BAUTISMO DEL SEÑOR: CONVERSIÓN Y BAUTISMO

Isaías 55,1-11; 1 Juan 5,1-9; Marcos 1,7-11

HABLA LA PALABRA: Dios nos libera de toda esclavitud

La liturgia de la Palabra nos ofrece tres verdades de nuestra fe que son fuente de esperanza, en este día solmene del Bautismo del Señor:

· La primera: Que la Palabra de Dios es un don, como la lluvia que empapa la tierra. Pero también es una propuesta de vida, por eso como el agua de la lluvia esta llamada a dar vida a la tierra para que de fruto, de modo que “subirá” a los cielos, cuando habiendo empapado la tierra, germine y de fruto de conversión en la vida de los hombres.

· La segunda: que el Señor nos mostró que Dios es amor, que al tomar su condición humana no sólo nos lo ha revelado, sino que nos ha dejado su amor en la gracia de su Espíritu, y que además, espera que nosotros, creados a imagen y semejanza de Dios, y enriquecidos por su gracia, seamos también “amor” para con Él y para con nuestros hermanos los hombres, viviendo los mandamientos.

· La tercera: que, como nos cuenta el Evangelio de Marcos, para que no quedase ninguna duda de que Jesús era el Mesías esperado, dejándose bautizar por Juan, el último de los profetas, se abrió el cielo, bajó el Espíritu Santo sobre él en forma de paloma y una voz del cielo proclamó: Este es mi hijo, el amado, el predilecto.

HABLA EL CORAZÓN: Bautizados en Jesús

El bautismo de Jesús nos hace valorar aún más nuestro bautismo (bautizados en él). El Papa Francisco explicó en una ocasión que el bautismo “es el sacramento sobre el que se fundamenta nuestra fe y nos hace miembros vivos de Cristo y de su Iglesia. No es un simple rito o un hecho formal, es un acto que afecta en profundidad la existencia». De esto deduce tres cosas muy interesantes para tener en cuenta nuestro propio bautismo:

· Que por el bautismo el hombre se sumerge en la fuente inagotable de vida, que proviene de la muerte de Jesús: «Así podemos vivir una vida nueva, de comunión con Dios y con los hermanos». De tal modo que «no es lo mismo un niño bautizado, que uno que no lo está» porque «el bautismo ayuda a reconocer rostro del señor en los necesitados y ayuda a perdonar».

· Que «nadie se puede bautizar pos sí solo», que el bautizo requiere de una tercera persona que lo dé. «Es una cadena de gracia, un acto de fraternidad», por lo que también es bueno recordar quienes fueron nuestros padrinos, y quien fue el sacerdote que nos bautizo para los que somos más mayores, si han fallecido pedir por ellos. Si viven, agradecérselo. Hasta que falleció, el Papa Francisco siempre llamaba al sacerdote que lo bautizo el día de su “cumple-bautizo”

· Que «aunque muchos no tenemos el mínimo recuerdo de la celebración de este sacramento, estamos llamados a vivir cada día aspirando a la vocación que en él recibimos. Por ello, el Papa ha invitado a acoger cada día la gracia del bautismo para hacerlo fructificar y ser cada vez más «signos del amor de Dios para todos».

HABLA LA VIDA: Bautismo clandestino de jóvenes en Europa

· En España y en toda Europa, por mucho que su cultura esté enraizada en la tradición cristiana, gran parte de sus jóvenes forman parte de una nueva generación que, siendo hijos de los “alejados de la fe” por la secularización, ellos más bien son “lejanos de la fe”, porque no la conocen.

· No pocos de ellos, además, son hijos de padres alejados, no ya indiferentes, sino agnósticos y ateos militantes, que responden al fenómeno de la “apostasía” actual, ya sea declarada, ya sea “silenciosa”.

· Y algunos de estos jóvenes, a pesar de ello, no comparten los prejuicios religiosos de sus padres, aunque en su “herencia” sean mayoritariamente indiferentes.

· Y algunos de entre estos, precisamente porque no comparten esos prejuicios de sus padres, cuando conocen a otros jóvenes que son cristianos, y se hacen amigos de ellos por admirar su integridad, su positividad, su alegría y su generosidad, un día terminan por preguntarles por su “secreto”, y cuando saben que su secreto es Cristo, quieren conocerlo y terminan convirtiéndose a él, hacen el catecumenado de adultos, y un sábado santo por la noche, en la Vigilia Pascual, reciben el bautismo, la confirmación, y la primera comunión.

· Y de entre estos, algunos lo tienen que hacer de espalda a sus padres, que no aceptan su conversión, por mucho que niños les hubiesen dicho que no podían hacer la primera comunión, porque la razón por la que no habían sido bautizados es que de mayores pudieran elegir. Y estos jóvenes, con lagrimas en los ojos, pero amando a sus padres, esa noche salen con sus amigos, llevando en una mochila un traje elegante, porque no van como otros sábados a la discoteca, sino a hacerse cristianos, que es lo más grande que han descubierto en su vida.

Manuel Mª Bru Alonso, delegado Episcopal de Catequesis