¿Cómo podemos implicar más a la comunidad parroquial para que surjan nuevos catequistas que aseguren la continuidad de la catequesis?

Hablar de los grupos en la catequesis nunca puede llevarnos a obviar el grupo primario básico en el que se integran todos los grupos, es decir, la comunidad cristiana, que “es el sujeto principal de la catequesis”.

Podemos por tanto decir que los catecúmenos y catequizandos se inician en la fe y la vida cristiana iniciándose en la fe y la vida de la Iglesia concreta, de la comunidad cristiana concreta. Esto significa que no podemos hablar de una pastoral de infancia, de adolecentes, de jóvenes, o de adultos, separada de la iniciación cristiana de niños, adolescentes, jóvenes y adultos. Y viceversa. Y esto tiene consecuencias prácticas ineludibles:

  • Que la catequesis (y el grupo de catequistas) no puede ser una realidad parroquial separada del resto de las acciones pastorales de la parroquia, sino que la catequesis, y por tanto su programación y sus actividades, deben conducir a todos y cada uno de los ámbitos de la vida parroquial y debe integrarse en ellos.
  • Que la catequesis debe adaptarse en cada parroquia a la idiosincrasia de la comunidad en la que se establece. Tanto a la idiosincrasia sociológica y cultural donde se evangeliza, incluida la realidad social de las familias de sus implicados, como su idiosincrasia eclesial.
  • Y también que esta catequesis, en el contexto sociológico y cultural, pero sobre todo pastoral de la parroquia, ha de ser flexible en sus programaciones y en la administración de los recursos catequéticos a sus destinatarios, que forman parte directamente de esos contextos.

Conclusión: tan importantes para el proceso de iniciación cristiana son las catequesis (las sesiones de catequesis) como todas las propuestas de pastoral de infancia, adolescencia y juventud de la parroquia: convivencias de fin de semana, campamentos de verano, capos de trabajo, excursiones, ligas deportivas, etc…