenes ofrecemos una serie de unidades temáticas en cuadernos separados, así como algunas propuestas de diversos itinerarios de calendario estándar (para tres o cuatro años por etapa, con o sin extensión para convivencias o campamentos de verano), así como diversos criterios de selección adaptados a la pluralidad de catecúmenos y catequizandos, y de su proceso vital de aproximación y adhesión a la fe. De esta forma, para aprovechar estos recursos, “obligamos” a los responsables de la catequesis (párrocos, directores de pastoral de los colegios, sacerdotes, religiosos o laicos coordinadores de catequesis y catequistas), a establecer los itinerarios más adecuados a sus grupos de catequesis, y enmarcados en ellos, la selección y ordenación de las unidades temáticas adecuadas a dichos itinerarios.

Además de la flexibilidad a la hora de establecer el itinerario, estos recursos están pensado para poder incidir más o para poder incidir menos en la primera parte de cada unidad temática, la parte pre-catequética, según sea más o menos necesario que el destinatario pueda indagar desde su mayor o menor lejanía su apertura a la fe. Es más, al proponer que en cada unidad temática se den las tres etapas del proceso de iniciación (pre-catequesis, catequesis iniciática y catequesis iluminativo-mistagógica), favorecemos una mayor flexibilidad[6].

3/ CATEQUESIS PROVOCATIVA

La renovación de la catequesis pasa por el cambio que se da entre una comunicación en la que el catequista explica y el catecúmeno, en el mejor de los casos, entiende y aprende, y una comunicación en la que:

  • El catequista provoca las cuestiones más vitales y el catecúmeno permite que se despierten en él inquietudes hasta ahora latentes.
  • El catequista propone una vida nueva y el catecúmeno la acoge paulatinamente.
  • El catequista conduce hacía el Misterio y el catecúmeno se asombra ante él.

Se trata de una clara opción pedagógica que se fundamenta en la distinción que existe entre el estilo directivo y el estilo “facilitador” en el acompañamiento personal y grupal[7].

En el caso del acompañamiento catequético, añadimos nosotros a la explicación del estilo directivo que sería más bien la imposición de las ideas de la fe y de la moral como indiscutibles en pro de una no escrita y fatal regla que se diese por sentada: aquí el interlocutor de la catequesis viene a ser instruido en una fe y en una manera de entender la vida porque ya él o sus padres han aceptado de ante mano y sin ninguna duda esos presupuestos. Mientras en el facilitador, sería más bien el de una catequesis que escucha, que no da nada por hecho, ni asumido, ni vivido por el catecúmeno o catequizando, sino que a partir de su realidad personal se le ofrecen pistas que le sirvan para ponerse en actitud de búsqueda, y se le ofrecen respuestas solo a las preguntas que explícita o implícitamente se haga.

La provocación de la fe en la catequesis tiene que servirse de dos instrumentos: la Palabra de Dios (la Revelación es siempre y por si misma siempre provocativa) y la vida. La Palabra porque es palabra de vida, porque siempre lleva a la vida. Pero previamente a la Palabra la misma vida, porque sólo desde la vida se entiende la Palabra. Cuando hablamos de la vida hablamos de la vida real, la existencia humana, de las personas implicadas en la catequesis (catequistas, catecúmenos) extensible a la vida real de sus entornos familiares, eclesiales y sociales, presentes y pretéritos. Además e incluso antes que la sesión de catequesis, el encuentro con los padres de los catecúmenos (niños, adolescentes y jóvenes) se convierte en un ámbito para la provocación catequética, que ha de encontrar sus propios tiempos y métodos. La catequesis provocativa es una catequesis de búsqueda de la persona[8].

El lenguaje de la catequesis no debe dar por supuesto la asunción de la fe de catecúmenos y de catequizandos, sino que toda ella ha de estar en la tensión propia del primer anuncio evangelizador. El reto de una catequesis provocativa pesa mucho más sobre la comunidad cristiana que acoge y acompaña a los catecúmenos y catequizandos, que sobre los recursos que se usen en la catequesis, pero estos no son ajenos a la “conversión pedagógica” que este principio exige. Al menos en tres direcciones:

  • En la primacía de la suscitación de la fe frente a la mera exposición de la fe, o la defensa apologética de la fe, que tiene su lugar en la “provocación”, siempre que sea apología proactiva y no reactiva: no se trata de defender la fe, sino de suscitar la fe.
  • En el estilo con que se presente el lenguaje o los lenguajes de la fe (literario, artístico, audiovisual, etc…), más sugestivo y provocativo que indicativo, instructivo (aprender conocimientos de cosas que no enlazan con una inquietud, no experimentadas, integradas, y “gustadas”) y directivo (“esto es así, y punto”, tal vez sea la frase más penosa que no pocas veces se ha oído en la catequesis).
  • Y en la forma como se conjuga el verbo creer: del “esta es tu fe” al “esta es la fe que responde a tus inquietudes, búsquedas, anhelos y esperanzas”. Y en todos los nuevos recursos para cada una de las tres etapas de la iniciación cristiana, pretendemos tener muy en cuenta este paradigma lingüístico de la catequesis provocativa.

