Delegación Episcopal de Catequesis.
Arzobispado de Madrid
C/. Bailén 8. 28013 - Madrid. ddcat@archimadrid.es
Telf: 91 454 64 45 | Fax: 91 454 64 31

Píldoras del Alma

Por Manuel María Bru el 21 noviembre, 2017 en Recursos
0
0

Foto: de izquierda a derecha el catedrático de Derecho Romano y columnista de ABC Federico Fernández de Buján, el autor del libro y corresponsal de ABC en el Vaticano, Juan Vicente Boo, el rector de la Universidad Pontificia de Comillas, Julio Luis Martínez S.J, el director de ABC, Bieito Rubido, y el delegado episcopal de catequesis y presidente de la Fundación Crónica Blanca, Manuel María Bru. 

PALABRAS DE PRESENTACIÓN DEL LIBRO PILDORAS DEL ALMA DE JUAN VICENTE BOO:

La comunicación del Papa Francisco

 Presentación del libro:

JUAN VICENTE BOO. Papa Francisco.

Píldoras para el alma.

Espasa.

Madrid, 2017. 256p.

 

 

 

 

Buenas tardes a todos. Me alegra mucho poder compartir mesa con tan buenos amigos:

  • Con quien nos acoge en esta magnífica Universidad, su rector, Julio Martínez, de quien tengo la suerte de contar con su amistad desde la juventud, cuando nos juntábamos de varias congregaciones marianas promovidas por los jesuitas para vivir juntos la experiencia de campamentos de verano en Los Pirineos. Me consta que dirige esta Universidad con el mismo acierto y aplomo como dirigía entonces aquellos campamentos. Esta tarde además vamos de mesa en mesa, porque acabamos de inaugurar juntos los cursos de formación de catequistas de nuestra Archidiócesis con una magnífica conferencia de Julio sobre “Evangelizar en la cultura de hoy”, objetivo que también centra este acto, porque a ello contribuye también este libro que presentamos.
  • Con mi buen amigo el catedrático Federico Fernández de Buján, uno de esos pocos laicos intelectuales católicos que tan valioso servicio hacen con su pensamiento, su palabra y su pluma no sólo a la sociedad europea (sobre todo a la española y a la italiana) sino también a la Iglesia.
  • Y con mis buenos amigos y correligionarios periodistas (me llena de orgullo considerarme periodista además de sacerdote), Bieito Rubido y Juan Vicente Boo, director y corresponsal en Roma del diario ABC respectivamente. De ellos siempre he podido reconocer aquella descripción de San Juan Pablo II: “auténticos cristianos, excelentes periodistas”.
  • Y además de felicitar a Bieito por su dirección de uno de los periódicos más prestigiosos del mundo, quisiera felicitar especialmente a Juan Vicente no sólo por sus crónicas romanas en el mismo, o sus columnas de análisis (que tengo también el orgullo de compartir con él) en el semanario Alfa y Omega, sino también y muy especialmente por este libro, que se enmarca en una serie de publicaciones en las que, junto a las periodísticas, demuestra una especialísima capacidad de entender, valorar y ponderar la impronta eclesial y mundial del pontificado del Papa Francisco.

Compartiré brevemente con todos ustedes tres cuestiones que creo oportunas en la presentación de este libro que lleva el tan sugerente título de “píldoras del alma” de Juan Vicente Boo en el que se recogen los mejores tuits del Papa Francisco. Son las siguientes:

  • “Píldoras del alma”: ¿lenguaje de Twitter o lenguaje del Papa?
  • “Píldoras del alma”: ¿expresión de una Iglesia en salida?
  • “Píldoras del alma”: ¿A alguien les molesta?

1/ Píldoras del alma: ¿lenguaje de Twitter o lenguaje del Papa?

