EN EL CURSO ANUAL DE CATEQUESIS DEL ARZOBISPADO DE MADRID DE ESTE AÑO TENDRÁ LUGAR UNA PONENCIA SOBRE EL PENTATEUCO Y LOS LIBROS HISTÓRICOS DEL ANTIGUO TESTAMENTO

Segundo Bloque: EL ANTIGUO TESTAMENTO

4.- Los orígenes (El Pentateuco y los libros históricos)

Dr. Agustín Giménez González, profesor de teología Bíblica de la USED (9 de enero de 2020)

ABAJO EL RESTO DEL PROGRAMA.

El Doctor en teología Agustín Giménez González es sacerdote diocesano de Getafe.

Director del Instituto de Ciencias Religiosas de la UESD,

profesor de teología fundamental, y teología bíblica

en la Facultades de Teología y de Literatura Cristiana de la UESD y en el Centro Diocesano de Teología de la Diócesis de Getafe.  

SOBRE EL PENTATEUCO:

Aciprensa, El Pentateuco, o, según lo llaman los judíos, el Libro de la Ley (Torah), encabeza los 73 libros de la Biblia, y constituye la magnífica puerta de la Revelación divina. Los nombres de los cinco libros del Pentateuco son: el Génesis, el Exodo, el Levítico, los Números, el Deuteronomio, y su fin general es: exponer cómo Dios escogió para sí al pueblo de Israel y lo formó para la venida de Jesucristo; de modo que en realidad es Jesucristo quien aparece a través de los misteriosos destinos del pueblo escogido.

El autor del Pentateuco es Moisés, profeta y organizador del pueblo de Israel, que vivió en el siglo XV o XIII antes de Jesucristo. No solamente la tradición judía sino también la cristiana ha sostenido siempre el origen mosaico del Pentateuco. El mismo Jesús habla del “Libro de Moisés” (Mc., 12, 26), de la “Ley de Moisés” (Lc., 24, 44), atribuye a Moisés los preceptos del Pentateuco (cf. Mt., 8, 4; Mc., 1, 44; 7, 10; 10, 5; Lc. 5, 14; 20, 28; Juan 7, 19), y dice en Juan 5, 45: “Vuestro acusador es Moisés, en quien habéis puesto vuestra esperanza. Si creyeseis a Moisés, me creeríais también a Mí, pues de mí escribió él”.

Fundada en estos argumentos, la Pontificia Comisión Bíblica el 27 de junio de 1906 ha determinado, con toda su autoridad, la integridad y genuinidad de los Libros de Moisés, admitiendo, sin embargo, la posibilidad de que Moisés se haya servido de fuentes existentes, y la otra, de que el Pentateuco en el decurso de los siglos haya experimentado ciertas variaciones como, por ejemplo: adiciones accidentales después de la muerte de Moisés, ora hechas por un autor inspirado, ora introducidas en el texto a modo de glosas y comentarios, sustitución de palabras y formas arcaicas; variantes debidas a los copistas, etc.

La misma Pontificia Comisión Bíblica ha inculcado, el 30 de junio de 1909, el carácter histórico de los primeros tres capítulos del Génesis, estableciendo que los sistemas inventados para excluir de éstos el sentido literal, no descansan en fundamentos sólidos.

Todos los ataques de la crítica moderna contra la autenticidad y el carácter histórico de los libros de Moisés han fracasado, especialmente los intentos de atribuir el Pentateuco a tres o cuatro autores distintos (Elohista, Jahvista, Código sacerdotal, Deuteronomio) y la teorías de la escuela evolucionista de Wellhausen, que en el Pentateuco no ve más que un reflejo de ideas y mitologías babilónicas, egipcias, etc. Una comparación exacta de los relatos bíblicos con los extrabíblicos demuestra, muy al contrario, la superioridad absoluta de aquéllos sobre éstos que, en general, no son sino pobres y desfigurados restos de la Revelación primitiva.