4/ CATEQUESIS NARRATIVA

Una catequesis narrativa es, en primer lugar, una catequesis que prioriza el método inductivo. Como explica el Directorio General de la Catequesis, “el método inductivo consiste en la presentación de hechos (acontecimientos bíblicos, actos litúrgicos, hechos de la vida de la Iglesia y de la vida cotidiana…) a fin de descubrir en ellos el significado que pueden tener en la Revelación divina. Es una vía que ofrece grandes ventajas, ya que es conforme a la economía de la Revelación; corresponde a una instancia profunda del espíritu humano, la de llegar al conocimiento de las cosas inteligibles a través de las cosas visibles; y es también conforme a las características propias del conocimiento de fe, que consiste en conocer a través de signos. El método inductivo no excluye, más bien exige el método deductivo, que explica y describe los hechos procediendo desde sus causas. Pero la síntesis deductiva tendrá pleno valor sólo cuando se ha hecho el proceso inductivo” (DGC, nº 150).

En segundo lugar, una catequesis narrativa es una catequesis que se toma muy en serio que la mejor pedagogía catequética es la pedagogía misma de Dios, y “tal como se realiza en Cristo y en la Iglesia, toma de ella sus líneas constitutivas y, bajo la guía del Espíritu Santo, desarrolla una sabia síntesis de esa pedagogía, favoreciendo así una verdadera experiencia de fe y un encuentro filial con Dios” (DGC, nº 143)[9].

En tercer lugar, una catequesis narrativa no es sólo una catequesis primordialmente inductiva, sino una catequesis que entiende que en la evangelización es necesaria una representación narrativa de la fe y no sólo una presentación (teológica) sistemática de la fe. Pero sobre todo se trata de una catequesis que prioriza el lenguaje del relato: el gran relato de la Historia de la Salvación, pero a partir de los diversos relatos de la Biblia, del testimonio de los santos, de las experiencias eclesiales y personales del Evangelio, etc… dado que, como nos recuerdan los principales analistas de la cultura contemporánea (Guianni Vattimo y Jean-François Lyotard, ente otros), en el mundo de hoy, de vuelta de los maga-relatos ideológicos del siglo XX, se escuchan más los micro-relatos que los macro-relatos, y los testimonios que los discursos, pues, en celebre expresión de San Pablo VI, “el mundo de hoy necesita más testigos que maestros y, si acepta a los maestros, es porque antes han sido testigos”.

La pedagogía de la narración, por otra parte, constituye la forma más susceptible de fidelidad a la experiencia religiosa desde la palabra leída o escuchada. El relato religioso tiene siempre un componente simbólico, ya sea histórico (describe el acontecimiento asombroso), o parabólico (narración sapiencial que puede incorporar otros recursos como la metáfora o extravagancia de doble sentido y la hipérbole o exageración retórica). Siempre es alegórico porque siempre rompe las barreras del espacio y del tiempo, universalizando su contexto, diciendo algo más allá del presente narrado, indagando el sentido de su pasado y de su futuro, y sobre todo, implicándose en cada momento en la historia concreta de las personas y de los pueblos[10].

Como dice el Directorio General para la Catequesis, “la catequesis no ha de tener miedo a emplear fórmulas tradicionales y términos técnicos del lenguaje de la fe, si bien ha de ofrecer el significado que tienen y mostrar su relevancia existencial; por otra parte, la catequesis tiene el deber imperioso de encontrar el lenguaje adaptado a los niños y a los jóvenes de nuestro tiempo en general (DGC, nº 208). Y estamos persuadidos que sobre todo hoy las nuevas generaciones son especialmente sensibles al lenguaje narrativo.

En relación a este recurso: En estos recursos como en el resto a elaborar dentro de este mismo proyecto catequético, damos especial relevancia, junto a los contenidos bíblicos (los narrativos por antonomasia), a los cuentos y, sobre todo, a las narraciones reales de experiencias y testimonios eclesiales y personales.

5/ CATEQUESIS DE PRIORIDAD BÍBLICA

No sólo estamos persuadidos de que la Palabra de Dios es la principal fuente de la catequesis, sino también de que la Palabra de Dios desplegada en la Biblia (“la Sagrada Escritura es Palabra de Dios en cuanto que, por inspiración del Espíritu Santo, se consigna por escrito”: DV, nº 9) debe constituir la referencia prioritaria tanto para el contenido como para la pedagogía de la catequesis. Esta prioridad no significa en absoluto una concepción aislada del uso de la Biblia, sino que tiene en cuenta “la interrelación entre la Sagrada Escritura, la Sagrada Tradición y el Magisterio, cada uno a su modo”, requerida para la Catequesis (DGC, nº 30).

