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	<title>La Palabra del Domingo | Delegación de Catequesis</title>
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	<title>La Palabra del Domingo | Delegación de Catequesis</title>
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		<title>TERCER DOMINGO DE PASCUA (CICLO A): Las presencias del Resucitado</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Teresa Abad]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 17 Apr 2026 07:35:26 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[La Palabra del Domingo]]></category>
		<category><![CDATA[TERCER DOMINGO DE PASCUA (CICLO A)]]></category>
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					<description><![CDATA[<p><img width="220" height="144" src="https://catequesis.archimadrid.es/wp-content/uploads/2017/04/emaus-220x144.jpeg" class="attachment-post-thumbnail size-post-thumbnail wp-post-image" alt="" decoding="async" data-attachment-id="1444" data-permalink="https://catequesis.archimadrid.es/las-presencias-del-resucitado/emaus/" data-orig-file="https://i0.wp.com/catequesis.archimadrid.es/wp-content/uploads/2017/04/emaus.jpeg?fit=350%2C144&amp;ssl=1" data-orig-size="350,144" data-comments-opened="1" data-image-meta="{&quot;aperture&quot;:&quot;0&quot;,&quot;credit&quot;:&quot;&quot;,&quot;camera&quot;:&quot;&quot;,&quot;caption&quot;:&quot;&quot;,&quot;created_timestamp&quot;:&quot;0&quot;,&quot;copyright&quot;:&quot;&quot;,&quot;focal_length&quot;:&quot;0&quot;,&quot;iso&quot;:&quot;0&quot;,&quot;shutter_speed&quot;:&quot;0&quot;,&quot;title&quot;:&quot;&quot;,&quot;orientation&quot;:&quot;0&quot;}" data-image-title="emaus" data-image-description="" data-image-caption="" data-large-file="https://i0.wp.com/catequesis.archimadrid.es/wp-content/uploads/2017/04/emaus.jpeg?fit=350%2C144&amp;ssl=1" /></p>“Todo es nuestro, nosotros de Cristo, y Cristo de Dios” (1 Cor. 3, 21-33). Aunque esta frase de San Pablo no esté en la liturgia de la Palabra de este domingo, resume perfectamente las lecturas que hemos escuchado:  Porque en los Hechos de los Apóstoles la proclamación pública que estos hacen en Jerusalén de la [&#8230;]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><img width="220" height="144" src="https://catequesis.archimadrid.es/wp-content/uploads/2017/04/emaus-220x144.jpeg" class="attachment-post-thumbnail size-post-thumbnail wp-post-image" alt="" decoding="async" data-attachment-id="1444" data-permalink="https://catequesis.archimadrid.es/las-presencias-del-resucitado/emaus/" data-orig-file="https://i0.wp.com/catequesis.archimadrid.es/wp-content/uploads/2017/04/emaus.jpeg?fit=350%2C144&amp;ssl=1" data-orig-size="350,144" data-comments-opened="1" data-image-meta="{&quot;aperture&quot;:&quot;0&quot;,&quot;credit&quot;:&quot;&quot;,&quot;camera&quot;:&quot;&quot;,&quot;caption&quot;:&quot;&quot;,&quot;created_timestamp&quot;:&quot;0&quot;,&quot;copyright&quot;:&quot;&quot;,&quot;focal_length&quot;:&quot;0&quot;,&quot;iso&quot;:&quot;0&quot;,&quot;shutter_speed&quot;:&quot;0&quot;,&quot;title&quot;:&quot;&quot;,&quot;orientation&quot;:&quot;0&quot;}" data-image-title="emaus" data-image-description="" data-image-caption="" data-large-file="https://i0.wp.com/catequesis.archimadrid.es/wp-content/uploads/2017/04/emaus.jpeg?fit=350%2C144&amp;ssl=1" /></p><p><span style="color: #000000;"><strong>“Todo es nuestro, nosotros de Cristo, y Cristo de Dios” (1 Cor. 3, 21-33). </strong>Aunque esta frase de San Pablo no esté en la liturgia de la Palabra de este domingo, resume perfectamente las lecturas que hemos escuchado:<strong> </strong></span></p>
<ul>
<li><span style="color: #000000;"><strong>Porque en los Hechos de los Apóstoles </strong>la proclamación pública que estos hacen en Jerusalén de la <strong>Resurrección va unida a la suerte de todos, </strong>según crean o no crean en él, pues para todos Cristo es el <strong>“hombre acredito ante vosotros”</strong>, que ahora <strong>rompió las ataduras de la muerte.</strong></span></li>
<li><span style="color: #000000;"><strong>Porque con el salmo 15 </strong>confiamos en Él y sólo en Él de tal modo que sólo Él <strong>nos enseñara el sendero de la vida,</strong> y sólo él es <strong>“nuestro único bien”.</strong></span></li>
<li><span style="color: #000000;"><strong>Porque en la primera carta San Pedro </strong>nos recuerda que<strong> “fuimos comparados a precio de la sangre de Cristo” </strong>y que es por Él por lo que<strong> “creemos en Dios” </strong>y hemos puesto en él<strong> “nuestra esperanza”.</strong></span></li>
<li><span style="color: #000000;"><strong>Y porque Jesús, en el Evangelio de Emaus, </strong>nos muestra que él no nos ha abandonado a nuestra suerte, que quien nos prometió que estaría todos los días con nosotros,<strong> sale permanentemente a nuestro encuentro.</strong></span></li>
</ul>
<p><span style="color: #000000;"><strong>¿Y cómo lo hace, como sale el Resucitado a nuestro encuentro? </strong>A través de sus cuatro principales presencias:<strong> en su palabra, en el hermano, en medio de nosotros, y en la eucaristía:</strong></span></p>
<ul>
<li><span style="color: #000000;"><strong>Jesús Palabra: Cada vez que</strong> <strong>los cristianos escuchamos la Palabra de Dios, es Él quien se hace el encontradizo</strong> y, como con los discípulos de <strong>Emaús</strong>, sentimos: “<strong>No ardía nuestro corazón cuando mientras nos hablaba por el camino y nos explicaba las Escrituras”.</strong></span></li>
<li><span style="color: #000000;"><strong>Jesús en el hermano: Cada vez </strong>que en la encrucijada de nuestra vida, y esto pasa todos los días, encontramos a alguien, sea quien sea, y nos pide algo, reconocemos a Jesús como con los discípulos de <strong>Emaús</strong> y queremos que se quede con nosotros: <strong>“Quédate con nosotros porque atardece y el día va de caída”. </strong></span></li>
<li><span style="color: #000000;"><strong>Jesús en medio: </strong>Cada vez que los cristianos<strong> estamos unidos entre nosotros, por el amor recíproco, </strong>Él se hace presente en medio de nosotros, tal y como nos lo prometió:<strong> “Donde dos o tres estén reunidos (unidos) en mi nombre, yo estoy en medio de ellos” </strong>(Mt. 18, 20). En familia, con los amigos, con los compañeros de trabajo… Él se hace presente y nos da su paz, su sabiduría, todos los dones del Espíritu Santo.</span></li>
<li><span style="color: #000000;"><strong>Jesús Eucaristía: </strong>Y cada vez que cumplimos el “haced esto en memoria mía”, <strong>nos unimos a celebrar la Eucaristía,</strong> además de estar presente en su palabra, en el hermano que esta a nuestro lado, y en medio de nosotros, <strong>nos regala una presencia muy especial,</strong> como en Emaus, que suscita en nosotros el mismo testimonio: <strong>“lo reconocieron al partir el pan”.</strong></span></li>
</ul>
<p><span style="color: #000000;"><strong>Estas cuatro presencias de Jesús</strong> <strong>sostienen la unidad de la Iglesia, </strong>la unidad pedida por Cristo al Padre en Getsemaní: <strong>“Padre, que todos sean uno, para que el mundo crea” </strong>(Jn. 17, 20). <strong>Un ejemplo preclaro del don de la unidad</strong> lo encontramos en aquellos <strong>seminaristas ruandeses,</strong> alimentados por las cuatro presencias de Jesús, que <strong>San Juan Pablo II llamó “los mártires de la unidad”.</strong> ¿Conocéis su historia? <strong>En el genocidio de Ruanda, entre <em>hutus </em>y<em> tutsis</em>,</strong> en el <strong>seminario menor de Buta</strong> había alumnos de las dos etnias. <strong>Tres supervivientes, hoy sacerdotes, lo cuentan así:</strong></span></p>
<ul>
<li><span style="color: #000000;"><em>Oíamos las cosas que sucedían por todas partes pero esto no nos desanimaba. Ayudados por nuestros educadores y por el Espíritu de Dios, tratábamos de vivir en unidad y en fraternidad. Leíamos el Evangelio y lo poníamos en práctica. El 29 de abril de 1997 los rebeldes avanzaron hacia nuestra casa. ¿Cómo comportarnos en caso de ataque? Juntos, nos dijimos: Permaneceremos unidos.A la mañana siguiente irrumpieron en nuestro dormitorio. Empezaron a disparar sin control, gritando: ¡Los hutus a un lado y los tutsi al otro! Rechazamos dividirnos. Permanecimos juntos”.</em></span></li>
