H. José María Pérez Navarro, delegado Episcopal de Catequesis.
Termino esta primera serie de reflexiones sobre las fortalezas de la catequesis añadiendo algunas más y una reflexión final:
Hay acontecimientos eclesiales que tienen capacidad de convocatoria y que son un lugar para el anuncio. En este sentido hay que recordar, entre otras, los éxitos de las Jornadas mundiales de la juventud, la expectación que tuvo en todo el mundo la elección de León XIV como pontífice o también la atención mediática y el interés social que despierta la próxima visita a España del Pontífice y tantas otras. La reflexión que nos tenemos que hacer es si estos acontecimientos son simplemente hechos puntuales o si verdaderamente desencadenan conversiones, procesos e itinerarios de fe.
En este sentido son llamativas las palabras de Juan Martín Velasco que en uno de sus libros decía:
“A este respecto, confieso que no sé cómo interpretar, ni me atrevo a valorar, los muchos esfuerzos que se hacen, en una Iglesia ya minoritaria y notablemente envejecida, por convocar a los fieles, aprovechando toda clase de ocasiones, a hacer acto de presencia masiva y dejar constancia de unas fuerzas que después parecen esfumarse al contacto con la vida diaria. Parece como si olvidásemos que las semillas no están para ser expuestas en grandes montones, sino para ser esparcidas por los campos del mundo y germinar en nuevas formas de vida en la sociedad” (Juan Martín Velasco, La transmisión de la fe en la sociedad contemporánea, 139).
Muchas veces nos quejamos de la poca presencia de fieles en las misas dominicales, pero, sin lugar a dudas, no hay ninguna organización en el mundo que convoque a tantas personas en los fines de semana.
Contamos además con plataformas con capacidad de convocatoria que hay que aprovechar, aunque la gente no venga directamente buscando catequesis. Los colegios cristianos pueden valer como plataforma preevangelizadora y de primer anuncio, si son conscientes de que la mayoría viene ya sin evangelizar y son coherentes con ello.
La presencia de la Iglesia es muy importante en escenarios donde se puede hacer primer anuncio y catequesis: lugares de sufrimiento como hospitales, cárceles, centros de atención social; peregrinaciones y lugares espirituales como monasterios; redes sociales; medios de comunicación social; en el mundo de la cultura…
La debilidad de la Iglesia también es una fortaleza porque como institución nos da una lección para aprender caminos nuevos, para no sentirnos tan seguros, para iniciar acciones que antes eran impensables. La debilidad enseña y abre puertas y oportunidades de colaboración, de aprendizaje.
Este tiempo es tiempo de salvación también. Aceptamos este tiempo. Aprender a no ver todo malo, sino sobre todo retos y oportunidades… La Iglesia no elige ni el tiempo ni la sociedad en la que tiene que ser signo de la presencia y del amor de Dios a los hombres. La Iglesia está llamada a ser levadura, fermento, luz, sal en esta situación que es la nuestra. No tiene dónde elegir. Tiene que optar y ser.