En el proyecto de renovación de la catequesis en Madrid, tanto en los recursos para la primera y segunda infancia como en el recurso para adolescentes y jóvenes, la prioridad bíblica tiene, junto a otros anclajes, el ocupar la Sagrada Escritura el contenido principal de la parte central, claramente kerigmática, de todas y cada una de las unidades catequéticas o cuadernos para la catequesis. De hecho, la dinámica pedagógica de esta parte central es la “Lecttio divina” (que en el caso de las catequesis para niños será al estilo de los “oratorios” de tanto y tan buen arraigo en la experiencia catequética de nuestra diócesis en los últimos años). Se trata de suscitar la escucha, acogida y meditación de la Palabra de Dios, la reflexión personal desde la Palabra y la experiencia de diálogo con Dios a partir de la Palabra, antes de abordar la propuesta cognitiva tanto de la fe como de la vida cristiana. De la Palabra al Credo y a los mandamientos, y no al revés.

6/ CATEQUESIS DE ILUMINACIÓN DE FE Y VIDA PERSONAL Y SOCIAL

Dos acentos marcan la importancia de este criterio: “vida” y “social”. La catequesis no es mera enseñanza teórica de la fe, sino luz para vivir la fe, para vivirla, para que impregne todas las dimensiones de la vida, para responder a la vocación de los hijos de Dios y hermanos de Cristo para quien “el que cumple la voluntad de Dios, ése es mi hermano, mi hermana y mi madre” (Mc. 3, 35). Nos referimos a la vida personal que, en si misma, no es sólo vida individual, sino también social. Y el acento de lo social es uno de los que marcan la diferencia de este proyecto con respecto a otros que adolecen de cierto individualismo con respecto a la vida de la fe y sus implicaciones morales[11].

Tratamos a su vez con este criterio de paliar una clara demanda de la Iglesia a la catequesis de hoy. De la Iglesia universal, que “advierte una inadecuada presentación de la historia de la Iglesia y una escasa relevancia de su doctrina social” (DGC nº 30), y de la Iglesia Particular, pues entre las conclusiones del Plan Diocesano de Evangelización (2015- 2018) de la Diócesis de Madrid se pide que “los procesos de iniciación cristiana sirvan para iniciar realmente en la fe y ayuden, al mismo tiempo, a conseguir una buena conciencia social, coherente con el Evangelio” (Conclusiones PDE, 8, 1). Proponemos además con este criterio no sólo una formación adecuada a cada una de las edades de la Doctrina Social de la Iglesia (DSI), sino también diversos cauces concretos de compromiso social, como los sugeridos en el Plan Diocesano de Evangelización, de “favorecer que, durante la formación catequética de niños, adolescentes y jóvenes, haya actividades de vista a los enfermos como periferia existencial, invitando a familiares” (PDE, 8,1), o de “aprovechar con los adolescentes y jóvenes su capacidad de entrega con el ocio, tiempo libre y voluntariado, dándoles formación y acompañamiento” (PDE, 11, 6). Como arriba apuntábamos, el Papa Francisco, en el prologo al DOCAT, nos marca el camino de esta inclusión de la DSI en la catequesis de adolescentes y jóvenes: “No sueño con grupos de jóvenes sentados bajo los árboles discutiendo sobre ella. Bien está eso, háganlo. Pero mi sueño es más ambicioso: deseo un millón de jóvenes cristianos, o mejor, toda una generación, que sea para sus contemporáneos, la Doctrina Social con pies. Solamente transformarán la tierra aquellos que se entreguen a ella con Jesús y se dirijan, guiados por él, hacia los marginados que viven en medio de la suciedad. Involúcrense también ustedes en política y luchen por la justicia y la dignidad y sobre todo por los más pobres” (DOCAT, p.13).

7/ CATEQUESIS VITALES, VOCACIONALES Y LITÚRGICAS

Hoy no podemos entender la catequesis sino es desde estas claves[12]. Si, como decía San Juan Pablo II, “el fin definitivo de la catequesis es poner a uno no sólo en contacto sino en comunión, en intimidad con Jesucristo” (CT, nº 5), esta comunión e intimidad con Jesucristo sólo puede encauzarse:

  • A partir de una libre conversión vital de las personas a Jesucristo, previa a cualquier tipo de instrucción doctrinal y moral, dado que, como nos decía Benedicto XVI, “no se comienza a ser cristiano por una decisión ética o una gran idea, sino por el encuentro con un acontecimiento, con una Persona, que da un nuevo horizonte a la vida y, con ello, una orientación decisiva” (DCE, nº 1).
  • Desde el descubrimiento de la llamada de todo ser humano a una amistad con Él que lleve al deseo de vivir las bienaventuranzas como reflejo de la vocación universal de todo bautizado a la santidad, así como a encontrar en la comunidad eclesial (especialmente en la adolescencia y juventud) su vocación específica en la Iglesia y en la sociedad;
  • Y sólo se puede realizar en la comunión de la Iglesia en la que se comparte la vida, se irradia el evangelio a todos los hombres, y se acogen los dones de Dios y se le da gracias en la vida litúrgico-sacramental de la Iglesia.