<li><span style="color: #000000;"><em>“A mi me hirieron en seguida con un disparo en la pierna derecha. Acabé debajo de una cama. De repente una gran explosión: habían lanzado una granada en medio de nosotros. De golpe murieron más de 30 chicos. Continuaron disparando incluso entre los muertos  y yo fui herido por otras balas. En medio de este infierno,   mis compañeros morían, diciendo: Dios, Padre nuestro, perdónales porque no saben lo que hacen.7 años después he vuelto a ver a estos rebeldes en la parroquia. El Señor me ha dado la gracia de perdonar a quienes nos habían disparado”.</em></span></li>
<li><span style="color: #000000;"><em>“Nunca olvidaré lo que me dijo uno de los 40 chicos asesinados dos minutos antes de morir: ¡Debemos permanecer unidos! Hoy todavía esta frase, para mí, es como un testamento”.</em></span></li>
</ul>
<p style="text-align: right;"><strong><span style="color: #000000;">Manuel Mª Bru, delegado episcopal de Cultura</span></strong></p>
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		<title>SEGUNDO DOMINGO DE PASCUA (CICLO A): TODO CAMBIA </title>
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		<dc:creator><![CDATA[Teresa Abad]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 10 Apr 2026 11:36:30 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[La Palabra del Domingo]]></category>
		<category><![CDATA[Domingo de la Misericordia]]></category>
		<category><![CDATA[HABLA EL CORAZÓN]]></category>
		<category><![CDATA[HABLA LA PALABRA]]></category>
		<category><![CDATA[HABLA LA VIDA]]></category>
		<category><![CDATA[Manuel María Bru Alonso. Delegado episcopal de Cultura de la Archidiócesis de Madrid.]]></category>
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					<description><![CDATA[<p><img width="900" height="500" src="https://catequesis.archimadrid.es/wp-content/uploads/2024/04/DivinaMisericordia_2DomingoPascua.jpg.webp" class="attachment-post-thumbnail size-post-thumbnail wp-post-image" alt="" decoding="async" loading="lazy" srcset="https://i0.wp.com/catequesis.archimadrid.es/wp-content/uploads/2024/04/DivinaMisericordia_2DomingoPascua.jpg.webp?w=900&amp;ssl=1 900w, https://i0.wp.com/catequesis.archimadrid.es/wp-content/uploads/2024/04/DivinaMisericordia_2DomingoPascua.jpg.webp?resize=300%2C167&amp;ssl=1 300w, https://i0.wp.com/catequesis.archimadrid.es/wp-content/uploads/2024/04/DivinaMisericordia_2DomingoPascua.jpg.webp?resize=768%2C427&amp;ssl=1 768w" sizes="(max-width: 900px) 100vw, 900px" data-attachment-id="18657" data-permalink="https://catequesis.archimadrid.es/segundo-domingo-de-pascua-b-domingo-de-la-misericordia/divinamisericordia_2domingopascua-jpg/" data-orig-file="https://i0.wp.com/catequesis.archimadrid.es/wp-content/uploads/2024/04/DivinaMisericordia_2DomingoPascua.jpg.webp?fit=900%2C500&amp;ssl=1" data-orig-size="900,500" data-comments-opened="1" data-image-meta="{&quot;aperture&quot;:&quot;0&quot;,&quot;credit&quot;:&quot;&quot;,&quot;camera&quot;:&quot;&quot;,&quot;caption&quot;:&quot;&quot;,&quot;created_timestamp&quot;:&quot;0&quot;,&quot;copyright&quot;:&quot;&quot;,&quot;focal_length&quot;:&quot;0&quot;,&quot;iso&quot;:&quot;0&quot;,&quot;shutter_speed&quot;:&quot;0&quot;,&quot;title&quot;:&quot;&quot;,&quot;orientation&quot;:&quot;0&quot;}" data-image-title="DivinaMisericordia_2DomingoPascua.jpg" data-image-description="" data-image-caption="" data-large-file="https://i0.wp.com/catequesis.archimadrid.es/wp-content/uploads/2024/04/DivinaMisericordia_2DomingoPascua.jpg.webp?fit=900%2C500&amp;ssl=1" /></p>Hechos 2,42-47; Pedro 1,3-9; Juan 20,19-31 HABLA LA PALABRA: Salir en la foto ¿Qué nos dice la Palabra de Dios de este 2º domingo de Pascua, que San Juan Pablo II proclamó como Domingo de la Misericordia? Los Hechos de los Apóstoles nos dan las constantes de la vida de la Iglesia: La “enseñanza de [&#8230;]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><span style="color: #000000;"><em>Hechos 2,42-47; Pedro 1,3-9; Juan 20,19-31</em></span></p>
<p><span style="color: #000000;"><strong>HABLA LA PALABRA: Salir en la foto</strong></span></p>
<p><span style="color: #000000;">¿Qué nos dice la Palabra de Dios de este 2º domingo de Pascua, que San Juan Pablo II proclamó como Domingo de la Misericordia?</span></p>
<p><span style="color: #000000;">Los Hechos de los Apóstoles nos dan las constantes de la vida de la Iglesia:</span></p>
<ul>
<li><span style="color: #000000;">La “enseñanza de los apóstoles”, es decir, en anuncio del Evangelio, por el que “día tras día el Señor iba agregando al grupo de los que se iban salvando”.</span></li>
<li><span style="color: #000000;">La comunión afectiva y efectiva de los bienes, espirituales y materiales (“lo tenían todo en común”)</span></li>
<li><span style="color: #000000;">La celebración de la Eucaristía (la “fracción del pan”) y el culto divino (la oración y los demás sacramentos)</span></li>
<li><span style="color: #000000;">Con el salmo 117 hemos afirmado el sentido más importante del culto católico: “la acción de gracias a Dios porque es bueno, porque es eterna su misericordia”. Eucaristía significa, de hecho, acción de gracias.</span></li>
<li><span style="color: #000000;">El apóstol Pedro en su primera carta nos muestra las señas de identidad del hombre nuevo, es decir, del cristiano: alegrarse en medio del sufrimiento, afrontar las pruebas de la fe, y no cejar en la alabanza a Cristo.</span></li>
<li><span style="color: #000000;">Y el Evangelio nos muestra, a su vez, la imagen, la escena, la fotografía permanente de la vida de la Iglesia, que puede provocar en nosotros una inquietud que, en el lenguaje coloquial plantearíamos así: ¿tu quieres o no quieres salir en la foto, en esta foto?</span></li>
<li><span style="color: #000000;">Es la escena del Resucitado en medio de los Apóstoles, reunidos en el Domingo, día del Señor, para acoger su paz, verificar su triunfo, y ser enviados a humanizar y evangelizar este mundo.</span></li>
</ul>
<p><span style="color: #000000;"><strong>HABLA EL CORAZÓN: La última palabra</strong></span></p>
<p><span style="color: #000000;">¿Qué significa para cada uno de nosotros, y para todos los hombres, que Cristo haya resucitado?</span></p>
<ul>
<li><span style="color: #000000;">Que todos los que escuchen el anuncio del kerigma (“Cristo ha resucitado, y es primicia de la resurrección de quienes sean salvados por él”) están inexorablemente sometidos a tomar una decisión en su vida: o creerlo o no creerlo, porque en ello se dirime, a la postre, el sentido, el valor y el destino de la vida.</span></li>
<li><span style="color: #000000;">Que el Amor de Dios tiene para siempre la última palabra: los cristianos no creemos ni en el sometimiento del mundo al imperio del mal, ni en el absurdo de la dependencia del azar, sino en el triunfo del Amor en la historia, que es de salvación.</span></li>
<li><span style="color: #000000;">Que Cristo Resucitado ha vencido al pecado, al dolor y a la muerte, y los ha convertido en perdón, en esperanza, y en vida eterna.</span></li>
<li><span style="color: #000000;">Que su presencia no nos deja caer en la trampa de la autosuficiencia humana, porque su amor nos persigue en su palabra, en sus sacramentos, y en los hermanos, sobre todo en aquellos en los que vemos más claramente el rostro de su soledad y de su pasión con las que nos redimió.</span></li>
</ul>