La pregunta es retórica porque es una pregunta católica, dicha en el contexto de una reflexión católica y sobre una realidad católica. Y a mi me enseñaron desde muy joven que lo católico raramente esta a favor de las opciones excluyentes (esto o lo otro) y si generalmente a favor de las opciones incluyentes (esto y lo otro). En este caso la lección se cumple a raja tabla: este libro recoge expresiones que son propias del lenguaje mediático de la red social twitter, pero exactamente con el mismo rigor podemos decir que este libro recoge expresiones que son propias del genuino lenguaje del Papa Francisco.

Es más, estoy convencido de que este libro pone de manifiesto una afirmación que me atrevo a hacer por muy tremenda que parezca: Ya no estamos hablando de un Papa que utiliza el lenguaje del tuit (cibernético, brevísimo, inmediato). Este mérito (para algunos desmerito), ya lo tuvo Benedicto XVI, el primer papa tuitero. Con Francisco estamos hablando del Papa cuyo lenguaje característico es el lenguaje del tuit. Porque ya sea en el tú a tú, predicando en una celebración, dando un discurso, o escribiendo su tuit diario, su mensaje siembre es super-claro, inconfundible (en el sentido no sólo de propio sino de difícil de provocar confusión), y de no más de 280 caracteres, el limite de los mensajes en twitter.

Les cuento una anécdota que sirve para consolidar esta idea: Hace dos años, en la presentación de un libro sobre el diálogo entre creyentes y no creyentes, un profesor universitario agnóstico decía que después de habar leído -varias veces para captar bien su significado- unas interesantísimas páginas de Benedicto XVI en las que distinguía entre evangelización y proselitismo, oyó al Papa Francisco decir una frase contundente: “el proselitismo es una tontería”.

Efectivamente, el diálogo que el fundador del diario la Republica, Eugenio Scalfari, tuvo con el Papa, el 24 de septiembre de 2013, comenzó con una broma en el que los dos confesaban que a ambos les habían advertido que su interlocutor intentaría convertirlo. Tras las risas, el Papa, con un tono más serio, añadió: “El proselitismo es una solemne tontería, no tiene sentido. Hay que conocerse, escucharse y hacer que crezca el conocimiento del mundo que nos rodea (…) Las carreteras que recorren el mundo  pueden acercar o alejar; sin embargo lo importante es que lleven hacia el Bien”.

Y comentaba aquel profesor la diferencia del lenguaje: el del Papa Benedicto gana en profundidad, en precisión, en argumentación. Pero pocos saben lo que pensaba la Iglesia sobre esta distinción, a pocos les llegaban aquellas páginas suyas, o tuvieron el interés o el aplomo de leérselas. En cambio, el titular de Francisco, llega a muchos más, y se enteran a la primera.

La palabra del Papa Francisco acaricia y desgarra a la vez. Es la palabra de un padre, pero casi más la de una madre: acaricia cuando agrupa a sus hijos, desgarra cuando los protege de los peligros que les circundan. Hace de madre -perfil mariano de la Iglesia y de la humanidad- cuando en lugar de escribir una carta pastoral sobre el drama de la emigración forzosa en Europa, como si estuviera dando un puñetazo en la mesa, dice “¡Esto es una vergüenza!”. Y el mundo lo recibe como si lo dice un padre, pero casi más como si fuera una madre: sus ojos humeantes lo delatan. Pero además, su palabra gana aún más enteros desde el punto de vista mediático por tres razones más:

  • Es una palabra directa. Es espontánea, libre de papeles. Le bastan quince minutos para hablar a doscientas mil personas reunidas en el Día de las Familias del Año de la Fe. Sin papeles, y apoyando su mano derecha en la cabeza de un niño. Les dice a las familias que todos sabemos que a veces en casa los platos vuelan, y que se quedasen con tres palabras grabadas en el corazón: respeto, perdón y gracias.
  • Es una palabra clara y concisa, azoriniana. Construida frase a frase -sujeto, verbo, y complemento-, sin oraciones de relativo, sin titubeos, sin engolamientos, sin poses. Y frase a frase construye una disertación breve. Y lo hace con un lenguaje llano, el que todo el mundo entiende.
  • Es una palabra sugestiva. San Juan Pablo II daba titulares para los diarios de gran tirada; Benedicto XVI los daba incluso para revistas más selectivas y sesudas; Francisco da titulares para todos. Sus titulares los publican hasta en el “Diez Minutos”.