Las fechas que los críticos asignan a los diversos autores por ellos inventados se basan únicamente en suposiciones. Según ellos, en la historia del texto del Pentateuco hubo “no sólo infinidad de elaboraciones, refundiciones y redacciones, sino también invenciones a sabiendas, retoques, correcciones y adiciones tendenciosas, interpolaciones, falsificaciones literarias y piadosos embustes del género más sospechoso. Los críticos moderados hacen esfuerzos convulsivos para salir del dilema: unos dicen que no hay derecho a aplicar a los tiempos antiguos los conceptos actuales de la propiedad y actividad literaria; otros opinan que el fin santifica los medios, y declaran que la alternativa de obra de Moisés u obra de un “falsario”, carece de sentido, o hablan con énfasis de la profundidad de la sabiduría divina, cuyos caminos no nos es dado conocer sino admirar; mas con estas escapatorias no logran poner en claro cómo una mala compilación, así elaborada por los hombres, pudo llegar a los honores de Libro sagrado” (Schuster-Holzammer).

Han, pues, de rechazarse todas las teorías que niegan el origen mosaico y carácter histórico del Pentateuco, no sólo porque están en pugna con las reglas de una sana crítica, sino también porque niegan la inspiración divina de la Escritura.

Génesis significa “generación” u origen. El nombre nos indica que este primer libro de la Revelación contiene los misterios de la prehistoria y los comienzos del Reino de Dios sobre la tierra. Describe, en particular, la creación del universo y del hombre, la caída de los primeros padres, la corrupción general, la historia de Noé y el diluvio. Luego el autor sagrado narra la confusión de las lenguas en la torre de Babel, la separación de Abraham de su pueblo y la historia de este patriarca y de sus descendientes: Isaac, Jacob, José, para terminar con la bendición de Jacob, su muerte y la de su hijo José. En esta sucesión de acontecimientos históricos van intercaladas las grandes promesas mesiánicas con que Dios despertaba la esperanza de los patriarcas, depositarios de la Revelación primitiva.

Exodo, es decir, “salida”, se llama el segundo libro, porque en él se narra la historia de la liberación del pueblo israelita y su salida de Egipto. Entre el Génesis y el Exodo median varios siglos, es decir, el tiempo durante el cual los hijos de Jacob estuvieron en el país de los Faraones. El autor sagrado describe en este libro la opresión de los israelitas; luego pasa a narrar la historia del nacimiento de Moisés, su salvamento de las aguas del Nilo, su huida al desierto y la aparición de Dios en la zarza. Refiere después, en la segunda parte, la liberación misma, las entrevistas de Moisés con el Faraón, el castigo de las diez plagas, el paso del Mar Rojo, la promulgación de la Ley de Dios en el Sinaí, la construcción del Tabernáculo, la institución del sacerdocio de la Ley Antigua y otros preceptos relacionados con el culto y el sacerdocio.

Levítico es el nombre del tercer libro del Pentateuco. Derívase la palabra Levítico de Leví, padre de la tribu sacerdotal. Trata primeramente de los sacrificios, luego relata las disposiciones acerca del Sumo Sacerdote y los sacerdotes, el culto y los objetos sagrados. Con el capítulo 11 empiezan los preceptos relativos a las purificaciones, a los cuales se agregan instrucciones sobre el día de la Expiación, otras acerca de los sacrificios, algunas prohibiciones, los impedimentos matrimoniales, los castigos de ciertos pecados y las disposiciones sobre las fiestas. En el último capítulo habla el autor sagrado de los votos y diezmos.

Números es el nombre del cuarto libro, porque en su primer capítulo refiere el censo llevado a cabo después de concluida la legislación sinaítica y antes de la salida del monte de Dios. A continuación se proclaman algunas leyes, especialmente acerca de los nazareos, y disposiciones sobre la formación del campamento y el orden de las marchas. Casi todos los acontecimientos referidos en los Números sucedieron en el último año del viaje, mientras se pasan por alto casi todos los sucesos de los treinta y ocho años precedentes. Descuellan algunos por su carácter extraordinario; por ejemplo, los vaticinios de Balaam. Al final se añade el catálogo de las estaciones durante la marcha a través del desierto, y se dan a conocer varios preceptos sobre la ocupación de la tierra de promisión.