En relación a este recurso: Por eso, estos tres pilares (adhesión vital, vocación personal, y vida litúrgica), son tan básicos para una catequesis renovada que hemos querido que sean los tres ámbitos catequéticos en los que dividir las diversas unidades catequéticas del recurso de esta tercera etapa para adolescentes y jóvenes, además de estar presentes transversalmente en los contenidos de todo el recurso:

Catequesis vital:

No es lo mismo convencer de una idea (catequesis racional), que provocar una experiencia de adhesión a Jesús y cambio de coordenadas vitales (catequesis vital): “Hay que destacar el carácter misionero de la catequesis actual y su tendencia a asegurar la adhesión a la fe por parte de los catecúmenos y de los catequizandos, en medio de un mundo donde el sentido religioso se oscurece. En esta dinámica se toma clara conciencia de que la catequesis debe adquirir el carácter de la formación integral, y no reducirse a una mera enseñanza: deberá empeñarse, en efecto, en suscitar una verdadera conversión” (DGC, nº 29).

En relación a este recurso: Las primeras doce unidades catequéticas del recurso que ahora presentamos para adolescentes y jóvenes no representan los doce puntos de la confesión de la fe (aunque todos ellos quedan incluidos no sólo implícita sino explícitamente en ellas), sino que se presentan como doce pasos para la asunción de una espiritualidad amplia y universal:

  • que tiene su origen en el descubrimiento de Dios amor,
  • que provoca la consecuente respuesta de la libre elección de Dios y de su voluntad,
  • que encuentra el camino de esta voluntad divina a la luz de la Palabra de Dios,
  • que le lleva a descubrir en el amor a Dios y al prójimo el eje esencial de este camino,
  • que le conduce al descubrimiento del amor mutuo como el distintivo de los cristianos,
  • que le ofrece en los sacramentos de la Iglesia los signos del amor del Hijo de Dios,
  • que le acompaña en el misterio de la oscuridad, el mal, el dolor y la muerte al encuentro con el amor sin límites en Jesús Crucificado y Abandonado,
  • que Resucitado se le hace el encontradizo y le colma de esperanza,
  • que le permite acoger al Espíritu Santo que le impulsa en el seno de la Iglesia,
  • y que le hace poder reconocer siempre, por obra del Espíritu, la presencia del Resucitado en la comunidad cristiana reunida en su nombre.

Catequesis vocacional:

“Toda la acción evangelizadora -insiste el Directorio- busca favorecer la comunión con Jesucristo. A partir de la conversión inicial de una persona al Señor, suscitada por el Espíritu Santo mediante el primer anuncio, la catequesis se propone fundamentar y hacer madurar esta primera adhesión. Se trata, entonces, de ayudar al recién convertido a conocer mejor a ese Jesús en cuyas manos se ha puesto: conocer su misterio, el Reino de Dios que anuncia, las exigencias y las promesas contenidas en su mensaje evangélico, los senderos que El ha trazado a quien quiera seguirle. El Bautismo, sacramento por el que nos configuramos con Cristo sostiene con su gracia este trabajo de la catequesis” (DGC, nº 80).

En relación a este recurso: Para que esta adhesión no se quede en algo vago e impreciso, hemos considerado importante presentar por tanto en la catequesis las diversas realizaciones concretas de la única vocación cristiana nacida del bautismo: sacerdocio, matrimonio, vida consagrada, misión ad gentes, vida contemplativa.

Catequesis litúrgica:

“La Iglesia, en efecto, transmite la fe que ella misma vive: su comprensión del misterio de Dios y de su designio de salvación; su visión de la altísima vocación del hombre; el estilo de vida evangélico que comunica la dicha del Reino; la esperanza que la invade; el amor que siente por la humanidad y por todas las criaturas de Dios” (DGC, nº 78). Denuncia el Directorio General de la Catequesis que “la práctica catequética muestra una vinculación débil y fragmentaria con la liturgia: una limitada atención a los signos y ritos litúrgicos, una escasa valoración de las fuentes litúrgicas, itinerarios catequéticos poco o nada conectados con el año litúrgico y una presencia marginal de celebraciones en los itinerarios de la catequesis”. Pretendemos corregir este déficit, que también alcanza a nuestras catequesis, con un peso mayor de la dimensión litúrgica en los itinerarios, la metodología y los contenidos de la catequesis. Entre otras cosas ofreciendo en todas las etapas unidades catequéticas que respondan a cada uno de los grandes tiempos litúrgicos (Adviento-Navidad, Cuaresma y Pascua) siguiendo los tres ciclos litúrgicos.