<p><span style="color: #000000;"><strong><img data-recalc-dims="1" loading="lazy" decoding="async" data-attachment-id="16511" data-permalink="https://catequesis.archimadrid.es/segundo-domingo-de-pascua-ciclo-a-todo-cambia/juan-xxiii/" data-orig-file="https://i0.wp.com/catequesis.archimadrid.es/wp-content/uploads/2023/04/juan-xxiii.jpeg?fit=750%2C421&amp;ssl=1" data-orig-size="750,421" data-comments-opened="1" data-image-meta="{&quot;aperture&quot;:&quot;0&quot;,&quot;credit&quot;:&quot;&quot;,&quot;camera&quot;:&quot;&quot;,&quot;caption&quot;:&quot;&quot;,&quot;created_timestamp&quot;:&quot;0&quot;,&quot;copyright&quot;:&quot;&quot;,&quot;focal_length&quot;:&quot;0&quot;,&quot;iso&quot;:&quot;0&quot;,&quot;shutter_speed&quot;:&quot;0&quot;,&quot;title&quot;:&quot;&quot;,&quot;orientation&quot;:&quot;0&quot;}" data-image-title="juan-xxiii" data-image-description="" data-image-caption="" data-large-file="https://i0.wp.com/catequesis.archimadrid.es/wp-content/uploads/2023/04/juan-xxiii.jpeg?fit=750%2C421&amp;ssl=1" class="size-medium wp-image-16511 alignleft" src="https://i0.wp.com/catequesis.archimadrid.es/wp-content/uploads/2023/04/juan-xxiii.jpeg?resize=300%2C168&#038;ssl=1" alt="" width="300" height="168" srcset="https://i0.wp.com/catequesis.archimadrid.es/wp-content/uploads/2023/04/juan-xxiii.jpeg?resize=300%2C168&amp;ssl=1 300w, https://i0.wp.com/catequesis.archimadrid.es/wp-content/uploads/2023/04/juan-xxiii.jpeg?resize=600%2C337&amp;ssl=1 600w, https://i0.wp.com/catequesis.archimadrid.es/wp-content/uploads/2023/04/juan-xxiii.jpeg?w=750&amp;ssl=1 750w" sizes="(max-width: 300px) 100vw, 300px" />HABLA LA VIDA:</strong> <em>El Papa bueno  </em></span></p>
<p><span style="color: #000000;">Juan XXII (1881-1963), el Papa bueno, nació en Sotto il Monte (Bérgamo, Italia), de familia numerosa, campesina y piadosa. Muy joven ingresó en el seminario. En 1925 fue consagrado obispo y fue representante de la Santa Sede a Bulgaria, Turquía, Grecia, y Francia. En 1953 Pío XII lo nombró Patriarca de Venecia. Elegido Papa en 1958. Entre sus publicaciones cabe destacar la encíclica <em>Pacem in terris</em>, y entre sus iniciativas el Concilio Vaticano II, que inauguró el 11 de octubre de 1962. A él se le debe, entre otras mediaciones, la que en noviembre de ese mismo año cerró la crisis de Cuba, el peor momento de la guerra fría. Murió en 1963, fue beatificado por Juan Pablo II el año 2000 y canonizado por el Papa Francisco en el 2ª domingo de Pascua de 2014 junto al mismo Juan Pablo II. Monseñor Antonio Montero dijo de él:</span></p>
<p><span style="color: #000000;">“Era un hombre con sentido del humor. Era un hombre capaz de amistad. Era un hombre con ojos abiertos hacia lo bueno de cada hombre. Era un hombre cargado de sentido común. Sobre tal plataforma humana, ideal para un gobernante y más para un pastor de almas, se asentó una vida de fe, cuyas fuentes, rigurosamente evangélicas, fueron las bienaventuranzas y las obras de misericordia. No ha podido ser más simple el mensaje espiritual del Papa Juan: <em>Amaos los unos a los otros, comprendeos los unos a los otros, uníos los unos a los otros”. </em></span></p>
<p><span style="color: #000000;">Entre las miles anécdotas de su vida, cuentan que desde el comienzo de su pontificado, solía pasear un buen rato por los jardines vaticanos. Ante la propuesta de los funcionarios del Vaticano de que «había que hacer algo…, tal vez cerrar la cúpula a los turistas para que no vean el paseo del Papa…», Juan XXIII respondió: «¿Y por qué hay que hacer algo? No se preocupen. Les prometo a ustedes que no haré nada que pueda escandalizarlos». Hay personas que, como San Juan XXIII, sólo con mirarlos, aunque sea en una foto, te alegran el día. ¿Será porque creen en Jesús Resucitado?</span></p>
<p style="text-align: right;"><span style="color: #000000;"><strong>Manuel María Bru Alonso.</strong> Delegado episcopal de Cultura de la Archidiócesis de Madrid.</span></p>
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		<title>5º DOM. CUARESMA ciclo A: (22/03/2026): SAL FUERA</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Manuel María Bru Alonso]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 20 Mar 2026 19:33:10 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[La Palabra del Domingo]]></category>
		<category><![CDATA[(22/03/2026)]]></category>
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		<category><![CDATA[SAL FUERA]]></category>
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										<content:encoded><![CDATA[<p><img width="220" height="150" src="https://catequesis.archimadrid.es/wp-content/uploads/2017/03/RLAZARO-220x150.jpg" class="attachment-post-thumbnail size-post-thumbnail wp-post-image" alt="" decoding="async" loading="lazy" srcset="https://i0.wp.com/catequesis.archimadrid.es/wp-content/uploads/2017/03/RLAZARO.jpg?resize=220%2C150&amp;ssl=1 220w, https://i0.wp.com/catequesis.archimadrid.es/wp-content/uploads/2017/03/RLAZARO.jpg?zoom=2&amp;resize=220%2C150&amp;ssl=1 440w, https://i0.wp.com/catequesis.archimadrid.es/wp-content/uploads/2017/03/RLAZARO.jpg?zoom=3&amp;resize=220%2C150&amp;ssl=1 660w" sizes="(max-width: 220px) 100vw, 220px" data-attachment-id="1303" data-permalink="https://catequesis.archimadrid.es/tu-eres-la-resurreccion-y-la-vida/rlazaro/" data-orig-file="https://i0.wp.com/catequesis.archimadrid.es/wp-content/uploads/2017/03/RLAZARO.jpg?fit=1050%2C763&amp;ssl=1" data-orig-size="1050,763" data-comments-opened="1" data-image-meta="{&quot;aperture&quot;:&quot;0&quot;,&quot;credit&quot;:&quot;&quot;,&quot;camera&quot;:&quot;&quot;,&quot;caption&quot;:&quot;&quot;,&quot;created_timestamp&quot;:&quot;0&quot;,&quot;copyright&quot;:&quot;&quot;,&quot;focal_length&quot;:&quot;0&quot;,&quot;iso&quot;:&quot;0&quot;,&quot;shutter_speed&quot;:&quot;0&quot;,&quot;title&quot;:&quot;&quot;,&quot;orientation&quot;:&quot;0&quot;}" data-image-title="RLAZARO" data-image-description="" data-image-caption="" data-large-file="https://i0.wp.com/catequesis.archimadrid.es/wp-content/uploads/2017/03/RLAZARO.jpg?fit=1024%2C744&amp;ssl=1" /></p><p><span style="color: #000000;"><strong>5º DOM. CUARESMA ciclo A, (22/03/2026), SAL FUERA</strong></span></p>
<p><span style="color: #000000;"><strong>El amor de Dios es una infinita caja de sorpresas:</strong></span></p>
<ul>
<li><span style="color: #000000;"><strong>¡Cuánto debió ser la apertura de Ezequiel al Espíritu de Dios</strong> para llegar a entender y a anunciar que Dios no sólo libera a su pueblo de la esclavitud, no sólo lo protege de sus enemigos, sino que su amor le lleva a abrir los sepulcros para llevar a los hombres a los cielos nuevos y a la tierra nueva!</span></li>
<li><span style="color: #000000;"><strong>¡Cuánta certeza contagia Pablo, en su carta los Romanos,</strong> del poder de la Resurrección de Jesús, por el que el Espíritu de Dios en cada uno de nosotros es semilla de resurrección como la suya!</span></li>
<li><span style="color: #000000;">¡<strong>Y qué humano nos muestra el Evangelio de Juan a Jesús!</strong> Porque si la resurrección de Lázaro es el milagro más sorprendente del poder divino de Jesús, lo que le movió a hacerlo fue su humanidad, su llanto ante la muerte de su amigo, transido por el infinito amor de Dios.</span></li>
</ul>
<p><span style="color: #000000;"><strong>¿Por qué es tan sobrecogedora la resurrección de Lázaro? </strong></span></p>
<ul>
<li><span style="color: #000000;">No es un relato sobrecogedor por lo portentoso del milagro, que no es nada comparado con la promesa de una resurrección eterna, para siempre, ya que lo de Lázaro fue volver a la vida para volver a morir.</span></li>
<li><span style="color: #000000;"><strong>El amor misericordioso de Cristo por todos los hombres, es prenda de un milagro mucho mayor </strong>que, más allá de la razonable inmortalidad del alma, supone la resurrección del hombre entero, cuerpo y alma, glorificado, libre de la corrupción, del sufrimiento, y del desamor.</span></li>
<li><span style="color: #000000;"><strong>El relato de la resurrección de Lázaro es sobrecogedor porque nos revela el verdadero milagro que es el misterio de la Encarnación: </strong></span></li>
<li><span style="color: #000000;"><strong>Por el qué a través de los ojos humanos de Jesús, </strong>Dios ve el mundo que creó y mira a los ojos del hombre que hizo a su imagen y semejanza. Y al verlo es como si le devolviese al hombre su dignidad perdida, o le revelase el misterio insondable de su destino.</span></li>
<li><span style="color: #000000;"><strong>Por el qué con sus manos, Jesús no puede evitar curar a ciegos, a sordos, a paralíticos con solo tocarles,</strong> porque es el amor de Dios quien no puede dejar de compadecerse por cada uno ellos.</span></li>
<li><span style="color: #000000;"><strong>Por el qué a través de su corazón humano, cuando llora, es Dios quien llora en la tierra, </strong>no sólo en esta ocasión, por Lázaro, sino siempre que el hombre sufre, o es despreciado como lo fue él.</span></li>
</ul>
