Hno. José María Pérez Navarro, delegado Episcopal de Catequesis.

Continuamos desvelando algunas de las debilidades que, a mi entender, tiene la catequesis y que nos invitan a reflexionar y mejorar:

La catequesis está concebida por muchos como una acción eclesial que se inspira en los métodos escolares y que existe para preparar a los sacramentos. Fuera de ahí no se sabe qué sentido tiene la catequesis en la Iglesia. El Directorio General para la catequesis del año 1997 decía que la comunidad es el “origen, lugar y meta de la catequesis” (DGC 254) pero tenemos que reconocer claramente que la catequesis tiene un grave problema porque, en muchas ocasiones, no ha propiciado la entrada de los catequizandos en la comunidad. ¿Dónde están los niños de la primera comunión o los jóvenes de confirmación? Los sacramentos de la iniciación cristiana (bautismo, eucaristía, confirmación) no son considerados como sacramentos de iniciación, sino como sacramentos del “adiós”.

Faltan propuestas seductoras que sean algo más que hacer lo de siempre. La catequesis que imaginamos para el futuro la queremos meter en la estructura catequética actual, y eso ya le corta muchas posibilidades. Olvidamos que “A vino nuevo, odres nuevos”. La respuesta a lo urgente nos impide imaginar y pensar lo importante (el futuro de la catequesis a largo plazo).

Hay un desgaste y envejecimiento de los catequistas. Hoy es más difícil encontrar catequistas en las comunidades que antes. Hay catequistas admirables que han dedicado gratuitamente años de su vida para la catequesis, con entrega e ilusión y manifiestas que cada vez se sienten más lejanos a los destinatarios. En algunas ocasiones, nuevos catequistas jóvenes se inician en la labor catequética sin experiencia pedagógica y excesivamente próximos a las edades de los catequizandos, siendo más un “colega” que un catequista. La catequesis es reflejo de la situación de nuestras comunidades eclesiales: el trabajo duro de base en la catequesis es de la mujer (más del 90 % de los catequistas en España).

Se ha formado en el imaginario colectivo un cliché de catequista inspirado en los catequistas de primera comunión que no es nada positivo ni alentador, hasta tal punto que algunos catequistas de otras edades se resisten a dejarse llamar catequistas, y se les llama animadores, monitores…

La necesidad de no fracasar en su intento, lleva a muchos catequistas a optar por soluciones que les proporcionen salidas inmediatas en vez de una formación larga. También hay otros catequistas que ven que la metodología y los contenidos no funcionan, pero no se atreven a practicar nuevas propuestas porque al no tener garantías de éxito contrastada por la práctica, no son de fiar, hay que esperar a que otros las experimenten y entonces ya decidiremos.