¿Cómo podemos presentar la catequesis de manera que se perciba como un bien deseable y una propuesta valiosa y transformadora, incluso para quienes se encuentran alejados de la fe o muestran indiferencia, evitando que sea vista simplemente como un trámite impuesto?”

A través de una catequesis no directiva:

La renovación de la catequesis pasa por el cambio que se da entre una comunicación en la que el catequista explica y el catecúmeno, en el mejor de los casos, entiende y aprende, y una comunicación en la que:

  • El catequista provoca las cuestiones más vitales y el catecúmeno permite que se despierten en él inquietudes hasta ahora latentes (pre-catequesis).
  • El catequista propone una vida nueva y el catecúmeno la acoge paulatinamente (catequesis kerigmática).
  • El catequista acompaña (de la mano) hacía el Misterio y el catecúmeno se asombra ante él (catequesis mistagógica).

Se trata de una clara opción pedagógica que se fundamenta en la distinción que existe entre el estilo directivo y el estilo “facilitador” o no directivo en el acompañamiento personal y grupal:

  • El estilo directivo suele ir acompañado de la imposición de las ideas de la fe y de la moral como indiscutibles basándose en que el interlocutor de la catequesis viene a ser instruido en una fe y en una manera de entender la vida porque ya él o sus padres han aceptado de ante mano y sin ninguna duda esos presupuestos.
  • Del estilo facilitador deviene una catequesis que escucha, que no da nada por hecho, ni asumido, ni vivido por el catecúmeno o catequizando, sino que a partir de su realidad personal se le ofrecen pistas que le sirvan para ponerse en actitud de búsqueda, y se le ofrecen respuestas solo a las preguntas que explícita o implícitamente se haga.