Hno. José María Pérez Navarro, delegado Episcopal de Catequesis.

Definido ya el proceso de evangelización, procederemos a analizar y definir  las tres fases o etapas,

En La catequesis de la comunidad, documento de la Comisión Episcopal de Enseñanza y catequesis de la CEE encontramos una definición de primer anuncio:

«El primer anuncio del Evangelio está en el corazón de la acción misionera de la Iglesia. Esta, que se realiza mediante el testimonio de los cristianos en medio de todos los ambientes y estructuras de la sociedad, no es completa si no lleva consigo un anuncio explícito de la buena noticia del reinado de Dios, un anuncio claro e inequívoco del Señor Jesús »(CC 40).

El primer anuncio se refiere, concretamente, a la proclamación del Evangelio, al anuncio de Jesucristo y su mensaje. Se trata de anunciar lo que Dios nos ha revelado a través de Jesucristo, su proyecto de salvación.

En este mismo sentido, Pablo VI ya afirmaba:

«La Buena Nueva proclamada por el testimonio de vida deberá ser, pues, tarde o temprano, proclamada por la palabra de vida. No hay evangelización verdadera mientras no se anuncie el nombre, la doctrina, la vida, las promesas, el Reino, el misterio de Jesús de Nazaret Hijo de Dios» (EN 22).

La finalidad del primer anuncio es triple: despertar inicialmente la fe, provocar una conversión inicial y despertar el deseo de una adhesión global al Evangelio. Así, el primer anuncio intenta conseguir, bajo la influencia del Espíritu Santo, esta adhesión inicial, radical y global al Reino de Dios, es decir, al mundo nuevo, a la nueva manera de ser y de vivir que el Evangelio inaugura.

Esta conversión al Evangelio es siempre una decisión libre, una respuesta a la iniciativa gratuita de Dios que llama personalmente al hombre. El hecho de haber nacido en una familia o en un país de tradición cristiana no dispensa al creyente de hacer una opción libre por el Evangelio.

Después del primer anuncio viene la catequesis y el proceso de iniciación. Parten de este descubrimiento alegre de la fe. El hombre que ha descubierto la Buena Noticia del Reino – tesoro escondido en un campo – quiere conocer el misterio de este Reino, quiere vivir sus valores, celebrar con otros cristianos, en comunidad, la presencia salvadora del Señor Jesús y el don del Espíritu y prepararse para anunciarlo a otros hombres que viven en la oscuridad. Es imposible, por tanto, la renovación catequética si no se hace sobre la base de una evangelización misionera profunda. Si no se hace sobre la base del primer anuncio.

En este mismo sentido en el DGC leemos:

«El primer anuncio, que todo cristiano está llamado a realizar participa del “id” que Jesús propuso a sus discípulos: implica, por tanto, salir, adelantarse, proponer. La catequesis, en cambio, parte de la condición que el mismo Jesús indicó: “el que crea”, el que se convierta, el que se decida. Las dos acciones son esenciales y se reclaman mutuamente: ir y acoger, anunciar y educar, llamar e incorporar»(DGC 61).

De todas maneras, en la práctica pastoral no es tan fácil establecer los límites de estas dos acciones pastorales: el primer anuncio y la catequesis.