PRESENTACIÓN DEL LIBRO «EL LEGADO DEL PAPA FRANCISCO»
«La hoja de ruta para la Iglesia de León XIV sigue siendo la del Papa Francisco», explicó el autor del libro «El legado del Papa Francisco» en la presentación del mismo, en la sala de prensa de la Delegación de Medios de Comunicación del Arzobispado de Madrid el pasado 18 de marzo de 2026. En la presentación, junto al autor del libro, Manuel María Bru Alonso, intervinieron Cristina Sánchez, directora del Semanario Alfa y Omega, Ana Idalgo, de la Editorial Ciudad Nueva, y Monseñor Vicente Martín, obispo auxiliar de Madrid.
En el Semanario Alfa y Omega se publicó esa misma noche la noticia del acto:
A continuación compartimos el video con la transmisión en directo de esta presentación, y el texto de la intervención del autor:
INTERVENCIÓN DEL AUTOR EN LA PRESENTACIÓN DEL LIBRO:
“EL LEGADO DEL PAPA FRANCISCO”
Quiero aprovechar esta presentación para desarrollar una indicación que hago en la introducción del libro, que a su vez me sirve para proponer unas claves de lectura, no sólo del libro, que no deja de ser sólo una breve síntesis, sino del legado del Papa Francisco en toda su dimensión.
La indicación que ahora os explico es para mí como una especie de “obsesión eclesial”, convencido de que esconde una verdad hermenéutica fundamental para entender no sólo el devenir de la Iglesia contemporánea, sino el misterio mismo de la Iglesia, como Iglesia-comunión.
¿A qué indicación me refiero? A la de que entre los sucesores de Pedro (dado que en sana teología del misterio petrino no se suceden unos a otros, sino que cada uno es sucesor de Pedro), no se dan ni rupturas ni cambios bruscos en el servicio de llevar el timón de la barca de la Iglesia, sino que se da siempre “continuidad en la novedad” y “novedad en la continuidad”.
Y confieso que es como una especie de obsesión personal, como testigo atento de la realidad con mirada tanto eclesial como periodística de la Iglesia hoy, porque en el libro que publique hace tres años sobre la Nueva Evangelización, que a diferencia de éste es un ladrillo pero no por eso menos interesante y provocativo, explique y creo humildemente que demostré que entre San Juan Pablo II, Benedicto XVI y el Papa Francisco, en relación explícita a la cuestión de la manera de enfocar y promover la Nueva Evangelizar, se una perfecta “continuidad en la novedad” y “novedad en la continuidad”.
¿Y qué claves hermenéuticas derivadas podemos deducir de esta gran clave hermenéutica para no sólo sintetizar sino también escudriñar el legado personal y magisterial del Papa Francisco? Se me ocurren unas cuantas, que en absoluto cerrarían una posible lista más larga:
A/ Empecemos por tres claves de la “continuidad en la novedad”
1º/ Es el legado de un Papa destronado
Es el legado de un Papa llano, natural, que, como sus precedentes inmediatos renuncio clara, expresa y rotundamente no sólo a los honres y prebendas del pontificado en otras épocas, sino a todo signo de boato y distinción. Desde San Juan XIII cada uno fue liberándose de todo tipo de tradiciones, adornos y gestos:
- San Juan XXIII de una pose principesca: fue el párroco del mundo, con la imagen y el talante de un párroco local campechano y desenfadado.
- San Pablo VI despojado del formalismo clerical y del lenguaje eclesiástico. ¿Fue providencial que no fuera educado en un seminario de la época?
- San Juan Pablo II de todo hieratismo y compostura: espontaneo y desafiante.
- Benedicto XVI, aunque un poco barroco como buen bávaro, decretó la extinción de todos los títulos nobiliarios del papado.
- Y Francisco, es verdad, en esto fue radical e intransigente: ya en la misa de inicio de su ministerio pontificio no quiso ponerse la casulla engalanada que tenía preparada, sino la suya de lana sin dibujo, en un llamativo contraste con la que llevaban todos los obispos concelebrantes.
