5º DOM. CUARESMA ciclo A, (22/03/2026), SAL FUERA

El amor de Dios es una infinita caja de sorpresas:

  • ¡Cuánto debió ser la apertura de Ezequiel al Espíritu de Dios para llegar a entender y a anunciar que Dios no sólo libera a su pueblo de la esclavitud, no sólo lo protege de sus enemigos, sino que su amor le lleva a abrir los sepulcros para llevar a los hombres a los cielos nuevos y a la tierra nueva!
  • ¡Cuánta certeza contagia Pablo, en su carta los Romanos, del poder de la Resurrección de Jesús, por el que el Espíritu de Dios en cada uno de nosotros es semilla de resurrección como la suya!
  • ¡Y qué humano nos muestra el Evangelio de Juan a Jesús! Porque si la resurrección de Lázaro es el milagro más sorprendente del poder divino de Jesús, lo que le movió a hacerlo fue su humanidad, su llanto ante la muerte de su amigo, transido por el infinito amor de Dios.

¿Por qué es tan sobrecogedora la resurrección de Lázaro?

  • No es un relato sobrecogedor por lo portentoso del milagro, que no es nada comparado con la promesa de una resurrección eterna, para siempre, ya que lo de Lázaro fue volver a la vida para volver a morir.
  • El amor misericordioso de Cristo por todos los hombres, es prenda de un milagro mucho mayor que, más allá de la razonable inmortalidad del alma, supone la resurrección del hombre entero, cuerpo y alma, glorificado, libre de la corrupción, del sufrimiento, y del desamor.
  • El relato de la resurrección de Lázaro es sobrecogedor porque nos revela el verdadero milagro que es el misterio de la Encarnación:
  • Por el qué a través de los ojos humanos de Jesús, Dios ve el mundo que creó y mira a los ojos del hombre que hizo a su imagen y semejanza. Y al verlo es como si le devolviese al hombre su dignidad perdida, o le revelase el misterio insondable de su destino.
  • Por el qué con sus manos, Jesús no puede evitar curar a ciegos, a sordos, a paralíticos con solo tocarles, porque es el amor de Dios quien no puede dejar de compadecerse por cada uno ellos.
  • Por el qué a través de su corazón humano, cuando llora, es Dios quien llora en la tierra, no sólo en esta ocasión, por Lázaro, sino siempre que el hombre sufre, o es despreciado como lo fue él.

Tengo una historia para contaros hoy, por si nos puede ayudar a entender el significado vital de la expresión de Jesús “sal fuera”:

  • Mao es una joven que perdió una pierna, víctima de las minas antipersona activas en Camboya desde los años 70 del siglo pasado, donde cada año, se producen más de 300 accidentes, que dejan como secuela horribles mutilaciones como la de Mao, que vió truncados su sueño de ser bailarina y clamó: “Señor, te había regalado mi vida. Había decidido bailar para ti. ¿Por qué me has hecho esto?”.
  • La obra de caridad de monseñor Kike Figaredo, consiguió que Mao recuperase la ilusión, acompañándola espiritualmente, pero también a través de la silla de ruedas con tres ruedas que él mismo inventó, y las clases de danza para niñas como ella.
  • Son muchos los que, como Mao, se encuentran con el amor de Cristo a través de la ayuda de un sacerdote. Hoy celebramos el Día del Seminario, con el lema “Deja tus redes… y sígueme”. El Señor sigue llamando hoy a algunos jóvenes a dejar sus seguridades y a confiar en él para servir como sacerdotes. Y es que los sacerdotes acompañan duelos, sostienen esperanzas, curan heridas, desatan nudos interiores y anuncian con su vida que la muerte no tiene la última palabra. En un tiempo de desconfianza, su entrega diaria y silenciosa revela que la alegría más profunda nace de servir.
  • Y tú y yo: ¿reconocemos en ellos a la Iglesia que cura heridas y da esperanza? ¿Compartimos su misión desde el sacerdocio real que todos recibimos en el bautismo?

Manuel María Bru Alonso. Delegado Episcopal de Catequesis de la Archidiócesis de Madrid.