Pregunta de los catequistas para la Jornada de Catequistas de la Vicaría VII-Ciudad, el 18 de abril de 2026:
“Cómo acercar la Iglesia a los lejanos”. A quienes han crecido en la sociedad líquida” actual, caracterizada por la inestabilidad, la fragilidad de los vínculos humanos, la inmediatez y la falta de estructuras sólidas y que han constituido nuevas imágenes de familia.
Estas características son reales (sociedad liquida, inestabilidad, fragilidad, desvinculación, inmediatez, etc..), pero, cuidado:
1º/ Estas características no sólo afectan a los lejanos, sino que nos afectan a todos: cercano, alejados y lejanos. Todos formamos parte de la sociedad que vive en este contexto cultural, que es el de una cultura débil, como la designaba el filósofo Gianni Vattimo, es decir, sin pretensión de verdad, unidad y totalidad. Si nosotros, como creyentes, tenemos otros “contrapesos” que pueden variar algo la influencia de esta cultura débil en nuestra vida, los alejados y los lejanos en la fe también tienen otros “contrapesos” porque ellos no vienen de Marte y comparten un humus cultural heredado y una serie de ideas y valores humanos verdaderos también emergentes en este contexto. No debemos en esto caer en el maniqueísmo de dividir a la sociedad entre personas sometidas al relativismo y personas, como desafortunadamente se dice tantas veces entre nosotros, “con las ideas claras”. Como decía el Papa Francisco todos somos víctimas del relativismo. Y el que tenga las ideas muy claras, como decía mi rector del Seminario, “se lo tiene que hacer mirar”.
2º/ Estas no son las únicas características de la cultura predominante de hoy. Precisamente una cultura débil, que históricamente aparece en los “cambios de época”, revela una crisis, y las crisis civilizatorias nos demuestra también la historia son necesarias, pues además de purificar las contradicciones de las culturas llamémoslas fuertes (las de la pretensión de verdad, unidad y totalidad), ofrecen nuevas oportunidades. Tengamos en cuenta que en realidad la cultura débil de hoy es el fruto de la crisis de la ilustración, del modernismo, origen del ateísmo contemporáneo. Esta crisis es la crisis de la posmodernidad, y por tanto una crisis que está mostrando que la tendencia al secularismo ha tornado en una tendencia a la pluralidad religiosa y a la búsqueda de espiritualidad. Para entender que esta crisis abre nuevas oportunidades a la evangelización basta con comparar la juventud de hoy a la de hace cincuenta años: la de hoy esta mucho menos ideologizada, y tiene ante la experiencia religiosa en general y ante la experiencia cristiana en particular muchos menos prejuicios (apenas unos aprendidos lugares comunes sin arraigo en su manera de ver la vida), y, huyendo de los macro-relatos, de las grandes cosmovisiones, buscan los micro-relatos. La evangelización se ha realizado siempre, a imitación del mismo Cristo Jesús, más con micro-relatos que con macro-relatos, precisamente porque la cosmovisión cristiana no es ideológica.
En conclusión: no seamos tan pesimistas ni tan iracundos con la cultura predominante, no la combatamos (lo del combate cultural tiene de cristiano lo que yo de bombero), seamos proactivos en lugar de reactivos. Actuemos creativamente el diálogo fe/cultura que ha acompañado a la Iglesia en todos los tiempos, no en abstracto, sino a través del dialogo con las personas, con los padres que nos traen sus hijos a la catequesis. No los clasifiquemos sino busquemos el encuentro entre sus anhelos de verdad, bondad y belleza y los nuestros. Si son alejados o lejanos, basta con acercarnos, y la lejanía empieza a disminuir. Sin proselitismos, acompañemos creativa y evangélicamente la acción de Dios sobre ellos.





