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Domingo de Ramos

Por Manuel María Bru el 2 Abril, 2017 en La voz del delegado, Recursos
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DOMINGO DE RAMOS (con lectura breve de la Pasión)

BENDICIÓN DE LOS RAMOS

Oremos: Aumenta, Señor, la fe de los que tenemos en ti nuestra esperanza y concede a quienes agitamos estas palmas en honor de Cristo victorioso, permanecer unidos a Él para dar frutos de buenas obras. Por Jesucristo, nuestro Señor. R/. Amén.

LECTURA DEL SANTO EVANGELIO SEGÚN SAN MATEO 21, 1-11

Cuando se acercaban a Jerusalén y llegaron a Betfagé, junto al monte de los Olivos, Jesús mandó dos discípulos, diciéndoles:

— Id a la aldea de enfrente, encontraréis enseguida una borrica atada con su pollino, desatadlos y traédmelos. Si alguien os dice algo, contestadle que el Señor los necesita y los devolverá pronto.

Esto ocurrió para que se cumpliese lo que dijo el profeta: “Decid a la hija de Sión: ‘Mira a tu rey, que viene a ti, humilde, montado en un asno, en un pollino, hijo de acémila’.”

Fueron los discípulos e hicieron lo que les había mandado Jesús: trajeron la borrica y el pollino, echaron encima sus mantos, y Jesús se montó. La multitud extendió sus mantos por el camino; algunos cortaban ramas de árboles y alfombraban la calzada. Y la gente que iba delante y detrás gritaba:

— ¡Hosanna al Hijo de David! ¡Bendito el que viene en nombre del Señor! ¡Hosanna en el cielo!

Al entrar en Jerusalén, toda la ciudad preguntaba alborotada:

— ¿Quién es éste?

La gente que venía con él decía:

— Es Jesús, el Profeta de Nazaret de Galilea.

Palabra del Señor

ORACIÓN COLECTA

Señor, tú que te has dignado redimirnos y has querido hacernos hijos tuyos; y todo ello gracias a la Pasión de tu Hijo, míranos siempre con amor de Padre y haz que cuantos, creemos en Cristo, tu Hijo, alcancemos la libertad verdadera y la herencia eterna.

Por nuestro Señor Jesucristo

PASIÓN DE NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO SEGÚN SAN MATEO: (27, 11-54)

Los soldados del procurador llevaron a Jesús al pretorio y reunieron alrededor de Él a todo el batallón. Lo desnudaron, le echaron encima un manto de púrpura, trenzaron una corona de espinas y se la pusieron en la cabeza; le pusieron una caña en su mano derecha, y arrodillándose ante Él, se burlaban diciendo: “¡Viva el rey de los judíos!”, y le escupían. Luego, quitándole la caña, lo golpeaban con ella en la cabeza. Después de que se burlaron de Él, le quitaron el manto, le pusieron sus ropas y lo llevaron a crucificar.
Juntamente con Él crucificaron a dos ladrones

Al salir, encontraron a un hombre de Cirene, llamado Simón, y lo obligaron a llevar la cruz. Al llegar a un lugar llamado Gólgota, es decir, “Lugar de la Calavera”, le dieron a beber a Jesús vino mezclado con hiel; Él lo probó, pero no lo quiso beber. Los que lo crucificaron se repartieron sus vestidos, echando suertes, y se quedaron sentados ahí para custodiarlo. Sobre su cabeza pusieron por escrito la causa de su condena: `Éste es Jesús, el rey de los judíos’. Juntamente con Él, crucificaron a dos ladrones, uno a su derecha y el otro a su izquierda.

Los que pasaban por ahí lo insultaban moviendo la cabeza y gritándole: “Tú, que destruyes el templo y en tres días lo reedificas, sálvate a ti mismo; si eres el Hijo de Dios, baja de la cruz”. También se burlaban de Él los sumos sacerdotes, los escribas y los ancianos, diciendo: “Ha salvado a otros y no puede salvarse a sí mismo. Si es el rey de Israel, que baje de la cruz y creeremos en Él. Ha puesto su confianza en Dios, que Dios lo salve ahora, si es que de verdad lo ama, pues Él ha dicho: ‘Soy el Hijo de Dios’ “. Hasta los ladrones que estaban crucificados a su lado lo injuriaban.