8/ CATEQUESIS ANTROPOLÓGICA, DE CONVERSIÓN, Y FORMATIVA

Siguiendo el Ritual de Iniciación Cristiana de Adultos (RICA), en el catecumenado bautismal, la formación se desarrolla en cuatro etapas:

  • el pre-catecumenado, caracterizado porque en él tiene lugar la primera evangelización en orden a la conversión y se explícita el kerigma del primer anuncio;
  • el catecumenado propiamente dicho, destinado a la catequesis integral y en cuyo comienzo se realiza la entrega de los Evangelios.
  • el tiempo de purificación e iluminación que proporciona una preparación más intensa a los sacramentos de la iniciación, y en el que tiene lugar la entrega del Símbolo y la entrega de la Oración del Señor;
  • el tiempo de la mystagogia caracterizado por la experiencia de los sacramentos y la entrada en la comunidad.

Teniendo en cuenta este esquema, y adaptándolo a un catecumenado de catecúmenos niños, adolescentes y jóvenes y a una catequesis de niños adolescentes y jóvenes catequizandos, e inspirándonos en él no para establecer las etapas del proceso (que en todo caso son insoslayables) sino para establecer los pasos de cada unidad catequética (tanto en este recurso que ahora presentamos para adolescentes y jóvenes como en los otros recursos para niños), proponemos este sencillo itinerario tripartito para cada una de las catequesis:

  • Catequesis antropológica, que emularía el sentir de la primera aproximación del pre-catecumenado: la preparación del primer anuncio a partir de la realidad personal (existencial y religiosa) de catecúmenos y catequizandos.
  • Catequesis de conversión, que emularía el sentir del pre-catecumenado como primer anuncio y del catecumenado como primera aproximación a la catequesis integral.
  • Catequesis formativa, que emularía un amplio desarrollo del catecumenado como catequesis integral abierto a las dimensiones iluminativa y mistagógica.

En relación a este recurso: En este recurso aplicamos los cuatro aspectos señalados por el Directorio (las verdades del Reino de Dios o enseñanza de la fe, la relación con Dios en la oración, las actitudes evangélicas básicas y el mandato misionero) en siete:

  • Las verdades del Reino de Dios las desarrollamos en tres aspectos de la tercera parte de cada unidad catequética: “aprendemos” (la fe en el Reino de Dios y sus secretos revelados), “imitamos” (el anticipo del Reino de Dios a través del testimonio de los santos), y “compartimos” (la experiencia del Reino de Dios como reinado social).
  • La oración en “rezamos” de cada una de las 27 unidades catequéticas y en la totalidad de la unidad catequética 28.
  • Las actitudes evangélicas en las tres restantes: en “cuidamos” (a uno mismo, al otro, a la naturaleza, etc..), en “participamos” (en la transformación del mundo según los designios de Dios), y en “comunicamos” (la relación con los demás en la comunicación interpersonal, grupal y social).

9/ CATEQUESIS DE ACOMPAÑAMIENTO

El acompañamiento personal[13] es el cenit del arte de la catequesis, y ya decía San Pablo VI que “ante todo, es menester preparar buenos catequistas -catequistas parroquiales, instructores, padres- deseosos de perfeccionarse en este arte superior, indispensable y exigente que es la enseñanza religiosa” (EN, nº 44). Apuntan las conclusiones del Plan Diocesano de Evangelización la necesidad de “acompañar en los procesos de catequesis al servicio de la iniciación cristiana a los padres e hijos, para que descubran juntos la maravilla de la vida cristiana y ayudarles a crecer juntos en la fe, atendiendo a sus dimensiones: catequética, celebrativa y espiritual” (PDE, 8,1). Y nos recuerda el Directorio que “en la diversidad de situaciones, la adaptación ha de tener siempre presente a la persona en su totalidad y en su unidad esencial, conforme a la visión que de ella tiene la Iglesia. Por eso, la catequesis no se queda sólo en la consideración de los elementos exteriores de una situación concreta, sino que tiene presente también el mundo interior de las personas, la verdad sobre el ser humano, camino primero y fundamental de la Iglesia. Esto determina un proceso de adaptación que será tanto más pertinente cuanto más se tengan en cuenta los interrogantes, las aspiraciones y las necesidades de la persona en su mundo interior” (DGC, nº 170)[14].

En relación a este recurso: En el recurso que presentamos tratamos de ayudar a los catequistas en esta tarea del acompañamiento principalmente a través de dos caminos:

  • Por un lado con las cuestiones que se presentan en la gran mayoría de las secciones de las unidades catequéticas, que aunque puedan ser respondidas en grupo, son personales. Y el catequista en su atención personalizada puede intentar interactuar con sus catecúmenos o catequizandos personalmente sobre estas cuestiones planteadas.
  • Por otro lado, a través del instrumento de la intranet, del soporte digital del recurso, que no sólo sirve para el acceso a los contenidos, o para la organización de los grupos, sino también para la interacción catequista-catecúmeno.

