H. José María Pérez Navarro, delegado Episcopal de Catequesis.

A veces tendemos en nuestra vida a ser bastante pesimistas. Sin perder el realismo necesario, tenemos que ser optimistas para avanzar. En mi experiencia de catequista y de observador de la catequesis actual podemos describir muchas fortalezas que nos dan ilusión y esperanza para trabajar en la evangelización en los próximos tiempos. Indico algunas:

  • La catequesis posee en estos momentos unos documentos preciosos, tanto de la Iglesia universal (El “Directorio General de la Catequesis” con posibilidades aún no explotadas y “Evangelii Gaudium”, por ejemplo) como de Iglesias particulares (en este sentido destacan sobremanera los documentos de ciertos episcopados europeos). Hay una riqueza de referencia de pensamiento que nunca hubo en la Iglesia. El estudio, la adaptación de esta reflexión puede dar grandes frutos, abrir el horizonte de futuras realizaciones.
  • Se constata, por parte de algunos, un momento de inquietud por la catequesis de nuevo: hay sensibilidad a que es hora de hacer algo, de renovar, de introducir cambios significativos, de hacer una catequesis más misionera…
  • Hay acciones que posibilitan una experiencia inicial de Dios: camino de Santiago, Jornada Mundial de la Juventud, Taizé, retiros, acontecimientos inesperados… Después de estas experiencias referenciales, es necesaria la presencia de la catequesis para organizar y sistematizar la experiencia, única manera de profundizarla y darle todo su valor cristocéntrico.
  • El tema de catecumenado de adultos está dejando de ser una realidad arqueológica y se ve la actualidad de implantarlo, adaptado, a nuestras coordenadas. En algunos países europeos el fenómeno de los adultos que piden el bautismo y que se inician en el proceso catecumenal es frecuente. En España ya no es raro encontrar en las diócesis la delegación de catecumenado porque las solicitudes van en aumento.
  • El fuerte descenso de la confirmación masiva que estuvo de moda hace unos años puede ser una oportunidad para trabajar con más libertad y espontaneidad la catequesis de adolescentes y jóvenes, sin la presión social y familiar de “confirmarse porque toca”.
  • Tenemos grandes oportunidades para llegar a las familias, a través de las catequesis prebautismales, catequesis de primera comunión de los hijos o catequesis preparatorias al sacramento del matrimonio. Muchos padres buscan en las parroquias, en los centros escolares, en los movimientos ayudas y apoyo para la educación humana y cristiana de sus hijos.