Hno. José María Pérez Navarro, FSC., delegado Episcopal de Catequesis.
El tema de la “presencia” en medio de los otros para testimoniar y anunciar con la vida y la palabra el Evangelio, presenta un doble movimiento.
El primer movimiento es: “Id…”. El andar hacia los demás, hacia los no cristianos, la presencia en medio de ellos, a menudo, como uno de ellos, parece ser un principio primario de todo anuncio del Evangelio, no superable y no sustituible por otros más modernos. El problema no es sólo el de hacer escuchar la propia voz, sino el de hacer presente en medio de ellos la realidad del Evangelio. La presencia es la condición de base y al mismo tiempo la primera modalidad de anunciar el Evangelio. Esto que teóricamente parece tan comprensible y tan sencillo de entender en la práctica resulta difícil por nuestra herencia de sociedad de cristiandad. Un párroco me decía lo siguiente: “Hace unos años tocábamos las campanas de la Iglesia y todo el mundo venía, ahora las tocamos y no viene mucha gente y en vez de ir hacia la gente nos quedamos en nuestro sitio criticando a los que no vienen”
El segundo movimiento es “Venid y veréis”. A primera vista la afirmación parece contraria a la que hemos hecho precedentemente, pero es sólo una apariencia. Se hace necesario hacerse presentes en medio de los demás como portadores, representantes de otra realidad. Los apóstoles y los que evangelizan no están presentes como turistas, sino que viven entre ellos y de forma benéfica o liberadora hacia los demás, una significativa realidad religiosa. Para ello puede invitar a todos a “venir y ver” como esta realidad evangélica transforma al hombre en sentido positivo: conocer en vivo la realidad del Evangelio operante en la vida de las personas humanas, hacer experiencia del cristianismo.
Es sobre todo el Evangelio de Juan el que subraya este principio del cristianismo vivido, visible, palpable de algún modo, del cual es posible hacer experiencia hoy. Es de importancia capital una palabra altamente simbólica de Jesús a los primeros discípulos que andaban buscando al Mesías y los seguían a distancia: “Jesús entonces se volvió y viendo que lo seguían, les dijo “¿qué buscáis?”. Le respondieron: “Rabbí (que significa maestro), ¿dónde moras?”. y les dijo: “Venid y veréis” (Jn 1,38-39). Otros textos van en la misma línea: Felipe, llamado por Jesús, a continuación, se encuentra con Natanael y replica a sus objeciones: “Ven y verás…” (Jn 1,46). También la mujer samaritana dice en un cierto momento: “Venid a ver a un hombre que me ha dicho todo” (Jn 4,29). En todos estos episodios la invitación a ver es un acto de evangelización.
En estos momentos el “ir” y el “venid y veréis” se hace difícil en ciertos ambientes (obreros, Universidades, quizás el mundo de los jóvenes…) pero, ahí debemos estar. Como decía Francisco en vez de “balconear” (estar cómodos en nuestras zonas de confort mirando desde lejos la situación) debemos “primerear” bajar a la gente, estar con ellos y ser los primeros en proponer el Evangelio. Esto es en definitiva lo que llamaba “la Iglesia en salida”.






