Seguimos hablando de las debilidades de la catequesis y nos centramos en los destinatarios.
Encontramos hoy un destinatario que es “hijo de su época” y no puede ser otro: con una dificultad para llegar a formularse preguntas, con una continua invitación a no entrar en su silencio y mantenerse en la superficie de todo, llevado por los vientos de las imágenes, el bombardeo de estímulos, conectado siempre a una información externa a él, presionado por prisas, muy individualista y celoso de su libertad individual…
Las personas de nuestro contexto llevan una vida cargada de tensión, de preocupaciones básicas para vivir. No les falta lo básico, pero mantener el ritmo de una vida de bienestar le lleva a vivir sin tiempo, pluriempleados: malviven durante la semana para pasarlo bien durante el fin de semana y vacaciones.
Consecuencia de esta manera de vivir es que los intereses que mueven de verdad a la gente no es la catequesis ni la preocupación por la búsqueda de Dios. Lo que preocupa a la gente hoy es la salud, el dinero, el trabajo, la casa, los hijos, el coche, los amigos… Al menos durante unos años, la pareja está hipotecada en sacar adelante a los hijos, en ganar para pagar la casa, el coche, etc.
Vivimos una sociedad secularizada. Lo religioso tiene poco sitio en ella. Y cuando lo tiene, a veces es a nivel un poco “folclórico”: ritos sociales de paso, “puestas de largo”, etc.
Hay un insuficiente despertar religioso en las familias, y es previsible que esto vaya en aumento. No podremos pedir a las familias que despierten en la fe a sus hijos, porque ellos mismos no han hecho un camino previo o viven al margen de la fe. El despertar a la fe, para muchos, ya no se podrá hacer en la familia. La comunidad cristiana tendrá que tener en cuenta este dato y no pedir a los padres que solicitan un sacramento para sus hijos, como la comunión o el bautismo, que realicen aquello en lo que ellos no han sido iniciados previamente o despertados.
La catequesis de niños es la más numerosa en nuestras iglesias. Es la catequesis que mejor sabemos hacer y donde seguimos centrados. En muchos sitios está desvalorizada; con frecuencia se reduce más a doctrina, moral o ética de comportamientos que a una iniciación en la experiencia de Dios. En porcentajes altos, la catequesis de niños que lleva a la primera comunión o eucaristía es un trámite por el que hay que pasar. No quiere decir que no dé sus frutos, pero hay un distanciamiento entre lo que los padres o los niños piden y quieren y lo que los catequistas piden. Ellos piden algo para llegar al sacramento y ya está… Los catequistas piensan más en un proceso de integración en la comunidad que después se trunca en el mismo momento que se celebra el sacramento.