<p><span style="color: #000000;"><strong>Tengo una historia para contaros hoy, por si nos puede ayudar a entender el significado vital de la expresión de Jesús “sal fuera”:</strong></span></p>
<ul>
<li><span style="color: #000000;"><strong>Mao es una joven que perdió una pierna,</strong> víctima de las minas antipersona activas en Camboya desde los años 70 del siglo pasado, donde cada año, se producen más de 300 accidentes, que dejan como secuela horribles mutilaciones como la de Mao, que <strong>vió truncados su sueño de ser bailarina y clamó:</strong> “Señor, te había regalado mi vida. Había decidido bailar para ti. ¿Por qué me has hecho esto?”.</span></li>
<li><span style="color: #000000;"><strong>La obra de caridad de monseñor Kike Figaredo,</strong> consiguió que Mao recuperase la ilusión, acompañándola espiritualmente, pero también a través de la silla de ruedas con tres ruedas que él mismo inventó, y las clases de danza para niñas como ella.</span></li>
<li><span style="color: #000000;"><strong>Son muchos los que, como Mao, se encuentran con el amor de Cristo a través de la ayuda de un sacerdote. </strong>Hoy celebramos el Día del Seminario, con el lema “Deja tus redes… y sígueme”. El Señor sigue llamando hoy a algunos jóvenes a dejar sus seguridades y a confiar en él para servir como sacerdotes. <strong>Y es que los sacerdotes </strong><strong>acompañan duelos, sostienen esperanzas, curan heridas, desatan nudos interiores y anuncian con su vida que la muerte no tiene la última palabra.</strong> En un tiempo de desconfianza, su entrega diaria y silenciosa revela que la alegría más profunda nace de servir.</span></li>
<li><span style="color: #000000;"><strong>Y tú y yo: ¿reconocemos en ellos a la Iglesia que cura heridas y da esperanza?</strong> <strong>¿Compartimos su misión desde el sacerdocio real que todos recibimos en el bautismo?</strong></span></li>
</ul>
<p style="text-align: right;"><span style="color: #000000;"><strong>Manuel María Bru Alonso.</strong> Delegado Episcopal de Catequesis de la Archidiócesis de Madrid.</span></p>
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		<title>DOMINGO IV DE CUARESMA (15 DE MARZO DE 2026): SER LUZ</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Manuel María Bru Alonso]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 13 Mar 2026 10:54:53 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[La Palabra del Domingo]]></category>
		<category><![CDATA[DOMINGO IV DE CUARESMA]]></category>
		<category><![CDATA[Jesús]]></category>
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										<content:encoded><![CDATA[<p><img width="280" height="180" src="https://catequesis.archimadrid.es/wp-content/uploads/2020/11/JESUS-CURA-CIEGO.jpeg" class="attachment-post-thumbnail size-post-thumbnail wp-post-image" alt="" decoding="async" loading="lazy" data-attachment-id="9894" data-permalink="https://catequesis.archimadrid.es/retiro-espiritual-adviento-on-line-jesus-medico/jesus-cura-ciego/" data-orig-file="https://i0.wp.com/catequesis.archimadrid.es/wp-content/uploads/2020/11/JESUS-CURA-CIEGO.jpeg?fit=280%2C180&amp;ssl=1" data-orig-size="280,180" data-comments-opened="1" data-image-meta="{&quot;aperture&quot;:&quot;0&quot;,&quot;credit&quot;:&quot;&quot;,&quot;camera&quot;:&quot;&quot;,&quot;caption&quot;:&quot;&quot;,&quot;created_timestamp&quot;:&quot;0&quot;,&quot;copyright&quot;:&quot;&quot;,&quot;focal_length&quot;:&quot;0&quot;,&quot;iso&quot;:&quot;0&quot;,&quot;shutter_speed&quot;:&quot;0&quot;,&quot;title&quot;:&quot;&quot;,&quot;orientation&quot;:&quot;0&quot;}" data-image-title="JESUS CURA CIEGO" data-image-description="" data-image-caption="" data-large-file="https://i0.wp.com/catequesis.archimadrid.es/wp-content/uploads/2020/11/JESUS-CURA-CIEGO.jpeg?fit=280%2C180&amp;ssl=1" /></p><p><strong><span style="color: #000000;">DOMINGO IV DE CUARESMA, SER LUZ</span></strong></p>
<p><span style="color: #000000;"><strong>Una de las primeras canciones de Brotes de Olivo decía así: “Jesús, ¿quién eres tu?”</strong> Muchos se lo han preguntado a lo largo de la historia. Y no pocos se lo preguntaron a Jesús en persona. Sus respuestas fueron inesperadas y desconcertantes. Porque no sólo hablaban de él, sino que hablaban de quienes preguntaban. Así, como vimos el domingo pasado, Jesús se presenta como el agua que sacia toda sed. <strong>Y hoy, se nos presenta como luz:</strong></span></p>
<ul>
<li><span style="color: #000000;"><strong>Como luz que ilumina donde ninguna luz puede iluminar.</strong> Hemos leído del libro de Samuel: “La mirada de Dios no es como la mirada del hombre, pues el hombre mira las apariencias, pero el Señor mira el corazón”</span></li>
<li><span style="color: #000000;"><strong>Como luz, que una vez recibida, hace de quien la recibe portador de esa luz.</strong> Hemos leído de la carta de Pablo a los Efesios: “En otro tiempo erais tinieblas, ahora sois luz en el Señor. Caminad como hijos de la luz”.</span></li>
<li><span style="color: #000000;"><strong>Como luz que es un don,</strong> que la recibe quien reconoce que le falta, que la desprecia quien se cree que la tiene. Jesús mismo en el relato de la curación del ciego de nacimiento, del Evangelio de Juan, lo dice así: “Para un juicio he venido yo a este mundo: para que los que no ven, vean, y para que los que ven, se queden ciegos”.</span></li>
</ul>
<p><span style="color: #000000;"><strong>Pero para entender mejor como los discípulos, testigos de este milagro de la curación del ciego de nacimiento, y testigos de todos los demás milagros, gestos, miradas, y palabras de Jesús,</strong> iban conociéndole, debemos mirar en conjunto aquellos años de seguimiento, de escuela de Jesús, cuando les fue mostrando, con el sentido de las parábolas que pronunciaba, las actitudes que ellos podían aprender de él:</span></p>
<ul>
<li><span style="color: #000000;"><strong>En relación con Dios y, en concreto, con él mismo: l</strong>a actitud de confiar en Jesús hasta el punto de renunciar a cualquier otra seguridad. “El que pierda su vida por mí, la encontrará” (Mt 10,39).</span></li>
<li><span style="color: #000000;"><strong>Entre los mismos discípulos:</strong> la actitud de no tratar de ser los primeros sino estar al servicio del resto: “quien quiera hacerse grande entre vosotros sea vuestro servidor” (Mt 20,26).</span></li>
<li><span style="color: #000000;"><strong>Hacia los demás:</strong> la actitud de amar a todos de todo corazón y sentirse enviados por Jesús para transmitirles la buena noticia del Reino. “Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo” (Jn 20,21).</span></li>
</ul>
<p><span style="color: #000000;"><strong>De este modo, los discípulos descubrieron que Jesús es el agua viva, el pan vivo bajado del cielo, la luz del mundo, la puerta del redil, el buen pastor, el Hijo de Dios, la resurrección y la vida, el camino, la verdad y la vida, la vid verdadera.</strong> En definitiva, lo que Jesús proponía a sus discípulos no era solo que lo siguiesen como a alguien a quien simplemente se admira, sino que viviesen tan unidos a Jesús como lo están los sarmientos a la vid, pues así vive Jesús con respecto a su Padre. Por eso, Jesús les decía a sus apóstoles y discípulos: <strong>“El que permanece en mí y yo en él, ese da mucho fruto; porque sin mí no podéis hacer nada” (Jn. 15,5).</strong></span></p>
<p><span style="color: #000000;"><strong>Me impacto conocer el testimonio de Luis, un joven de veinte años guatemalteco que siendo niño se quedó ciego,</strong> y fue abandonado por sus padres. Dice que entiende que haya personas que en su sufrimiento y abandono desesperen. A él le podría haber ocurrido lo mismo, pero no ha sido así. Para explicarlo toma su guitarra y canta a su amigo Jesús, porque sólo en él encuentra la paz. A Luis Jesús no le ha hecho el milagro de devolverle la vista, pero en cambio le ha dado algo mucho más grande. Le ha dado su luz. Dice que su sufrimiento no ha sido tan grande como el de otros jóvenes con limitaciones mayores que las suyas. Pero que, sobre todo,<strong> habiéndose encontrado con Jesús, lo único verdaderamente grande en su vida es el amor de Dios.</strong> </span></p>
