1º DOMINGO CUARESMA ciclo A (22 febrero 2026): CONQUISTAR LA LIBERTAD

Acojamos el don de la Palabra de Dios de este primer domingo de cuaresma. Nos hablan de ti y de mí, del hombre, del misterio del ser humano:

  • Decían los filósofos griegos que si quieres conocer el significado de algo, conoce su origen. En el libro del Génesis barruntamos la génesis de toda la creación, sobre todo la génesis del hombre: ser creatura, no creador. Pero ser creatura libre, y por tanto capaz de dejarse llevar por la tentación de querer ser igual que el Creador.
  • En el salmo 50 reconocemos otra característica del ser humano: el pecado. En el Salmo Miserere, atribuido al rey David con ocasión de su doble pecado de adulterio y homicidio: Contra ti -dice David, dirigiéndose a Dios-, contra ti sólo pequé. Decía Benedicto XVI que “si se elimina a Dios del horizonte del mundo, no se puede hablar de pecado. Al igual que cuando se oculta el sol desaparecen las sombras, del mismo modo el eclipse de Dios conlleva necesariamente el eclipse del sentido del pecado.
  • De la carta de Pablo a los Romanos encontramos el valor de nuestra justificación: no son nuestras disculpas, ni siquiera sólo automáticamente nuestro arrepentimiento, lo que nos justifica ante Dios, sino el amor manifestado por su Hijo, que se hizo pecado para librarnos del pecado. Esto significa la redención: el justo se cambia por el pecador, el libre se hace esclavo para liberar al esclavo, Dios sufre, en nuestro lugar, el dolor que infringe nuestro pecado.
  • Y el relato en el Evangelio de Lucas de las tentaciones de Jesús en el desierto, nos muestra como Él se ha hecho uno en todo con nosotros. No en el pecado, pero si en la experiencia de ser tentado por el maligno.

El camino engañoso que el maligno pretende probar con Jesús, dada su naturaleza humana (hombre en todo, como nosotros) es el mismo que el que recorre, día a día, cuando pretende confundirnos a todos: nos muestra la mentira con forma de verdad, y la maldad con forma de bondad.

  • La 1ª es la tentación para arruinar nuestra relación con las cosas, la tentación de la avaricia frente a la virtud de la conformidad, pero desde el engaño. El maligno no nos pide, hasta que nos hayamos habituado a ser avaros, “tener por tener”, sino “tener por ser capaces de tener”: ¿Por qué contenernos con menos cuando podemos aspirar a más?…
  • La 2ª es la tentación de arruinar nuestra relación con los demás, la tentación del poder frente a la virtud del servicio, también desde el engaño. El maligno no pretende que nos hagamos despóticos (y cada uno puede serlo en su pequeño ámbito de poder), eligiendo de partida ser egoístas dominantes, sino haciéndonos creer que sólo imponiéndonos a los demás mejoraremos las cosas.
  • La 3ª es la tentación de arruinar nuestra relación con nosotros mismos, la tentación de la preocupación del aparentar frente al ser. El maligno no empezará por hacernos esclavos de nuestra imagen, pero si intentará que nos preocupe por exceso que nos malentiendan, sin conocer nuestra buena intención, nuestro buen corazón.
  • Las tres tentaciones al final buscan quebrar nuestra relación con Dios: acumularé riquezas si no tengo a Dios como riqueza; dominaré a los demás sino tengo claro que estoy aquí para servir; y seré esclavo de mi imagen si fundamento mi identidad al margen de como Dios me vea.

¿Es posible tomar decisiones libres venciendo estas tres tentaciones? Si: todos los días, una por una. Basta sonreír en los desiertos de la vida y decir: “Tu eres Señor mi único bien”. Como hizo un buen día el Papa Benedicto XVI que, tras ocho años de pontificado, renunció porque no se veía con fuerzas para seguir: libre de la tentación del tener (y nadie tenía más sabiduría que él), libre de la tentación del poder (ni siquiera del poder para cambiar las cosas para bien), libre de la tentación del “qué dirán” (a sabiendas de tomar una decisión inaudita). Pero confiado en el Señor: “Tu eres Señor mi único bien”.

  • Y cuando a ti y a mi nos vengan tentaciones y desánimos, respondamos de inmediato: “Tu eres Señor mi único bien”.

Manuel María Bru Alonso. Delegado Episcopal de Catequesis de la Archidiócesis de Madrid.