2º/ Es el legado de un Papa misionero con una mirada universal:
- que mira a la Iglesia es como iglesia en salida, que vive para la misión (más que una Iglesia que envía a la misión, es una misión que tira de la Iglesia),
- y que mira a la humanidad más allá de la Iglesia, llamada a la fraternidad universal, donde entran todos los pueblos, todos los credos, todas las culturas, todos los hombres.
Esta mirada ya la tenían San Juan XXIII, San Pablo VI y San Juan Pablo II y Benedicto XVI. Cada uno a su manera, con sus prioridades y modelos propios de llevarlo a cabo:
- Para San Juan XXIII y San Pablo VI era la Iglesia aggionada por el Concilio, y volcada al diálogo con el mundo de hoy.
- Para San Juan Pablo II la Iglesia que necesitaba de una nueva evangelización, en su ardor, en sus métodos y en sus expresiones.
- Para Benedicto XVI una Iglesia “atrio de los gentiles” que sentase en la misma mesa a creyentes y no creyentes para buscar juntos la verdad, el bien y la belleza del ser humano.
3º/ En definitiva, es el legado de un Papa conciliar
Desde que San Juan XXIII convocase en Concilio Vaticano II, para “dejar que entrará aire fresco en la Iglesia”, y sobre todo desde que San Pablo VI concluyese el Concilio Vaticano II, inventando la fórmula de las asambleas sinodales para darle continuidad formal y de algún modo que éste concilio no acabase, tanto San Juan Pablo II como Benedicto XVI y Francisco fueron entusiastas convencidos y comprometidos con la gran reforma conciliar, que cambio el modo de mirarse la Iglesia a si misma y de mirar al mundo actual.
B/ Continuamos con otras tres claves de la “novedad en la continuidad”:
1º/ Es el legado de un Papa americano, del primer papa americano:
Como todos bien sabemos, la incontestable e inabarcable novedad del Concilio Vaticano dio pie a un posconcilio, en el que el mayoritario desarrollo ordenado y auténtico del mismo, el de la letra y el espíritu de los textos conciliares, estuvo acompañado de minoritarios planteamientos, experiencias y procesos perturbadores, ya fueran como “huidas hacia delante”, ya fueran como rechazo del Concilio y vuelta nostálgica a posicionamientos integristas.
En este contexto, la Iglesia en América, y más específicamente la Iglesia en los pueblos iberoamericanos, tuvo un despunte especial. Lo más recurrente al hablar del posconcilio en América es referirse a la teología de la liberación, o con más precisión, a las diversas teologías de la liberación, y no al profundo desarrollo de una doctrina y de un impulso previo, que tuvo su máxima expresión en los documentos de las diversas conferencias del episcopado latinoamericano y del Caribe (Medellín en el 68, Puebla en el 79, Santo Domingo en el 92, y Aparecida en 2007), que no sólo desarrollaron la teología de la opción preferencial por los pobres, sino que acertaron a formular toda una suerte de desafíos y criterios para la evangelización validos y validados por la Iglesia universal.
Pero exceptuando algunos teólogos españoles, el resto de la Iglesia no percibió la importancia no sólo de aquellos documentos, sino del movimiento de renovación misionera que los acompañaba. Digo yo, sin pretender interpretar los soplos del Espíritu Santo, que la elección hace 13 años del Papa Francisco y hace un año del Papa León XIV, parecen hacer justicia y, sobre todo, provocar en la Iglesia europea en primer lugar, y en el resto de los continentes por añadidura (en el contexto de sus particularidades sociales y culturales), un aprendizaje del movimiento latinoamericano.
Dos papas venidos de América, con dos trayectorias de perfecto encaje con la iglesia europeo y continental (uno de Buenos Aires, la ciudad americana más europea, y otro de Chicago, pero curtido en la Iglesia misionera peruana), están suponiendo una “novedad en la continuidad” sin precedentes y cuyas consecuencias providenciales para el bien de la Iglesia y su diálogo con el mundo son imparables e impredecibles.