<p><span style="color: #000000;"><strong>¿Y tú? ¿Has encontrado en Jesús esa luz tan grande, capa de iluminar cualquier rincón de tu alma que este nubloso, oscuro, o apagado?</strong> Todos tenemos cegueras en el alma y todos necesitamos a Aquel único capaz de iluminarlas y deslumbrarlas.</span></p>
<p style="text-align: right;"><span style="color: #000000;"><strong>Manuel María Bru Alonso.</strong> Delegado Episcopal de Catequesis de la Archidiócesis de Madrid.</span></p>
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		<title>3º DOMINGO DE CUARESMA del ciclo A (8/03/2026): DAME DE BEBER</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Manuel María Bru Alonso]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 06 Mar 2026 19:54:34 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[La Palabra del Domingo]]></category>
		<category><![CDATA[3º DOMINGO DE CUARESMA]]></category>
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					<description><![CDATA[<p><img width="2523" height="1106" src="https://catequesis.archimadrid.es/wp-content/uploads/2020/03/SAMARITANA-1.jpg" class="attachment-post-thumbnail size-post-thumbnail wp-post-image" alt="" decoding="async" loading="lazy" srcset="https://i0.wp.com/catequesis.archimadrid.es/wp-content/uploads/2020/03/SAMARITANA-1.jpg?w=2523&amp;ssl=1 2523w, https://i0.wp.com/catequesis.archimadrid.es/wp-content/uploads/2020/03/SAMARITANA-1.jpg?resize=300%2C132&amp;ssl=1 300w, https://i0.wp.com/catequesis.archimadrid.es/wp-content/uploads/2020/03/SAMARITANA-1.jpg?resize=1024%2C449&amp;ssl=1 1024w, https://i0.wp.com/catequesis.archimadrid.es/wp-content/uploads/2020/03/SAMARITANA-1.jpg?resize=768%2C337&amp;ssl=1 768w, https://i0.wp.com/catequesis.archimadrid.es/wp-content/uploads/2020/03/SAMARITANA-1.jpg?resize=600%2C263&amp;ssl=1 600w, https://i0.wp.com/catequesis.archimadrid.es/wp-content/uploads/2020/03/SAMARITANA-1.jpg?resize=1536%2C673&amp;ssl=1 1536w, https://i0.wp.com/catequesis.archimadrid.es/wp-content/uploads/2020/03/SAMARITANA-1.jpg?resize=2048%2C898&amp;ssl=1 2048w, https://i0.wp.com/catequesis.archimadrid.es/wp-content/uploads/2020/03/SAMARITANA-1.jpg?resize=1080%2C473&amp;ssl=1 1080w, https://i0.wp.com/catequesis.archimadrid.es/wp-content/uploads/2020/03/SAMARITANA-1.jpg?w=2160&amp;ssl=1 2160w" sizes="(max-width: 2523px) 100vw, 2523px" data-attachment-id="7805" data-permalink="https://catequesis.archimadrid.es/el-agua-de-la-vida/samaritana-1/" data-orig-file="https://i0.wp.com/catequesis.archimadrid.es/wp-content/uploads/2020/03/SAMARITANA-1.jpg?fit=2523%2C1106&amp;ssl=1" data-orig-size="2523,1106" data-comments-opened="1" data-image-meta="{&quot;aperture&quot;:&quot;0&quot;,&quot;credit&quot;:&quot;Toshiba&quot;,&quot;camera&quot;:&quot;&quot;,&quot;caption&quot;:&quot;&quot;,&quot;created_timestamp&quot;:&quot;1528912801&quot;,&quot;copyright&quot;:&quot;&quot;,&quot;focal_length&quot;:&quot;0&quot;,&quot;iso&quot;:&quot;0&quot;,&quot;shutter_speed&quot;:&quot;0&quot;,&quot;title&quot;:&quot;&quot;,&quot;orientation&quot;:&quot;0&quot;}" data-image-title="SAMARITANA 1" data-image-description="" data-image-caption="" data-large-file="https://i0.wp.com/catequesis.archimadrid.es/wp-content/uploads/2020/03/SAMARITANA-1.jpg?fit=1024%2C449&amp;ssl=1" /></p>“Señor, dame esa agua: así no tendré más sed”. La oración de la Samaritana nace del reconocimiento de nuestra sed vital. Todos, de alguno modo, estamos “deshidratados” de auténtica vida, pero sólo el que se sabe sediento de esta agua se sabe a si mismo pobre y necesitado de Dios: Vivimos para amar y ser [&#8230;]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><img width="2523" height="1106" src="https://catequesis.archimadrid.es/wp-content/uploads/2020/03/SAMARITANA-1.jpg" class="attachment-post-thumbnail size-post-thumbnail wp-post-image" alt="" decoding="async" loading="lazy" srcset="https://i0.wp.com/catequesis.archimadrid.es/wp-content/uploads/2020/03/SAMARITANA-1.jpg?w=2523&amp;ssl=1 2523w, https://i0.wp.com/catequesis.archimadrid.es/wp-content/uploads/2020/03/SAMARITANA-1.jpg?resize=300%2C132&amp;ssl=1 300w, https://i0.wp.com/catequesis.archimadrid.es/wp-content/uploads/2020/03/SAMARITANA-1.jpg?resize=1024%2C449&amp;ssl=1 1024w, https://i0.wp.com/catequesis.archimadrid.es/wp-content/uploads/2020/03/SAMARITANA-1.jpg?resize=768%2C337&amp;ssl=1 768w, https://i0.wp.com/catequesis.archimadrid.es/wp-content/uploads/2020/03/SAMARITANA-1.jpg?resize=600%2C263&amp;ssl=1 600w, https://i0.wp.com/catequesis.archimadrid.es/wp-content/uploads/2020/03/SAMARITANA-1.jpg?resize=1536%2C673&amp;ssl=1 1536w, https://i0.wp.com/catequesis.archimadrid.es/wp-content/uploads/2020/03/SAMARITANA-1.jpg?resize=2048%2C898&amp;ssl=1 2048w, https://i0.wp.com/catequesis.archimadrid.es/wp-content/uploads/2020/03/SAMARITANA-1.jpg?resize=1080%2C473&amp;ssl=1 1080w, https://i0.wp.com/catequesis.archimadrid.es/wp-content/uploads/2020/03/SAMARITANA-1.jpg?w=2160&amp;ssl=1 2160w" sizes="(max-width: 2523px) 100vw, 2523px" data-attachment-id="7805" data-permalink="https://catequesis.archimadrid.es/el-agua-de-la-vida/samaritana-1/" data-orig-file="https://i0.wp.com/catequesis.archimadrid.es/wp-content/uploads/2020/03/SAMARITANA-1.jpg?fit=2523%2C1106&amp;ssl=1" data-orig-size="2523,1106" data-comments-opened="1" data-image-meta="{&quot;aperture&quot;:&quot;0&quot;,&quot;credit&quot;:&quot;Toshiba&quot;,&quot;camera&quot;:&quot;&quot;,&quot;caption&quot;:&quot;&quot;,&quot;created_timestamp&quot;:&quot;1528912801&quot;,&quot;copyright&quot;:&quot;&quot;,&quot;focal_length&quot;:&quot;0&quot;,&quot;iso&quot;:&quot;0&quot;,&quot;shutter_speed&quot;:&quot;0&quot;,&quot;title&quot;:&quot;&quot;,&quot;orientation&quot;:&quot;0&quot;}" data-image-title="SAMARITANA 1" data-image-description="" data-image-caption="" data-large-file="https://i0.wp.com/catequesis.archimadrid.es/wp-content/uploads/2020/03/SAMARITANA-1.jpg?fit=1024%2C449&amp;ssl=1" /></p><p><span style="color: #000000;"><strong>“Señor, dame esa agua: así no tendré más sed”.</strong> La oración de la Samaritana nace del reconocimiento de nuestra sed vital. Todos, de alguno modo, estamos “deshidratados” de auténtica vida, pero sólo el que se sabe sediento de esta agua se sabe a si mismo pobre y necesitado de Dios:</span></p>
<ul>
<li><span style="color: #000000;"><strong>Vivimos para amar y ser amados,</strong> pero nuestra mente, nuestro corazón, nuestro devenir diario, nos dicen que están insatisfechos: que nunca amamos ni somos amados en la medida que deseamos.</span></li>
<li><span style="color: #000000;"><strong>Es la sed del alma,</strong> creada a imagen semejanza de un amor sin límites, creada a imagen y semejanza de Dios, el único capaz de saciar esa sed.</span></li>
<li><span style="color: #000000;"><strong>Y es la misma agua que Dios dio</strong> a través del callado de Moisés al Pueblo de Israel cuando flaqueaba su fe, como hemos escuchado del libro de Éxodo y del salmo 94: “Venid, aclamemos al Señor”.</span></li>
<li><span style="color: #000000;"><strong>Es la misma agua que Pablo llama “esperanza que no defrauda”</strong> y que no es otra cosa que el amor de Dios que “ha sido derramado en nuestros corazones con el Espíritu Santo que se nos ha dado”.</span></li>
<li><span style="color: #000000;"><strong>En el diálogo con la Samaritana,</strong> como con Nicodemo, o con Mateo, Jesús nos hace la “revelación existencial de Dios”, única e irrepetible para cada uno de nosotros.</span></li>
<li><span style="color: #000000;"><strong>Si lo pensamos bien, </strong>hay tres revelaciones comunes en estos diálogos, que nacen de la provocación de Jesús: “Si conocieras el don de Dios…”:</span></li>
<li><span style="color: #000000;"><strong>En primer lugar, que Dios es Padre, </strong>un padre que se desvive por ti, que está pendiente de ti, que sólo busca tu bien, que te ama infinitamente, con quien puedes siempre dialogar, ininterrumpidamente, a quien confiarle todo, absolutamente todo, seguro de que jamás apartará su mirada. Jamás dejará de escucharte, jamás se enfadará contigo, aunque posiblemente llore y sufra mucho por ti, y jamás, jamás dejará de respetar tu libertad. Es el agua de la amistad con el Dios “que primeriza”, que toma la iniciativa: “Mujer: dame de beber”.</span></li>