El Deuteronomio es, como expresa su nombre, “la segunda Ley”, una recapitulación, explicación y ampliación de la Ley de Moisés. El gran profeta, antes de reunirse con sus padres, desarrolla en la campiña de Moab en varios discursos la historia del pueblo escogido inculcándose los divinos mandamientos. En el primero (1-4, 43), echa una mirada retrospectiva sobre los acontecimientos en el desierto, agregando algunas exhortaciones prácticas y las más magníficas enseñanzas. En el segundo discurso (4, 44-11, 32) y en la parte legislativa (caps. 12-26), el legislador del pueblo de Dios repasa las leyes anteriores, haciendo las exhortaciones necesarias para su cumplimiento, y añadiendo numerosos preceptos complementarios. Los dos últimos discursos (cap. 27-30) tienen por objeto renovar la Alianza con Dios, lo que, según las disposiciones de Moisés, ha de realizarse luego de entrar el pueblo en el país de Canaán. Los capítulos 31-34 contienen el nombramiento de Josué como sucesor de Moisés, el cántico profético de éste, su bendición, y una breve noticia sobre su muerte. El Deuteronomio es, según dice S. Jerónimo, “la prefiguración de la Ley evangélica” (Carta a Paulino).

IV CURSO ANUAL DE CATEQUESIS (2019-2020)

LA PALABRA DE DIOS EN UNA CATEQUESIS MISIONERA

El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán (Mt. 24,35)

La catequesis extraerá siempre su contenido de la fuente viva de la Palabra de Dios, transmitida mediante la Tradición y la Escritura, dado que la Sagrada Tradición y la Sagrada Escritura constituyen el único depósito sagrado de la Palabra de Dios confiado a la Iglesia. JUAN PABLO II. Catechesi Tradendae, nº 27.

“El estudio de las Sagradas Escrituras debe ser una puerta abierta a todos los creyentes. Es fundamental que la Palabra revelada fecunde radicalmente la catequesis y todos los esfuerzos por transmitir la fe. La evangelización requiere la familiaridad con la Palabra de Dios y esto exige a las diócesis, parroquias y a todas las agrupaciones católicas, proponer un estudio serio y perseverante de la Biblia, así como promover su lectura orante personal y comunitaria. Nosotros no buscamos a tientas ni necesitamos esperar que Dios nos dirija la palabra, porque realmente “Dios ha hablado, ya no es el gran desconocido sino que se ha mostrado”. Acojamos el sublime tesoro de la Palabra revelada”. FRANCISCO. Evangelii Gaudium, nº 175.

PROGRAMA:

Ponencia Inaugural:

1.- La Palabra de Dios en una Iglesia misionera

Monseñor Jesús Vidal, obispo auxiliar de Madrid (7 noviembre 2019)

Primer Bloque: PALABRA DE DIOS: SAGRADA ESCRITURA Y TRADICIÓN

2.- La divina revelación

Luis Sánchez Navarro, coordinador del Bienio de Teología Bíblica de la UESD (jueves 14 noviembre 2019)

3.- Lectura católica y ecuménica de la Biblia

Carmen Márquez Beunza, profesora de teología la Universidad Pontifica de Comillas (jueves 21 noviembre 2019)

Segundo Bloque: EL ANTIGUO TESTAMENTO

4.- Los orígenes (El Pentateuco y los libros históricos)

Dr. Agustín Giménez González, profesor de teología Bíblica de la USED (9 de enero de 2020)

5.- El clamor de Dios (Los libros proféticos)

Marta García Fernández, profesora de Teología Bíblica en la UP Comillas (16 de enero de 2020)

