TRIGÉSIMO TERCER DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO (A): LOS TALENTOS

Proverbios 31,10-13.19-20.30-31; 1 Tesalonicenses 5,1-6; Mateo 25,14-30

HABLA LA PALABRA: El sentido de lo cotidiano

La Palabra de Dios nos revela muchas veces el sentido de lo que vemos en nuestra vida cotidiana. Así ocurre con las lecturas de hoy:

  • En el libro de los Proverbios se nos muestra el verdadero sentido de la vida bien aprovechada: la de quien trabaja sin descanso por su familia y por la sociedad, sin dejar de poner en Dios toda su confianza.
  • En el salmo 127 se nos muestra el verdadero sentido del “temor de Dios”, que no es temor a Dios, sino temor a alejarse y a perderse sin Dios.
  • En la primera carta de Pablo a los Tesalonicenses se nos muestra el verdadero sentido de la vida que no está en que ésta pase delante de nosotros sin darnos cuenta, sino en tomar sus riendas y afrontarla intensamente, para su termino terrenal, no nos sorprenda como a un ladrón, sin haber hecho nada grande.
  • Y en el Evangelio de San Mateo el Señor se nos muestra que el sentido de la vida está ligado a la responsabilidad con los talentos que se nos ha dado, porque somos administradores, no dueños de nuestra vida. La vida solo se gana cuando se entrega, sólo se es feliz cuando damos todo lo que somos para que Dios lo multiplique en frutos para el bien de los que nos rodean y de toda la humanidad.

HABLA EL CORAZÓN: Parresía 

E su exhortación apostólica Gaudete et Excultate (nº 131-135) el Papa Francisco nos propone una serie de actitudes con las que podemos hacer que los talentos que Dios nos ha dado den fruto para el Reino de Dios:

  • Audacia y coraje: Somos frágiles, pero portadores de un tesoro que nos hace grandes y que puede hacer más buenos y felices a quienes lo reciban. La audacia y el coraje apostólico son constitutivos de la misión.
  • Parresía: Necesitamos el empuje del Espíritu para no ser paralizados por el miedo y el cálculo, para no acostumbrarnos a caminar solo dentro de confines seguros. Recordemos que lo que está cerrado termina oliendo a humedad y enfermándonos. Cuando los Apóstoles sintieron la tentación de dejarse paralizar por los temores y peligros, se pusieron a orar juntos pidiendo la parresía: “Ahora, Señor, fíjate en sus amenazas y concede a tus siervos predicar tu palabra con toda valentía” (Hch 4,29). Y la respuesta fue que “al terminar la oración, tembló el lugar donde estaban reunidos; los llenó a todos el Espíritu Santo, y predicaban con valentía la palabra de Dios” (Hch 4,31).
  • Itinerancia constante y renovadora: Siempre llevamos latente la tentación de huir a un lugar seguro que puede tener muchos nombres: individualismo, espiritualismo, encerramiento en pequeños mundos, dependencia, instalación, repetición de esquemas ya prefijados, dogmatismo, nostalgia, pesimismo, refugio en las normas.
  • Hacía las periferias y fronteras: Dios siempre es novedad, que nos empuja a partir una y otra vez y a desplazarnos para ir más allá de lo conocido, hacia las periferias y las fronteras. Nos lleva allí donde está la humanidad más herida y donde los seres humanos, por debajo de la apariencia de la superficialidad y el conformismo, siguen buscando la respuesta a la pregunta por el sentido de la vida. ¡Dios no tiene miedo! ¡No tiene miedo! Él va siempre más allá de nuestros esquemas y no le teme a las periferias. Él mismo se hizo periferia (cf. Flp 2,6-8;Jn 1,14). Por eso, si nos atrevemos a llegar a las periferias, allí lo encontraremos, él ya estará allí”.

HABLA LA VIDA: Los talentos de Don Bosco para los jóvenes como periferia

En 1815 nace Juanito Bosco, en un caserío a 30 kilómetros de Turín (Italia). Tiempos de hambruna y paro. La orfandad y pobreza constituyen su infancia. Las ciudades de Castelnuovo y de Chieri son el espacio donde Juanito estudia y trabaja en preparación para el sacerdocio, a la muerte de don Calosso, su maestro y confidente. Dando lecciones particulares, siendo mozo de café, aprendiz de sastre y otros oficios Juan se va costeando los estudios con la ayuda de su madre. Con sus amigos de escuela forma la “Sociedad de la Alegría”. En 1841, ya sacerdote, recorre las calles de Turín descubriendo en el rostro de tantos chicos explotados por sus patrones, de tantos otros desocupados y abandonados a sí mismos, la llamada de Dios a ser padre, maestro y amigo. Don Bosco será casa, patio, escuela y parroquia para sus jóvenes. Su método educativo será el Sistema Preventivo.

Don Bosco siempre tuvo colaboradores: sacerdotes y laicos. A fin de darle continuidad a su obra, en 1859 funda la Sociedad de San Francisco de Sales, más conocida como los Salesianos. Desde los talleres y las aulas de Valdocco el Oratorio se expande a Francia y a España. Se hace misionero, y su Obra cruza el océano para llegar a América.  Muere en Turín en1888. Fue canonizado por Pío XI en 1934.

No le faltó ni la parresía, ni la itinerancia, ni la búsqueda de las periferias en la juventud más vulnerable. Hasta su gracia para hacer trucos de magia le sirvió a Don Bosco como uno de sus muchos talentos puestos al servicio del Reino de Dios.

Manuel María Bru Alonso. Delegado Episcopal de Catequesis.