<li><span style="color: #000000;"><strong>En segundo lugar, que Dios te lo explica todo</strong>: si Dios es amor, nada puede escapar de su mirada de amor: acontecimientos, personas, situaciones, de mi propia historia, de toda la historia&#8230; todo tiene sentido. Puedo ir desentrañándolo. Su amor lo envuelve todo, lo sostiene todo, lo relaciona todo, y la historia, la tuya, la mía, la de toda la humanidad, es historia de salvación. Entonces ves que tu vida no es un tapiz desdibujado, sino una obra de arte que Dios hace contigo, y que, tras esta parte del tapiz, se esconde el tapiz verdadero. Es el agua de la confianza en Dios: “Señor, dame de esa agua, así no tendré más sed”.</span></li>
<li><span style="color: #000000;"><strong>En tercer lugar, que Dios lo salva todo</strong>: si nada escapa de su amor, tampoco nuestras limitaciones. Esta es la radical novedad de la misericordia de Dios. Se recobra, además de la unidad interior, la paz interior. Porque te das cuenta de que ni tu ni los demás podéis exigirte ser perfectos. Sólo El, que es perfecto, puede darte el don de parecerte a Él. Te volverá a perdonar siempre, a cuidar siempre, a enseñar siempre. Es el agua del verdadero culto, el de pedir la misericordia de Dios: “Créeme Mujer (…) se acerca la hora, ya está aquí, en que los que quieran dar culto verdadero adoraran al Padre en espíritu y en verdad”.</span></li>
<li><span style="color: #000000;"><strong>San Agustín se dio cuenta de que siempre tuvo sed de Dios, o nostalgia de Dios:</strong> “¡Tarde te amé, hermosura tan antigua, y tan nueva, tarde te amé! Y ves que tú estabas dentro de mí y yo fuera, y por fuera te buscaba; y deforme como era, me lanzaba sobre estas cosas hermosas que tú creaste. Tú estabas conmigo más yo no lo estaba contigo. Me retenían lejos de ti aquellas cosas que, si no estuviesen en ti, no serían. Llamaste y clamaste, y rompiste mi sordera; brillaste y resplandeciste, y fugaste mi ceguera; exhalaste tu perfume y respiré, y suspiro por ti; gusté de ti, y siento hambre y sed; me tocaste, y me abrasé en tu paz”.</span></li>
<li><span style="color: #000000;"><strong>Y tú y yo: ¿reconocemos que tenemos sed de Dios?</strong> ¿estamos dispuestos a pedirle que nos dé su agua a beber?</span></li>
</ul>
<p style="text-align: right;"><span style="color: #000000;"><strong>Manuel María Bru Alonso.</strong> Delegado Episcopal de Catequesis de la Archidiócesis de Madrid.</span></p>
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		<title>2º DOM. CUARESMA ciclo A: (28/02/2026): QUÉ BIEN SE ESTÁ AQUÍ</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Manuel María Bru Alonso]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 27 Feb 2026 19:03:54 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[La Palabra del Domingo]]></category>
		<category><![CDATA[28/02/2026]]></category>
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		<category><![CDATA[Manuel María Bru Alonso]]></category>
		<category><![CDATA[¡QUÉ BIEN SE ESTÁ AQUÍ!]]></category>
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										<content:encoded><![CDATA[<p><img width="1200" height="868" src="https://catequesis.archimadrid.es/wp-content/uploads/2020/03/transfiguracion.jpg" class="attachment-post-thumbnail size-post-thumbnail wp-post-image" alt="" decoding="async" loading="lazy" srcset="https://i0.wp.com/catequesis.archimadrid.es/wp-content/uploads/2020/03/transfiguracion.jpg?w=1200&amp;ssl=1 1200w, https://i0.wp.com/catequesis.archimadrid.es/wp-content/uploads/2020/03/transfiguracion.jpg?resize=300%2C217&amp;ssl=1 300w, https://i0.wp.com/catequesis.archimadrid.es/wp-content/uploads/2020/03/transfiguracion.jpg?resize=1024%2C741&amp;ssl=1 1024w, https://i0.wp.com/catequesis.archimadrid.es/wp-content/uploads/2020/03/transfiguracion.jpg?resize=768%2C556&amp;ssl=1 768w, https://i0.wp.com/catequesis.archimadrid.es/wp-content/uploads/2020/03/transfiguracion.jpg?resize=600%2C434&amp;ssl=1 600w, https://i0.wp.com/catequesis.archimadrid.es/wp-content/uploads/2020/03/transfiguracion.jpg?resize=1080%2C781&amp;ssl=1 1080w" sizes="(max-width: 1200px) 100vw, 1200px" data-attachment-id="7777" data-permalink="https://catequesis.archimadrid.es/audio-evangelio-domingo-ii-cuaresma-ciclo-a/transfiguracion-2/" data-orig-file="https://i0.wp.com/catequesis.archimadrid.es/wp-content/uploads/2020/03/transfiguracion.jpg?fit=1200%2C868&amp;ssl=1" data-orig-size="1200,868" data-comments-opened="1" data-image-meta="{&quot;aperture&quot;:&quot;0&quot;,&quot;credit&quot;:&quot;&quot;,&quot;camera&quot;:&quot;&quot;,&quot;caption&quot;:&quot;&quot;,&quot;created_timestamp&quot;:&quot;0&quot;,&quot;copyright&quot;:&quot;&quot;,&quot;focal_length&quot;:&quot;0&quot;,&quot;iso&quot;:&quot;0&quot;,&quot;shutter_speed&quot;:&quot;0&quot;,&quot;title&quot;:&quot;&quot;,&quot;orientation&quot;:&quot;0&quot;}" data-image-title="transfiguracion" data-image-description="" data-image-caption="" data-large-file="https://i0.wp.com/catequesis.archimadrid.es/wp-content/uploads/2020/03/transfiguracion.jpg?fit=1024%2C741&amp;ssl=1" /></p><p><span style="color: #000000;"><strong>2º DOMINGO DE CUARESMA ciclo A, 28/02/2026, QUÉ BIEN SE ESTÁ AQUÍ</strong></span></p>
<p><span style="color: #000000;"><strong>Nos afanamos por muchas cosas buenas en la vida que nos procuran </strong><strong>una cierta seguridad, una cierta tranquilidad, una cierta felicidad. </strong></span></p>
<ul>
<li><span style="color: #000000;"><strong>A veces, porque siempre anhelamos más de lo que tenemos,</strong> buscamos oportunidades más favorables para alcanzar nuestras metas.</span></li>
<li><span style="color: #000000;"><strong>E incluso, a veces, imploramos a la suerte,</strong> a ver si ella nos da lo que no alcanzamos con nuestro esfuerzo.</span></li>
<li><span style="color: #000000;"><strong>Y nos olvidamos de buscar aquello que,</strong> respondiendo a nuestras más fuertes inquietudes, y a nuestras más perentorias necesidades humanas, <strong>es fuente segura de paz. </strong></span></li>
</ul>
<p><span style="color: #000000;"><strong>Esa respuesta, ese tesoro al alcance de todos, es la presencia de Dios.</strong></span></p>
<p><span style="color: #000000;">Las lecturas que acabamos de oír nos hablan de este tesoro:</span></p>
<ul>
<li><span style="color: #000000;"><strong>Lo hemos visto en la incomparable experiencia de Abraham,</strong> la de saberse bendecido por la presencia de Dios, que lo recibió en su casa y aprendió a escucharlo y a hablar con Él de tú a tú en libertad.</span></li>
<li><span style="color: #000000;"><strong>Lo hemos confesado al reconocernos en la confesión de Pablo en su carta a Timoteo: </strong>“Él nos salvó y nos llamó a una vida santa, no por nuestros méritos, sino porque desde tiempo inmemorial, Dios dispuso darnos su gracia”.</span></li>
<li><span style="color: #000000;"><strong>Y lo hemos contemplado reviviendo la escena de la Transfiguración,</strong> tal y como nos la narra el Evangelio de San Mateo. Subiendo a la montaña con Pedro, Santiago y Juan, Jesús mostró su gloria, transfigurándose y brillando con luz, para luego entrar en diálogo con Moisés y Elías.</span></li>
<li><span style="color: #000000;"><strong>Nos decía Benedicto XVI</strong> que “el misterio de la Transfiguración nos pone ante la disyuntiva de dejarnos llevar o bien por el <em>ruido de la vida diaria</em>, o bien por la <em>presencia de Dios</em>”. Y nos explicaba que en esta escena “su provocación no tiene límites: nos pregunta por el sentido último de nuestra existencia, y nos asegura que Dios nos ha creado para la resurrección, y esto redimensiona todo: la persona, la sociedad, la cultura, la política, la economía. <strong>Sin esta fe, todo esto cae en un sepulcro sin futuro, sin esperanza”.</strong></span></li>
<li><span style="color: #000000;"><strong>De igual modo el Papa Francisco nos decía que se trata de una luz que</strong> “nos ayuda a ir más allá de nuestros propios esquemas y de los criterios de este mundo. También nosotros estamos llamados a subir a la montaña, a contemplar la belleza del Resucitado que enciende destellos de luz en cada fragmento de nuestra vida y nos ayuda a interpretar la historia a partir de la victoria pascual”.</span></li>