6.- Creación y ciencia

José Antúnez Cid. Profesor en la Facultad de Filosofía de la Universidad Eclesiástica San Dámaso.  (23 de enero de 2020)

7.- La sabiduría de Dios (Los libros sapienciales)

Hermes Moreno. Profesor del Instituto de Teología Lumen Gentium de Granada (30 de enero de 2020)

8.- La oración del Pueblo elegido (los salmos)

Francisco Pérez Sánchez. Licenciado en Teología Bíblica. Coordinador de Catequesis de la Vicaría VI. Párroco de Nuestra Señor de la Asunción (6 de febrero de 2020)

Tercer Bloque: EL NUEVO TESTAMENTO

9.- “Más yo os digo” (Del Antiguo al Nuevo Testamento)

Ianire Angulo, profesora de teología bíblica en el Instituto de Teología de Vida Religiosa (13 de febrero de 2020)

10.- La Buena Noticia (Los evangelios sinópticos)

Andrés García Serrano, profesor de la USED (20 de febrero 2020)

11.- La Palabra se hizo carne (El Evangelio de Juan, sus cartas, y el Apocalipsis)

Carmen Picó, Licenciada en Teología y doctoranda por la Universidad Pontificia Comillas (27 de febrero de 2020)

12.- El tiempo de la Iglesia (Corpus Paulino, Hechos de los Apóstoles y Carta a los Hebreos).

Pedro Ignacio Fraile Yécora. Doctor en Teología Bíblica. Director del Centro de Estudios Teológicos de Aragón. (12 de marzo de 2020)

 Cuarto Bloque: PALABRA DE DIOS Y CATEQUESIS

13.- La Palabra de Dios y el método catequético “Godly play”.

José Andrés Sánchez.  Hermano de La Salle. Profesor del Instituto Superior de Ciencias Religiosas y Catequéticas San Pío X y del Área de Ciencias de la Religión del Centro Universitario La Salle (26 de marzo de 2020).

14.- La Palabra de Dios en la pastoral (la apuesta por la lecttio divina)

Lorenzo de Santos, profesor del Instituto Superior de Pastoral de la Universidad Pontifica de Salamanca (2 de abril de 2020)

15.- La liturgia de la Palabra en el Año Litúrgico

Daniel Escobar, delegado episcopal de liturgia y profesor en la UESD (23 de abril de 2020)

16.- La primacía de la Palabra en una catequesis litúrgica para niños y jóvenes

Manuel María Bru Alonso. Delegado Episcopal de Catequesis y profesor en la UESD (30 de abril de  2020)

17.- Ponencia de clausura: La Palabra de Dios en una catequesis con corazón

Cardenal Carlos Osoro. Arzobispo de Madrid (7 de mayo de 2020)

La Palabra de Dios debería de ser para  los discípulos de Cristo como el vestido o el calzado que nos ponemos cada mañana: no deberíamos salir de casa ningún día sin revestirnos de la Palabra. la tienes en tu mente, en tu corazón, en tus labios y en tus manos: La Palabra la tienes en la mente, si a base de leerla y meditarla, la has hecho mente de Cristo en tu mente, pues del mismo modo como el cuerpo de Cristo está entero en cada forma que comulgamos, toda la Palabra de Dios, que es Cristo mismo, está en cada Palabra de la Escritura, está Cristo, que ilumina, que impulsa, que acierta. La Palabra la tienes en tu corazón, si la gustas y re-gustas, si la llegas a amar con locura… si la abrazas porque sabes que ella es para ti, de verdad, “palabra de Dios”. Y la Palabra la tienes en tus labios y en tus manos: para dar testimonio de ella con tu propia palabra pero, sobre todo, con los actos cotidianos. Porque la Palabra no es totalmente Palabra de Dios sin hacerse vida, para que como el rocío que empapa la tierra o el sol que la cubre, de fruto. MANUEL MARÍA BRU. Predicación y vida. CCS. Madrid, 2018, pp.72-73.