Bajo el título «Los principios del Diseño Universal del Aprendizaje en la atención pastoral con niños», la sesión fue impartida por Beatriz Martínez, licenciada en Psicopedagogía y profesora de Religión, quien ofreció una profunda reflexión sobre la inclusión en la catequesis y en la vida parroquial.
Diversidad funcional
Beatriz Martínez partió de una pregunta provocadora: «Si damos valor a lo artesanal, ¿por qué no se lo damos a las personas, que somos todos diferentes?». Desde esta premisa defendió que la diversidad no es un problema, sino «una riqueza que enriquece a cualquier grupo humano y, de manera especial, a la comunidad cristiana».
En este sentido, explicó el uso del término diversidad funcional, propuesto en 2009 en el Foro de Vida Independiente y Divertad, como una forma de poner el acento en la dignidad y en el valor de cada persona, más allá de sus limitaciones. Recordó además que, en el ámbito educativo, muchas normativas siguen ancladas en modelos antiguos, lo que subraya la necesidad de una renovación también en la pastoral.
Las palabras del Papa Francisco
Apoyándose en palabras del Papa Francisco con motivo del Día Internacional de las Personas con Discapacidad (2019), subrayó que «estamos llamados a reconocer en cada persona con discapacidad, incluso cuando son complejas y graves, una contribución singular al bien común a través de su biografía original», reconociendo una dignidad que no depende de la funcionalidad de los sentidos.
Durante su intervención, la ponente destacó el papel esencial del catequista, que «piensa y habla en clave de personas», convencido de que todos tienen capacidad de amar. Invitó a transformar la mirada para descubrir el corazón de cada niño y todas sus potencialidades.

El Diseño Universal del Aprendizaje
El núcleo de la ponencia se centró en el Diseño Universal del Aprendizaje (DUA), definido como un modelo teórico-práctico que, partiendo del Diseño Universal, busca reformular la educación ofreciendo un marco que permita analizar los currículos, detectar barreras y promover propuestas inclusivas.
Entre sus principios metodológicos, Martínez explicó:
- Equidad, pensando en personas con distintas capacidades y habilidades.
- Flexibilidad en el uso, adaptándose a un amplio rango de preferencias y capacidades.
- Uso sencillo, accesible independientemente del nivel curricular o contexto sociocultural.
- Información perceptible, transmitida en distintos formatos para evitar barreras sensoriales.
- Tolerancia al error, entendiendo el error como parte del aprendizaje.
El modelo se articula en torno a tres redes vinculadas a tres grandes principios: compromiso, representación y acción y expresión.
El compromiso aborda la motivación y la atención del niño, proponiendo retos, autonomía y recursos como la gamificación, los escape room, el aprendizaje cooperativo o el trabajo por rincones en la catequesis. También animó a implicar activamente a las personas con diversidad funcional en la vida parroquial, por ejemplo, proclamando el Evangelio en lengua de signos.
La representación se refiere a cómo se percibe la información, proponiendo múltiples formatos: apoyos visuales, lengua de signos, clarificación del vocabulario y estructuras, uso de distintos lenguajes y recursos que faciliten la comprensión y la transferencia del aprendizaje. Por último, la acción y expresión se centra en cómo el niño demuestra lo aprendido, incorporando tecnologías de apoyo, comunicadores dinámicos y pictogramas que amplían las posibilidades de participación.
La sesión concluyó subrayando que el DUA no es solo una metodología educativa, sino una llamada a vivir una auténtica conversión pastoral: derribar barreras para que cada niño, con su singularidad,.