<li><span style="color: #000000;"><strong>A mí me enseñó más que nadie a entender</strong> y, como dice San Ignacio de Loyola, a “sentir y gustar internamente”, <strong>la escena de la Transfiguración una niña de doce años.</strong> Acompañaba a su abuela todas las semanas a unos “Talleres de Oración” del Padre Larrañaga que hacíamos en la Parroquia de San Blas, mi primer destino pastoral.</span></li>
<li><span style="color: #000000;"><strong>Al acabar una de las sesiones,</strong> después de un largo tiempo de oración en silencio, la niña se dirigió a su abuela y le dijo: “¿pero ya hemos acabado tan pronto?, con lo bien que se está aquí”. Aquella niña, inocente y dócil a las cosas de Dios, como todos los niños, estaba diciendo lo mismo que Pedro a Jesús: <strong>“Señor, que bien se está aquí,</strong> hagamos tres tiendas, una para ti, otra para Moisés, otra para Elías”.</span></li>
<li><span style="color: #000000;"><strong>Tal vez esa niña sintió dentro de sí,</strong> con los ojos cerrados, una mente limpia, un corazón sin durezas, <strong>la misma voz interior: “estas con Jesús, mi hijo amado: escúchalo”.</strong></span></li>
<li><span style="color: #000000;"><strong>Termino: </strong>Siguiendo ese refrán evangélico que dice: ocuparse, no preocuparse”<strong>cuando a ti y a mi nos abrumen las preocupaciones, </strong>busquemos internamente la presencia del Dios y digamos: <strong>“Que bien se está aquí”.</strong></span></li>
</ul>
<p style="text-align: right;"><span style="color: #000000;"><em><strong>Manuel María Bru Alonso.</strong> Delegado Episcopal de Catequesis de la Archidiócesis de Madrid.</em></span></p>
]]></content:encoded>
					
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		<title>1º DOMINGO CUARESMA ciclo A, (22 febrero 2026), CONQUISTAR LA LIBERTAD</title>
		<link>https://catequesis.archimadrid.es/1o-domingo-cuaresma-ciclo-a-23-febrero-2026-conquistar-la-libertad/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[Manuel María Bru Alonso]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 20 Feb 2026 09:52:40 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[La Palabra del Domingo]]></category>
		<category><![CDATA[(23 febrero 2026)]]></category>
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										<content:encoded><![CDATA[<p><img width="1280" height="720" src="https://catequesis.archimadrid.es/wp-content/uploads/2019/03/TENTACIONES.jpg" class="attachment-post-thumbnail size-post-thumbnail wp-post-image" alt="" decoding="async" loading="lazy" srcset="https://i0.wp.com/catequesis.archimadrid.es/wp-content/uploads/2019/03/TENTACIONES.jpg?w=1280&amp;ssl=1 1280w, https://i0.wp.com/catequesis.archimadrid.es/wp-content/uploads/2019/03/TENTACIONES.jpg?resize=300%2C169&amp;ssl=1 300w, https://i0.wp.com/catequesis.archimadrid.es/wp-content/uploads/2019/03/TENTACIONES.jpg?resize=768%2C432&amp;ssl=1 768w, https://i0.wp.com/catequesis.archimadrid.es/wp-content/uploads/2019/03/TENTACIONES.jpg?resize=1024%2C576&amp;ssl=1 1024w, https://i0.wp.com/catequesis.archimadrid.es/wp-content/uploads/2019/03/TENTACIONES.jpg?resize=600%2C338&amp;ssl=1 600w, https://i0.wp.com/catequesis.archimadrid.es/wp-content/uploads/2019/03/TENTACIONES.jpg?resize=1080%2C608&amp;ssl=1 1080w" sizes="(max-width: 1280px) 100vw, 1280px" data-attachment-id="5230" data-permalink="https://catequesis.archimadrid.es/manipulacion-no-gracias/tentaciones-2/" data-orig-file="https://i0.wp.com/catequesis.archimadrid.es/wp-content/uploads/2019/03/TENTACIONES.jpg?fit=1280%2C720&amp;ssl=1" data-orig-size="1280,720" data-comments-opened="1" data-image-meta="{&quot;aperture&quot;:&quot;0&quot;,&quot;credit&quot;:&quot;&quot;,&quot;camera&quot;:&quot;&quot;,&quot;caption&quot;:&quot;&quot;,&quot;created_timestamp&quot;:&quot;0&quot;,&quot;copyright&quot;:&quot;&quot;,&quot;focal_length&quot;:&quot;0&quot;,&quot;iso&quot;:&quot;0&quot;,&quot;shutter_speed&quot;:&quot;0&quot;,&quot;title&quot;:&quot;&quot;,&quot;orientation&quot;:&quot;0&quot;}" data-image-title="TENTACIONES" data-image-description="" data-image-caption="" data-large-file="https://i0.wp.com/catequesis.archimadrid.es/wp-content/uploads/2019/03/TENTACIONES.jpg?fit=1024%2C576&amp;ssl=1" /></p><p><strong>1º DOMINGO CUARESMA ciclo A (22 febrero 2026): CONQUISTAR LA LIBERTAD</strong></p>
<p><span style="color: #000000;">Acojamos el don de la Palabra de Dios de este primer domingo de cuaresma. Nos hablan de ti y de mí, del hombre, del misterio del ser humano:</span></p>
<ul>
<li><span style="color: #000000;">Decían los filósofos griegos que si quieres conocer el significado de algo, conoce su origen. En el libro del Génesis barruntamos la génesis de toda la creación, sobre todo la génesis del hombre: ser creatura, no creador. Pero ser creatura libre, y por tanto capaz de dejarse llevar por la tentación de querer ser igual que el Creador.</span></li>
<li><span style="color: #000000;">En el salmo 50 reconocemos otra característica del ser humano: el pecado. En el Salmo <em>Miserere</em>, atribuido al rey David con ocasión de su doble pecado de adulterio y homicidio: <em>Contra ti -dice David, dirigiéndose a Dios-, contra ti sólo pequé.</em> Decía Benedicto XVI que “si se elimina a Dios del horizonte del mundo, no se puede hablar de pecado. Al igual que cuando se oculta el sol desaparecen las sombras, del mismo modo el eclipse de Dios conlleva necesariamente el eclipse del sentido del pecado.</span></li>
<li><span style="color: #000000;">De la carta de Pablo a los Romanos encontramos el valor de nuestra justificación: no son nuestras disculpas, ni siquiera sólo automáticamente nuestro arrepentimiento, lo que nos justifica ante Dios, sino el amor manifestado por su Hijo, que se hizo pecado para librarnos del pecado. Esto significa la redención: el justo se cambia por el pecador, el libre se hace esclavo para liberar al esclavo, Dios sufre, en nuestro lugar, el dolor que infringe nuestro pecado.</span></li>
<li><span style="color: #000000;">Y el relato en el Evangelio de Lucas de las tentaciones de Jesús en el desierto, nos muestra como Él se ha hecho uno en todo con nosotros. No en el pecado, pero si en la experiencia de ser tentado por el maligno.</span></li>
</ul>
<p><span style="color: #000000;">El camino engañoso que el maligno pretende probar con Jesús, dada su naturaleza humana (hombre en todo, como nosotros) es el mismo que el que recorre, día a día, cuando pretende confundirnos a todos: nos muestra la mentira con forma de verdad, y la maldad con forma de bondad.</span></p>
<ul>
<li><span style="color: #000000;">La 1ª es la tentación para arruinar nuestra relación con las cosas, la tentación de la avaricia frente a la virtud de la conformidad, pero desde el engaño. El maligno no nos pide, hasta que nos hayamos habituado a ser avaros, “tener por tener”, sino “tener por ser capaces de tener”: ¿Por qué contenernos con menos cuando podemos aspirar a más?&#8230;</span></li>
<li><span style="color: #000000;">La 2ª es la tentación de arruinar nuestra relación con los demás, la tentación del poder frente a la virtud del servicio, también desde el engaño. El maligno no pretende que nos hagamos despóticos (y cada uno puede serlo en su pequeño ámbito de poder), eligiendo de partida ser egoístas dominantes, sino haciéndonos creer que sólo imponiéndonos a los demás mejoraremos las cosas.</span></li>
<li><span style="color: #000000;">La 3ª es la tentación de arruinar nuestra relación con nosotros mismos, la tentación de la preocupación del aparentar frente al ser. El maligno no empezará por hacernos esclavos de nuestra imagen, pero si intentará que nos preocupe por exceso que nos malentiendan, sin conocer nuestra buena intención, nuestro buen corazón.</span></li>
<li><span style="color: #000000;">Las tres tentaciones al final buscan quebrar nuestra relación con Dios: acumularé riquezas si no tengo a Dios como riqueza; dominaré a los demás sino tengo claro que estoy aquí para servir; y seré esclavo de mi imagen si fundamento mi identidad al margen de como Dios me vea.</span></li>
</ul>
