Terminamos esta segunda serie de reflexiones sobre las debilidades de la catequesis. Siempre es agradable escuchar las cosas que hacemos bien, pero también es bueno hacer autocrítica que nos permita ponernos en marcha, reflexionar y ver lo que se puede mejorar. También esta serie de reflexiones es una invitación al diálogo, ya que todos no tenemos las mismas perspectivas y entre todos podemos enriquecer la visión. Añado, pues, las últimas:
Los destinatarios adolescentes, jóvenes y adultos son menos numerosos y hay menos catequistas dispuestos a acompañar a las personas de estas edades. La catequesis de confirmación, tan de moda en los 80, ha entrado en los últimos años en descenso, aunque en esta diócesis, según las estadísticas, parece que hay un pequeño repunte. A los colegios religiosos les cuesta cuidar la fe de adolescentes y jóvenes como hacían antes. No hay quizás un rechazo a la religión como en otras épocas, pero se observa una indiferencia al tema o bien una falta de formación previa importante.
Con los adolescentes (los de la ESO…) no se hacen grandes cosas. Es una edad complicada y muchos se limitan a hacer juegos y dinámicas porque a estas edades hoy rechazan lo explícitamente catequético.
Hay una fuerte discontinuidad entre etapas catequéticas. Fuera de los papeles, planes escritos o libros, apenas hay procesos como tales. Es verdad que hay movimientos, congregaciones religiosas, centros escolares que llevan procesos e itinerarios de fe largos, pero se constata en los últimos años el descenso significativo de participantes y la falta de fidelidad. La gran pregunta que nos vamos haciendo siempre es: “Y después del primer anuncio… ¿qué?”; “y después de la primera comunión…¿qué?” y después de la confirmación… ¿qué?”
Se hace muy difícil la inserción de los jóvenes en las comunidades cristianas y/o parroquiales, a menudo porque no se sabe dónde insertarles. Apenas hay comunidades de referencia acordes con lo que se dice en la catequesis (se prepara para integrarse en unas comunidades vivas y testimoniales que luego no existen).
“Los casos especiales”. Con esta expresión nos referimos a toda persona, de cualquier edad, que no entra en el mecanismo que las comunidades cristianas están habituadas a prestar para acoger a los que quieren profundizar en la fe. Niños de edad avanzada que piden el bautismo, o la comunión; jóvenes y adultos (de toda edad) que se acercan pidiendo la confirmación o el bautismo o la primera comunión… Son personas que desbordan los cauces que teníamos establecidos para recoger la corriente de los que caminaban hacia el mar de la Iglesia y sus Sacramentos. La comunidad tiene que buscar caminos nuevos para estos “destinatarios diferentes”.





