Pregunta de los catequistas para la Jornada de Catequistas de la Vicaría VII-Ciudad, el 18 de abril de 2026:

¿Cómo acoger a las familias muy diferentes a la tradicional y que también llevan a sus hijos a catequesis?

Esta misma pregunta nos la han hecho en otras jornadas de catequistas de otras vicarías territoriales. Si entendemos por familias diferentes a la tradicional las familias formadas por padres sin casar, o por padres del mismo sexo, o por familias monoparentales, creo que la respuesta es clara: como a todos los demás. No hay en absoluto ninguna diferencia:

1º/En relación con los padres: Como con todos hay que acogerlos y acoger a los padres como a los demás, con cercanía, respeto y amor al prójimo que supone ni prejuzgar ni juzgar. Por otra parte, en estos casos, siempre estaríamos en el ámbito (y eso sí que sería un pecado del catequista) del prejuicio, pues dado que ninguna de las situaciones antes mencionadas en sí mismas son pecaminosas… Y sería muy preocupante que tanto sacerdotes como catequistas se dedicasen a la imaginación morbosa. Y evidentemente cualquier tipo de interrogatorio al respecto pasaría del pensamiento pecaminoso a la acción pecaminosa.

Como para el resto de los padres (que podrían ser ciudadanos ejemplares pero también defraudadores de hacienda, absentistas laborales o explotadores de sus trabajadores, por poner a la moral social en el ámbito que le corresponde que no suele estar en el imaginario de la rumorología puritana), nunca las supuestas situaciones o conductas morales (ya sean de moral personal o social) deben aflorar al comienzo de una experiencia pastoral de acogida, acompañamiento e integración, porque, como nos decía Benedicto XVI, “no se comienza a ser cristiano por una decisión ética o una gran idea, sino por el encuentro con un acontecimiento, con una Persona, que da un nuevo horizonte a la vida”: el encuentro personal con Jesucristo es lo que buscamos en primer lugar en la catequesis, tanto para los niños como para sus padres, un encuentro personal con él primero, que luego llevará por sí sólo, o mejor dicho de la mano del Maestro mismo, a “un horizonte de vida”. El Directorio para lo catequesis lo llama criterio de gradualidad.

2º/ En relación con los hijos: Como a todos los demás jamás de los jamases hay que poner a los niños en contra de sus padres, ni decir nada de ellos que les pudiera dañar. Como, por ejemplo, en general, no hay que decirles jamás que muchos de sus padres los traen para que hagan la primera comunión, pero no entienden que aquí vienen para hacerlos cristianos, etc…).