H. José María Pérez Navarro, delegado Episcopal de Catequesis.

Siguiendo con las fortalezas de la catequesis, hay que referirse especialmente a los catequistas.

– Muchos y muchas de ellos/as están dispuestos a aprender y a ponerse en onda con la novedad que la catequesis les pida. Contamos con muy buena gente. Personas admirables que, a pesar de los problemas, los sinsabores y la falta de reconocimiento de la comunidad siguen en la brecha trabajando sin descanso y sin remuneración alguna.

– Hay ya catequistas que están al servicio de la Iglesia local y no se dedican única y exclusivamente a su parroquia y a su comunidad. Ponen sus talentos al servicio de la diócesis. Están surgiendo los primeros ministros/as instituidos de la catequesis.

– Cada vez hay una mayor sensibilidad a la catequesis inclusiva. Algunos catequistas están bien preparados para estar y trabajar con las personas con discapacidad. En los últimos años se han producido materiales catequéticos para poder adaptar el mensaje de Jesús a estas personas.

También son buenas noticias las que nos proporcionan los destinatarios de la catequesis:

– Hay gente, especialmente jóvenes y adultos, en búsqueda de sentido. Hay gente en soledad que busca y pide a la Iglesia oportunidades, acompañamiento, cercanía. No son los habituales, ni los que “les toca” por edad o por recepción de un sacramento… Se trata de nuevos destinatarios que antes no existían.

– Nos encontramos con personas que deciden hoy ser cristianos y buscan un seguimiento y acompañamiento personalizado. Se descubre cada vez más la necesidad de tener en las parroquias y comunidades personas capaces de entablar relaciones y comunicación con todos. Se palpa la necesidad de encontrar cristianos amables, sencillos y próximos para atender a estas personas.

– Hoy se valoran las celebraciones simbólicas cuando están bien preparadas y son significativas, cuando son cálidas y no ritualistas o frías. La Iglesia sigue teniendo la oportunidad de catequizar a través de la liturgia. Los sacerdotes, los animadores litúrgicos y la comunidad cristiana tienen una gran responsabilidad porque a través de estas celebraciones significativas en momentos cruciales de la vida de las personas pueden atraer a muchas personas a la fe.

El pueblo de Dios, en su sencillez, tiene ganas de una catequesis nueva, significativa, alegre y participativa.