Desde el mediodía hasta las tres de la tarde, se oscureció toda aquella tierra. Y alrededor de las tres, Jesús exclamó con fuerte voz: “Elí, Elí, ¿lemá sabactaní?”, que quiere decir: “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?”. Algunos de los presentes, al oírlo, decían: “Está llamando a Elías”.

Enseguida uno de ellos fue corriendo a tomar una esponja, la empapó en vinagre y sujetándola a una caña, le ofreció de beber. Pero los otros le dijeron: “Déjalo. Vamos a ver si viene Elías a salvarlo”. Entonces Jesús, dando de  nuevo un fuerte grito, expiró.

Entonces el velo del templo se rasgó en dos partes, de arriba a abajo, la tierra tembló y las rocas se partieron. Se abrieron los sepulcros y resucitaron muchos justos que habían muerto, y después de la resurrección de Jesús, entraron en la ciudad santa y se aparecieron a mucha gente. Por su parte, el oficial y los que estaban con él custodiando a Jesús, al ver el terremoto y las cosas que ocurrían, se llenaron de un gran temor y dijeron: “Verdaderamente éste era Hijo de Dios”.

Palabra del Señor. Gloria a ti, Señor Jesús.

REFLEXIÓN:

  • “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?
  • Más que una frase del salmo 22 que dice Jesús, es una frase de Jesús que dice el salmo 22. Un abandono real para la humanidad de Jesús, porque Dios la deja en su estado sin intervenir. Abandono irreal para su divinidad, porque Jesús, siendo Dios, es Uno con el Padre y con el Espíritu Santo.
  • “Midiendo todo el mal de volver la espalda a Dios contenido en el pecado, Cristo, mediante la profundidad divina de la unión filial con el Padre, percibe de un modo humanamente inexplicable este sufrimiento que es la separación, el rechazo del Padre, la ruptura con Dios” (Juan Pablo II. Salvifici Doloris, 18) .
  • Y es entonces en este dolor-amor de la pasión, de la soledad de Jesús, de su dolor físico pero sobre todo de su dolor espiritual, en la experiencia de sentirse completamente abandonado, y clavado en la cruz, como Dios ha vencido todo el mal: sólo el ha podido llenar todo vacío, iluminar toda tiniebla, borrar todo pecado, y acompañar toda soledad. También todos mis vacíos, mis oscuridades, mis pecados, y mi soledad”.
  • Porque, como explica San Ireneo, tuvo que “hacer suyo” todo eso para salvarlo, tuvo que asumirlo, que sufrirlo, que experimentarlo, tuvo que bajar a los infiernos para rescatarnos del infierno. Y no podríamos hacer nada sin él, sin su amor desde la cruz, sin su mirada desde la cruz:
  • “Sería como para morirse si no pudiéramos dirigir nuestra mirada a ti, que conviertes, como por encanto, toda amargura en dulzura; a ti, sobre la cruz, en tu grito, en la más alta suspensión, en la inactividad absoluta, en la muerte viva, cuando hecho frío, arrojaste todo fuego sobre la tierra y, hecho inmovilidad infinita, arrojaste tu vida infinita sobre nosotros, que ahora la vivimos con embriaguez. nos basta vernos semejantes a tí, al menos un poco, y unir nuestro dolor al tuyo y ofrecerlo al Padre.
    • Para que tuviéramos la luz, se nubló tu vista.
    • Para que tuviéramos la unión, probaste la separación del Padre.
    • Para que poseyéramos la sabiduría, te hiciste “ignorancia”.
    • Para que nos revistiéramos de inocencia, te hiciste “pecado”.
    • Para que esperáramos, sentiste la desesperación.
    • Para que Dios estuviera en nosotros, lo experimentaste alejado de ti”

(Chiara Lubich).

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