2º/ Es el legado de un Papa jesuita:
Pocos días después de ser elegido el Cardenal Bergoglio sucesor de Pedro, el 13 de marzo de 2013, en la Fundación Crónica Blanca tuvimos un buen grupo de periodistas una cena con el cardenal Carlos Amigo, también ya fallecido, y tal vez el mejor amigo español entonces del cardenal Bergoglio. Le preguntamos por la personalidad del nuevo Papa y nos dijo: esencialmente es jesuita. Y como tal tened en cuenta que hay dos palabras que van a marcar su pontificado: discernimiento y determinación.
Sobra explicar que dio en el clavo: puso a la Iglesia patas arriba en un proceso de discernimiento sinodal sin precedentes, y fue determinante y contundente con no pocas llamadas proféticas, para algunos sectores ideologizados escandalosas, como la del “doble descarte”, el eclesial y el social, consistente:
- En la denuncia de los filtros y cerrojos con los que no dejamos entrar a muchos en la Iglesia.
- Y en la denuncia social de los muros y alambradas con los que nos empeñamos en frenar la entrada de muchos migrantes que huyen de la persecución ética, política y económica en los países más desarrollados.
3º/ Es el legado de un Papa innovador:
De este legado del Papa Francisco como papa innovador va este libro precisamente. La elección de 15 propuestas para reformar la iglesia y cambiar el mundo, presentados a través de conceptos suyos a su vez novedosos, y ordenados, como nos decía monseñor Vicente Martín, en la clásica triada “Dios, Iglesia, mundo”, pretenden precisamente mostrar la novedad del legado magisterial (inseparable de personal y testimonial) del Papa Francisco. No me detengo en ninguno de ellos, no vaya a ser que no leáis el libro porque os lo haya resumido en esta presentación.
Pero sí quiero, por último, para entender mejor la “novedad en la continuidad” del pontificado del Papa Francisco, comentaros este concepto de “Papa innovador” en relación de continuidad con sus predecesores.
A las puertas del Conclave en el que fue elegido León XIV, muchos se preguntaban si el nuevo Papa sería conservador o progresista. Es consabido que este dualismo es del todo inapropiado. Aun así, Andrea Riccardi, fundador de la Comunidad de San Egidio e historiador de la Iglesia, dijo que en aquel Conclave todos estaban de acuerdo en continuar con las reformas emprendidas por el Papa Francisco, pero que, de aglutinar a los cardenales en dos talantes distintos, que ya es mucho simplificar, algunos parecían más proclives a establecer y consolidar esas reformas (“consolidadores”), mientras otros lo estarían en emprender otras nuevas y acometer nuevos desafíos (“innovadores”).
Si escrutamos la historia reciente desde este posible misterioso “patrón”, podríamos decir que, siempre en la convergencia entre novedad y continuidad, Francisco fue, con respecto a Benedicto XVI, un innovador, como San Juan XIII lo fue con respecto a Pío XII, y San Juan Pablo II con respecto a San Pablo VI. Demos o no por válida esta paradoja histórica, cabe preguntarse, como modestamente tuve la ocasión de proponer en la transmisión de la noticia de la elección de Robert Prevost como Papa León XIV, que este Papa sería, por su biografía y por su estilo, y sin romper dicha paradoja histórica, un papa consolidador de las reformas del innovador Papa Francisco, sin desdeñar sus propias decisivas y determinantes propuestas personales que ya ha comenzado a realizar.
Cuento en la introducción del libro que, dirigiéndose a los cardenales convocados en el consistorio de hace pocos meses, León XIV les dijo que su hoja de ruta para la Iglesia hoy seguía siendo Evangelii gaudium del Papa Francisco, cuya aplicación aún estamos muy lejos de haber realizado en la Iglesia. Lo digo en la introducción del libro y lo digo en esta presentación, por si alguno tiene la tentación de pensar que el legado del Papa Francisco pertenece al pasado, cuando la realidad está vivo y coleando en este nuevo tiempo de la vida de la Iglesia con el pontificado de León XIV.
Manuel María Bru Alonso.
Autor del libro “El legado del Papa Francisco. Quince propuestas para reformar la Iglesia y cambiar el mundo”, de la Editorial Ciudad Nueva