10/ CATEQUESIS MULTIMEDIA

Este criterio se inscribe en lo que ya el Directorio General de la Catequesis dice sobre la necesidad de “una mayor valoración de los medios de acuerdo con su específica capacidad comunicativa, sabiendo equilibrar bien el lenguaje de la imagen con el de la palabra; la salvaguardia del genuino sentido religioso en las formas más importantes de expresión; la promoción de la madurez crítica de los usuarios y el estímulo a la profundización personal de lo que reciben de esos medios; la elaboración de materiales catequéticos en relación con los mass-media; la colaboración provechosa entre los agentes pastorales” (DGC, nº 209)[15].

Por eso los diversos recursos catequéticos de nuestra diócesis no sólo tendrán un soporte impreso (en este caso cuadernos en lugar de libros), sino un soporte digital propio en el que acceder a videos realizados exprofeso para cada proyecto catequético (primera infancia, segunda infancia y adolescencia), así como otros (otros videos, música, redes sociales, etc..), siguiendo una de las indicaciones del Plan Diocesano de Evangelización: “potenciar la acción evangelizadora en la redes sociales” (PDE, 10, 3).

Los géneros propios del testimonio (sobre todo el relato y la semblanza), son especialmente adecuados a los diversos formatos del lenguaje mediático y, a su vez, son especialmente adecuados para, en todo caso y en todo lenguaje y formato, comunicar la Buena Noticia. Entre estos géneros, hay que primar, hoy en día, el audiovisual (no tanto para su transmisión televisiva, en acelerado reajuste en los nuevos hábitos, sobre todo de las nuevas generaciones), sino para su transmisión a través de la Red. La fortísima velocidad en la fragmentación de la imagen, la primacía de la música, el simple y escaso uso de palabra, y la proliferación de golpes de impacto sonoro y visual, pasarían a ser las nuevas leyes de la evangelización audiovisual.

NOTAS:

[1] Distinguía San Pablo VI en su exhortación apostólica Evangelii Nuntiandi (nº 40-48) ocho medios de evangelización: el testimonio de la vida, la predicación viva, la liturgia de la Palabra, la catequesis, la utilización de los medios de comunicación social, el contacto personal, los sacramentos y la piedad popular. La Catequesis que quiere hoy la Iglesia no sólo es uno de estos ocho medios de evangelización, sino que ha de vehicular los otros siete, y en función de la única comunión y misión eclesial, estos recursos contemplan una catequesis en la que el testimonio, la proclamación y explicación de la Palabra, la primacía del acompañamiento personal de los catequistas, la apertura a los sacramentos (sobre todo a los de la iniciación cristiana) y la piedad personal y popular están presentes.

[2] Y, “por ser iniciación, incorpora a la comunidad que vive, celebra y testimonia la fe. Ejerce, por tanto, al mismo tiempo, tareas de iniciación, de educación y de instrucción. Esta riqueza, inherente al catecumenado de adultos no bautizados, ha de inspirar a las demás formas de catequesis” (DGC, 68). Y también hemos tenido en cuenta la llamada de atención de los diversos “déficit” catequéticos que apunta el Directorio bajo el epígrafe de “Situación de la catequesis: vitalidad y problemas” (DGC, nº 29-30), así como el resto de sus orientaciones.

[3] Que sea nueva en su ardor (el de los catequistas en primer lugar, pero también un nuevo ardor que impregne la sensibilidad de los nuevos recursos catequéticos), y en sus métodos y expresiones, como nos pidió San Juan Pablo II (Haití, 9 de marzo de 1983), a los que apuntan especialmente el elenco de todos estos criterios.

[4] Así como que sea expresión de una Iglesia en salida, como la define el Papa Francisco, tan madre como maestra, que sale al encuentro de las nuevas generaciones más alejadas de la fe, que están en las periferias de la ignorancia y de la prescindencia religiosa, así como en el resto de las periferias existenciales.

[5] Apunta el Directorio que “se ha de tener presente las diferentes situaciones religiosas: jóvenes no bautizados; jóvenes bautizados que no han realizado el proceso catequético ni completado la iniciación cristiana; jóvenes que atraviesan crisis de fe a veces graves; otros con posibilidades de hacer una opción de fe o que la han hecho y esperan ser ayudados. No se puede olvidar que resulta provechosa aquella catequesis que se puede llevar a cabo al interior de una pastoral más amplia de preadolescentes, adolescentes y jóvenes orientada al conjunto de problemas que afectan a sus vidas. A este fin la catequesis debe integrar aspectos tales como el análisis de la situación, la atención a las ciencias humanas y de la educación y la colaboración de los laicos y de los mismos jóvenes” (DGC, nº 184). Y como señala el mismo Directorio “hay que escoger el itinerario pedagógico más adaptado a las circunstancias por las que atraviesa la comunidad eclesial o los destinatarios concretos a los que se dirige la catequesis. De aquí la necesidad de investigar cuidadosamente y de encontrar los caminos y los modos que mejor respondan a las diversas situaciones” (DGC, nº 118).

