4º DOM. PASCUA ciclo A, 25/04/2026, COMO EL BUEN PASTOR 

Jesús se nos descubre en estas lecturas como es el Buen Pastor:

  • En los Hechos de los Apóstoles, Pedro da una respuesta a una pregunta universal: “¿qué hacer con mi vida?”. La respuesta es Jesús: convertirse, bautizarse, y acoger al Espíritu Santo.
  • Con el salmo 22 respondemos con Pedro en primera persona: “El Señor es mi pastor, nada me falta”, porque su misericordia y su bondad “me acompañan todos los días de mi vida”.
  • De nuevo Pedro, en su primera carta, nos revela el misterio de la redención, obrada por Cristo, el Buen Pastor: “cargando con nuestros pecados subió al leño, para que, muertos al pecado, vivamos para la justicia. Sus heridas nos han curado”.
  • Y en el Evangelio Jesús se nos presenta como el Buen Pastor que entra por el aprisco a cuidar de su rebaño. Un Buen Pastor que ha venido para que tengamos vida, y la tengamos en abundancia.

Los primeros “logos” de la Iglesia, si los podemos llamar así, fueron la cruz, los dos peces (de la multiplicación de los panes y los peces), y la imagen del Buen Pastor, que lleva una oveja sobre sus hombros. Mirando a Cristo el Buen Pastor:

  • La Iglesia se entiende a sí misma como misión “pastoral”, promovida por los sucesores de los apóstoles, los obispos, sus principales colaboradores, sacerdotes y diáconos, y todos los bautizados, discípulos-misioneros, al ser todo el Pueblo de Dios protagonista de esta misión en sus diversos ministerios y carismas.
  • Por eso decimos que toda acción eclesial ha de ser pastoral (es decir, con el celo y el amor del Buen Pastor), y por eso hablamos de la pastoral parroquial, la pastoral de la cultura, del trabajo, de la infancia, de la juventud, del matrimonio, etc… Y Por eso también decimos que los sacerdotes y los consagrados y consagradas han de ser, antes que nada, imágenes vivas del Buen Pastor. Y en este domingo, Jornada Mundial de las Vocaciones, nos fijamos especialmente en ellos.
  • Nos fijamos en su fidelidad, y en su entrega, junto a la de todos los bautizados: La fidelidad es hoy especialmente meritoria por ser culturalmente contracorriente: el más importante efecto destructivo del relativismo no es el moral, sino el existencial, el de una vida entendida como un laberinto de circunstancias inconexas, todo menos un camino de auténtica libertad.
  • También los sacerdotes y los religiosos se casan: lo hace con la Iglesia, y se comprometen con ella también en las alegrías y en las penas, en la salud como en la enfermedad, en la pobreza como en la prosperidad. Cuando se ven los frutos y cuando no se ven. A los obispos, a los presbiterios, a los diáconos, a los consagrados y a las consagradas, la Iglesia no les pide unos objetivos de eficacia laboral, pero si fidelidad en el dar la vida sin esperar nada a cambio.

Joseph Ratzinger contaba el testimonio de un sacerdote que estaba andando por las calles de Múnich cuando un ciego que quería cruzar al otro lado grito: “¿Hay alguien presente?”. La calle estaba llena de gente, pero en realidad nadie está presente.

  • En un mundo tan intercomunicado como el de hoy, decía Ratzinger, las personas están solas. Todos somos corresponsables de la solicitud pastoral de la Iglesia. Todos debemos oír este grito, a veces susurro, a nuestro alrededor: ¿Hay alguien presente? No siempre habrá un sacerdote, o un consagrado, o una consagrada cerca que le responda.
  • Pero tal vez sí que esté yo cerca: Y podré decir: Si. Estoy yo, estoy aquí, a tu lado, yo, que soy cristiano, y que tengo también como modelo a Jesús, el Buen Pastor.

Manuel María Bru Alonso. Delegado Episcopal de Cultura de la Archidiócesis de Madrid.