2/ “Píldoras del alma”: expresión de una Iglesia en salida.

No es difícil averiguar las claves teológicas y pastorales de esta impronta que deviene en capacidad mediática en el magisterio del Papa en este tiempo, pero nos bastaría con acudir a un texto poco conocido, y sin duda alguna fundamental, para entender la novedad de este pontificado en su conjunto, y su impronta en el nuevo modo de expresarse del Papa y de la Iglesia ante el mundo en particular.

Se trata de un folio con unas pocas notas que el Cardenal Jorge Mario Bergoglio escribió a mano y utilizo en las reuniones de las Congregaciones Generales antes del Conclave. Gracias al Cardenal de la Habana, que le pidió esa cuartilla con notas, hoy sabemos cual era el diagnóstico y el tratamiento de la Iglesia según Bergoglio. Dicen que la lectura de esas notas dejo atónito al colegio cardenalicio, que tomó conciencia de por donde iban los tiros de la responsabilidad ante Dios y ante la historia que tenían en aquel momento, y que entrevieron que donde hay una luz no sólo no hay que apagarla, sino ponerla sobre el candil para que alumbre toda la casa.

Esas notas tenían un único punto de referencia: la necesidad de una “Iglesia en salida”, en la que, entre otras muchas cosas, está en juego el hacerse audible y comprensible en el mundo de hoy. Meses después de las Congregaciones y del Conclave en la Exhortación Apostólica Postsinodal Evangelii Gaudium aparece un desarrollo mayor y más sistemático de lo que significa “Iglesia en salida”. Pero aquellas notas, en todo caso, tienen la frescura de la intuición inicial. En una de esas notas Jorge Mario Bergoglio explicaba por primera vez que la Iglesia en salida es la Iglesia de las periferias existenciales: “las del misterio del pecado, las del dolor, las de la injusticia, las de la ignorancia y prescindencia religiosa, las del pensamiento, las de toda miseria”.

Dirigiéndose meses después, ya como sucesor de Pedro, a los trabajadores del Centro Televisivo Vaticano el Papa mencionó también como periferias de las “sofisticadas periferias tecnológicas”. Pero no sólo para decir que las periferias tecnológicas son vehículo de las periferias del pensamiento o de la “prescindencia” religiosa; sino para decirnos que -y esto es aún mucho más importante- la proyección mediática de la Iglesia a través de estas periferias tecnológicas constituye una de sus puertas “de salida”, como espacio de la “cultura del encuentro” en el que ni la Iglesia ni los nuevos medios de comunicación interpersonal y social se miran así mismos y entre sí, sino que miran juntos al hombre de hoy.

La otra nota que extraemos de esos apuntes de las Congregaciones Generales previa al Cónclave, reza así: “En el Apocalipsis Jesús dice que está a la puerta y llama. Siempre se ha entendido que golpea desde fuera para entrar, pero también puede entenderse como que llama desde dentro para que le dejemos salir. La Iglesia autorreferencial pretende a Jesucristo dentro de sí y no le deja salir”. Aquí nos propone una escenografía eclesial dramática, al decirnos que Cristo clama desde dentro de la Iglesia para le dejemos salir al encuentro con el mundo, con el hombre de hoy.

Esta operación de la Iglesia en salida no significa que la Iglesia deba abandonarse a las exigencias de la cultura mediática dominante, pero si dejar que respire en el mundo de hoy, en la cultura de hoy, y que pueda recorrer por las redes instantáneas y globales de la comunicación de hoy. No ahogarlo en la “autorreferencialidad” eclesial. Si el mundo de hoy habla en el ciberespacio de las redes sociales, la Iglesia en salida no puede hablar sólo en el espacio cultual de sus templos y cultural de sus aulas.