[6] También el criterio de flexibilidad tiene sus consecuencias en la relación entre itinerario de iniciación cristiana, con su propio calendario pedagógico, e itinerario de recepción de los sacramentos de la iniciación cristiana (conjugando aquel con los escrutinios, las celebraciones de las entregas, y los ritos de iniciación), que debería, al menos como tendencia, depender más del discernimiento sobre proceso personal de catecúmenos y catequizandos que de otros condicionamientos determinados por las planificaciones tanto familiares como pastorales, pues el acceso y por tanto la necesaria preparación para la recepción de los sacramentos de la iniciación cristiana es de las personas, no de los grupos.

[7] Tal y como lo explica Xosé Manuel Domínguez Prieto en su libro “El arte de acompañar” (PPC 2108): “En el estilo directivo, la persona dice lo que tiene que hacer el otro, se le impone desde fuera, como experto, en función de su rol. Lleva a la persona por una determinada dirección. Se utilizan consejos, la persuasión, las soluciones concretas, la corrección, pero podría dar lugar a la manipulación, en chantaje, el juicio moralizante. En el estilo facilitador, el acompañante recurre a las capacidades del acompañado, a sus recursos, a su responsabilidad, a que busque alternativas. Será sobre todo escuchado, el objetiva es que sea responsable de su crecimiento”.

[8] Como dicen los obispos canadienses en su exhortación “Proponer hoy la fe a los jóvenes” (marzo de 2000), “la fuente está en las personas, en los momentos esenciales de su vida, en las experiencias más básicas en que se dieron las primeras vibraciones, los primeros rumores de la fe. Esta fuente es la que está en el punto de partida de todos los caminos y es la que hay que volver a buscar continuamente, abrirla, canalizarla. Como si fuésemos zahoríes, tenemos que estar atentos a este fluir, lejano o cercano, de la fuente viva. Atentos a ese pozo secreto que cada uno lleva en lo más profundo de sí mismo”.

[9] De este modo la catequesis es una pedagogía que, entre otras cosas:

  • se inserta y sirve al diálogo de la salvación entre Dios y la persona, poniendo de relieve debidamente el destino universal de esa salvación;
  • en lo que concierne a Dios, subraya la iniciativa divina, la motivación amorosa, la gratuidad, el respeto de la libertad;
  • en lo que se refiere al hombre, pone en evidencia la dignidad del don recibido y la exigencia de crecer constantemente en Él;
  • acepta el principio del carácter progresivo de la Revelación, de la transcendencia y carácter misterioso de la Palabra de Dios, así como su adaptación a las diversas personas y culturas;
  • reconoce la centralidad de Jesucristo, Palabra de Dios hecha carne, que determina a la catequesis como pedagogía de la encarnación, por la que el Evangelio se ha de proponer siempre para la vida y en la vida de las personas” (DGC, nº 143)

[10] Se preguntan los obispos canadienses por qué el relato es el lenguaje prioritario de la evangelización con las nuevas generaciones. La respuesta que dan es, además de sistemática, muy elocuente:

  • “Porque el relato es la manera más sencilla y universal de transmitir una historia, una memoria, una fe.
  • Porque los jóvenes comparten más fácilmente los relatos que las verdades abstractas.
  • Porque la Biblia es, de principio a fin, desde Abraham hasta Pedro, Pablo y los demás apóstoles, el relato de unos testigos que quieren dar testimonio de la luz que ha iluminado su vida (Jn 1, 7. 9).
  • Porque el credo original de la fe en Dios se expresó (y así siguen expresándolo los judíos, nuestros hermanos mayores en la fe) de modo narrativo: Mi padre era un arameo errante, y bajó a Egipto y residió allí siendo unos pocos hombres… Los egipcios nos maltrataron… Nosotros clamamos a Yahvé, Dios de nuestros padres, y Yahvé escuchó nuestra voz… y Yahvé nos sacó de Egipto (Dt 26, 5-8).
  • Porque el relato es la primera manera personal de expresarse, y por este medio los jóvenes aprenderán, poco a poco, a expresar su fe. De hecho, se pide insistentemente una Iglesia en la que la palabra de los creyentes sea más libre, en la que se restablezca la corriente entre las palabras humanas y las palabras de Dios.
  • De ahí que la práctica de la narración y el centrarse en algunos relatos fundamentales puedan constituir una especie de referencia común.
  • Narrar es ampliar la verdad para que pueda verse de lejos (Gilíes Vigneault). Y para que se vea de lejos, los relatos deben centrarse en lo esencial”.