3/ Píldoras del alma: ¿A alguien les molesta?

No me refiero (aunque puede formar parte de ello) al tremendo fenómeno, fruto de la apuesta por la Iglesia en salida, por el que el Papa gana día tras día audiencia e interlocución entre los más alejados de la Iglesia, a costa de perder el beneplácito de algunos de casa poco amigos de sus gestos, cambios, propuestas e innovaciones.

Me refiero en cambio a la molestia, más circunspecta, de aquellos que cuestionan que el lenguaje de este Papa sea el lenguaje más apropiado para un Papa. Y es que un lenguaje, como el que expresan estas “píldoras del alma”, o los breves mensajes espontáneos del Papa, que propicia el “enterarse a la primera”, evidentemente, supone una serie de riesgos.

El debate es muy antiguo, y no sólo en la Iglesia. Es un debate abierto que nace en la Gracia clásica y que recorre toda la historia de la comunicación, sobre todo de la comunicación pública (política y religiosa). A más argumentación y matización mayor precisión, pero menor alcance comunicativo, y a veces también comprensión, por compleja, deficiente. A más concisión, que requiere siempre simplificación, mayor imprecisión, mayor riesgo de malinterpretación, y mayor facilidad para que otros puedan manipular el mensaje. Pero mayor claridad y alcance del mensaje. Más que equilibrio, se requiere conjunción.

El Papa Francisco parece haber conseguido una suerte de conjunción entre el lenguaje preciso y matizado (pero no por ello poco claro, y en todo caso, suficientemente conciso y escueto), y el lenguaje espontáneo y conciso, lo que en el argot periodístico venimos llamando “dar titulares”. Y los tuits, al menos en lo que se refiere a su brevedad, claridad, provocación e inmediatez, son hermanos gemelos, lingüísticamente hablando, de los titulares.

Pero conjunción no a la vez, que sería imposible, ni buscando un término medio, sino de modo diversificado. Así, una misma idea puede trasmitirse en un cortísimo mensaje en las redes sociales, en una breve respuesta en una entrevista, en una catequesis, o en una profusa encíclica. Esta flexibilidad de los formatos no responde tanto a una estrategia, como un estilo, a una actitud comunicativa. A una forma de hablar evangélico.

Dice Juan Vicente Boo que también el Evangelio es muy tuitero. Y tiene razón.  Como explica la carta magna de la comunicación cristiana, Communio et progressio (1971), “el mismo Cristo en su vida se presentó como el perfecto comunicador. Por la encarnación se revistió de la semejanza de aquellos que después iban a recibir su mensaje, proclamado tanto con palabras como con su vida entera, con fuerza y constancia, desde dentro, es decir, desde en medio de su pueblo. Sin embargo, se acomodaba a su forma y modo de hablar y pensar, ya que lo hacía desde su misma situación y condición”.

¿Alguien se atreve a poner en duda que la situación y la condición del hombre de hoy no esta mediatizada por el lenguaje de las Redes Sociales? Si Jesús hubiese tenido un Smartphone seguramente habría escrito lo que nos dice en el Evangelio de hoy: “El reino de Dios no vendrá espectacularmente, ni anunciarán que está aquí o está allí; porque mirad, el reino de Dios está dentro de vosotros”. 144 caracteres. Le habrían sobrado aún 136 caracteres, justo para añadir del Evangelio de mañana: “Así sucederá el día que se manifieste el Hijo del hombre. El que pretenda guardarse su vida la perderá; y el que la pierda la recobrará”.

Manuel María Bru Alonso.

 

Sobre el autor

Manuel María BruVer todas las entradas de Manuel María Bru

0 Comentarios

Añadir comentario

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

*