[11] Este criterio fue perfectamente definido por San Pablo VI: “La inteligencia, sobre todo tratándose de niños y adolescentes, necesita aprender mediante una enseñanza religiosa sistemática los datos fundamentales, el contenido vivo de la verdad que Dios ha querido transmitirnos y que la Iglesia ha procurado expresar de manera cada vez más perfecta a lo largo de la historia. A nadie se le ocurrirá poner en duda que esta enseñanza se ha de impartir con el objeto de educar las costumbres, no de estacionarse en un plano meramente intelectual. Con toda seguridad, el esfuerzo de evangelización será grandemente provechoso, a nivel de la enseñanza catequética dada en la iglesia, en las escuelas donde sea posible o en todo caso en los hogares cristianos, si los catequistas disponen de textos apropiados, puestos al día sabia y competentemente, bajo la autoridad de los obispos” (EN, nº 44). San Juan Pablo II hablaba en este sentido de una “iniciación cristiana integral” (CT, nº 21). Es decir, que “es más que una enseñanza: es un aprendizaje de toda la vida cristiana” (DGC, nº 67).

[12] Recuerda el Directorio General de la Catequesis que “es importante considerar también la vida misma de la comunidad eclesial, su calidad interna. Una primera consideración es descubrir cómo en la Iglesia se ha acogido y han ido madurando los frutos del Concilio Vaticano II. Los grandes documentos conciliares no han sido letra muerta: se constatan sus efectos. Las cuatro constituciones –Sacrosanctum Concilium, Lumen Gentium, Dei Verbum Gaudium et Spes– han fecundado a la Iglesia. En efecto:

  • La vida litúrgica es comprendida más profundamente como fuente y culmen de la vida eclesial.
  • El Pueblo de Dios ha adquirido una conciencia más viva del sacerdocio común, originado en el Bautismo. Así mismo, se descubre más y más la vocación universal a la santidad y un sentido más vivo del servicio a la caridad.
  • La comunidad eclesial ha adquirido un sentido más vivo de la Palabra de Dios. La Sagrada Escritura, por ejemplo, es leída, gustada y meditada de una manera más intensa.
  • La misión de la Iglesia en el mundo se percibe de una manera nueva. Sobre la base de una renovación interior, el Concilio ha abierto a los católicos a la exigencia de una evangelización vinculada necesariamente con la promoción humana, a la necesidad de diálogo con el mundo, con las culturas y religiones, y a la urgente búsqueda de la unidad entre los cristianos” (DGC, nº 27).

[13] Explica Xosé Manuel Domínguez Prieto en su libro “El arte de acompañar” (PPC 2108), que “acompañar es caminar junto a otro estando ahí, hacerse presente a través del encuentro, pero sin invasión, creando confianza y seguridad. Acompañar es hacer espacio al otro a través de la escucha activa y plenamente conectada con el otro, a través del lenguaje verbal y no verbal. Acompañar, por tanto, es ser el contexto en el que el acompañado pueda crecer como persona”.

[14] La importancia del acompañamiento es hoy especialmente reconocida en la Iglesia (como lo demostró el Sínodo sobre los jóvenes y la vocación de 2018), y esto se debe a dos realidades emergentes: por una parte la de la sociología juvenil, que nos presenta hoy un perfil del joven sólo, desmotivado, que le cuesta identificarse con grupos de finalidad (ya sea ideológica, terapéutica o religiosa), pero que pide acompañamiento personal por parte de adultos (o de jóvenes también en el caso de los adolescentes), en quienes descubren pueden confiar. Por otra parte, la de la nueva sensibilidad eclesial impulsada por el Papa Francisco, que ve para este tiempo de la misión la necesidad de dar prioridad a los procesos (de acogida, de discernimiento, de acompañamiento y de integración) personales que a los espacios grupales y/o institucionales, según su principio de que “el tiempo es superior al espacio” que supone “tener presente el horizonte, asumir los procesos posibles y el camino largo” (EG, nº 225), “trabajar a largo plazo, sin obsesionarse por los resultados inmediatos” (EG, nº 223), y darle prioridad al tiempo que “es ocuparse de iniciar procesos más que poseer espacios” (EG, nº 223)[14].

[15] Ya apuntaba San Juan Pablo II que “televisión, radio, prensa, discos, grabaciones, vídeos y audios, es decir, toda la gama de los medios audiovisuales” (CT, nº 46), son útiles para la catequesis. Y explica el Directorio General de la Catequesis que “tales subsidios no pueden faltar en una catequesis bien programada” (DGC, nº 160). Pero la utilización correcta de estos medios exige en los catequistas un serio esfuerzo de conocimiento, de competencia y de actualización cualificada” (DGC, nº 161).