<p><span style="color: #000000;">¿Es posible tomar decisiones libres venciendo estas tres tentaciones? Si: todos los días, una por una. Basta sonreír en los desiertos de la vida y decir: “Tu eres Señor mi único bien”. Como hizo un buen día el Papa Benedicto XVI que, tras ocho años de pontificado, renunció porque no se veía con fuerzas para seguir: libre de la tentación del tener (y nadie tenía más sabiduría que él), libre de la tentación del poder (ni siquiera del poder para cambiar las cosas para bien), libre de la tentación del “qué dirán” (a sabiendas de tomar una decisión inaudita). Pero confiado en el Señor: “Tu eres Señor mi único bien”.</span></p>
<ul>
<li><span style="color: #000000;">Y cuando a ti y a mi nos vengan tentaciones y desánimos, respondamos de inmediato: “Tu eres Señor mi único bien”. </span></li>
</ul>
<p style="text-align: right;"><span style="color: #000000;"><em>Manuel María Bru Alonso. Delegado Episcopal de Catequesis de la Archidiócesis de Madrid.</em></span></p>
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		<title>VI DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO (A) QUE AME COMO TU AMAS (15/2/2026)</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Manuel María Bru Alonso]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 13 Feb 2026 17:15:48 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[La Palabra del Domingo]]></category>
		<category><![CDATA[15/2/2026]]></category>
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										<content:encoded><![CDATA[<p><img width="1600" height="900" src="https://catequesis.archimadrid.es/wp-content/uploads/2020/11/san-juan-pablo-ii.jpg" class="attachment-post-thumbnail size-post-thumbnail wp-post-image" alt="" decoding="async" loading="lazy" srcset="https://i0.wp.com/catequesis.archimadrid.es/wp-content/uploads/2020/11/san-juan-pablo-ii.jpg?w=1600&amp;ssl=1 1600w, https://i0.wp.com/catequesis.archimadrid.es/wp-content/uploads/2020/11/san-juan-pablo-ii.jpg?resize=300%2C169&amp;ssl=1 300w, https://i0.wp.com/catequesis.archimadrid.es/wp-content/uploads/2020/11/san-juan-pablo-ii.jpg?resize=1024%2C576&amp;ssl=1 1024w, https://i0.wp.com/catequesis.archimadrid.es/wp-content/uploads/2020/11/san-juan-pablo-ii.jpg?resize=768%2C432&amp;ssl=1 768w, https://i0.wp.com/catequesis.archimadrid.es/wp-content/uploads/2020/11/san-juan-pablo-ii.jpg?resize=600%2C338&amp;ssl=1 600w, https://i0.wp.com/catequesis.archimadrid.es/wp-content/uploads/2020/11/san-juan-pablo-ii.jpg?resize=1536%2C864&amp;ssl=1 1536w, https://i0.wp.com/catequesis.archimadrid.es/wp-content/uploads/2020/11/san-juan-pablo-ii.jpg?resize=1080%2C608&amp;ssl=1 1080w" sizes="(max-width: 1600px) 100vw, 1600px" data-attachment-id="9763" data-permalink="https://catequesis.archimadrid.es/san-juan-pablo-ii-el-legado-de-una-vida/san-juan-pablo-ii/" data-orig-file="https://i0.wp.com/catequesis.archimadrid.es/wp-content/uploads/2020/11/san-juan-pablo-ii.jpg?fit=1600%2C900&amp;ssl=1" data-orig-size="1600,900" data-comments-opened="1" data-image-meta="{&quot;aperture&quot;:&quot;0&quot;,&quot;credit&quot;:&quot;&quot;,&quot;camera&quot;:&quot;&quot;,&quot;caption&quot;:&quot;&quot;,&quot;created_timestamp&quot;:&quot;0&quot;,&quot;copyright&quot;:&quot;&quot;,&quot;focal_length&quot;:&quot;0&quot;,&quot;iso&quot;:&quot;0&quot;,&quot;shutter_speed&quot;:&quot;0&quot;,&quot;title&quot;:&quot;&quot;,&quot;orientation&quot;:&quot;0&quot;}" data-image-title="san-juan-pablo-ii" data-image-description="" data-image-caption="" data-large-file="https://i0.wp.com/catequesis.archimadrid.es/wp-content/uploads/2020/11/san-juan-pablo-ii.jpg?fit=1024%2C576&amp;ssl=1" /></p><p><strong style="color: #000000;">VI DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO (A) <span style="color: #000000;"><strong>QU</strong></span></strong><strong style="color: #000000;">E AME COMO TU AMAS (15/2/2026)</strong></p>
<p><span style="color: #000000;"><strong>«Dichosos los que caminan en la ley del Señor». </strong>Decía San Juan Pablo II que esta frase, resume muy bien el mensaje de la Palabra de este domingo:</span></p>
<ul>
<li><span style="color: #000000;"><strong>De la ley del Señor</strong> nos habla, ya en la primera lectura, <strong>el libro del Eclesiástico,</strong> recordándonos que el hombre no se da la ley a sí mismo, sino reconocerse creatura frente al Creador.</span></li>
<li><span style="color: #000000;"><strong>“Una cierta cultura -explicaba San Juan Pablo II-</strong> ha sostenido o temido que observar la ley del Señor puede ser mortificante o alienante para el hombre. Es totalmente falso. La ley de Dios es condición de vida, mientras que la muerte está al acecho cada vez que el hombre la rechaza”.</span></li>
<li><span style="color: #000000;"><strong>Nos lo recuerda hoy el Eclesiástico:</strong> «Ante los hombres están la vida y la muerte». Basta mirar alrededor, para sentir el estremecimiento del tremendo combate entre la vida y la muerte. <strong>Juan Pablo II lo llamaba la lucha por el alma de este mundo. </strong>Y se preguntaba: ¿acaso no lo sentimos también cada uno de nosotros, cuando en el interior de nuestro corazón escuchamos: «Si tú quieres, guardarás los mandamientos“?</span></li>
<li><span style="color: #000000;"><strong>Jesús</strong> <strong>no dudó</strong> en pedir a sus discípulos una justicia mayor que la realizada hasta entonces: «Si vuestra justicia no es mayor que la de los escribas y fariseos, no entraréis en el reino de los cielos». <strong>Y Jesús no ha venido </strong>«a abolir, sino a dar cumplimiento». A entender bien y a vivir en plenitud y positivamente los mandamientos.</span></li>
<li><span style="color: #000000;"><strong>Así lo entendió San Pablo en su carta a los Corintios:</strong> «Hablamos de una sabiduría de Dios, misteriosa, escondida, destinada por Dios desde antes de los siglos para nuestra gloria», que da un significado nuevo los diversos mandamientos de la ley:</span>
<ul>
<li><span style="color: #000000;"><strong><em>No matar</em> significará mucho más que el simple respeto a la vida,</strong> pues exige todas las delicadezas del amor fraterno, convirtiéndose en ley de acogida, de solicitud fraterna y de perdón siempre renovado.</span></li>
<li><span style="color: #000000;"><strong><em>No cometer adulterio</em> irá mucho más allá de una simple reglamentación</strong> exterior de las relaciones matrimoniales, y exigirá una actitud de amor, fidelidad y respeto vigilantes.</span></li>
<li><span style="color: #000000;"><strong>Y, por último, <em>no dar falso testimonio</em> no es sólo ser veraces,</strong> sino también sencillos, coherentes, transparentes: «Sea vuestro lenguaje: <em>sí, sí; no, no:</em> que lo que pasa de aquí viene del maligno».</span></li>
</ul>
</li>
<li><span style="color: #000000;"><strong>Entonces, ¿dónde está la diferencia entre la ley y el espíritu de la ley?</strong> De joven oí a un sacerdote que, burlándose un poco de los que lo escuchábamos, llamó nuestra atención ante lo que podría parecer una gran herejía: <strong>“Moisés debió perder una primera tabla de los mandamientos al bajar del monté Sinaí, pero luego Jesús nos la ha recuperado”.</strong> Se trata del <strong>“mandamiento cero” que reza así: “antes de nada: déjate amar por Dios”,</strong> porque ninguno de los mandamientos se agota en un “no hacer algo”, sino que nos abre a la imparable creatividad del amor.</span></li>
<li><span style="color: #000000;"><strong>Cuando siendo seminaristas un grupo fuimos a Granada,</strong> en las Fiestas de la Cruces de mayo, nos encontramos de noche en el Albaicín con la cara dramática del alcoholismo juvenil: Recogimos a más de treinta jóvenes tirados en el suelo para llevarlos al hospital, algunos con cuadros médicos muy graves. <strong>¿Éramos los únicos que los veíamos? ¿qué obligación teníamos? ¿Acaso pasar de largo ante los que yacen, por lo que sea, en la cuneta de la vida no es atentar contra el quinto mandamiento?</strong></span></li>
<li><span style="color: #000000;"><strong>Decía el cardenal Carlos Osoro </strong>que todos necesitamos una operación quirúrgica múltiple: <strong>trasplante de ojos,</strong> para ver con la mirada de Cristo,<strong> trasplante de mente,</strong> para alcanzar la mente de Cristo; <strong>y trasplante de corazón,</strong> para mendigar el corazón de Cristo. <strong>No hace falta ningún bisturí.</strong> Si vale la siguiente oración, que a ti y a mí nos vendría bien aprender y rezar frecuentemente: <strong>“Señor, que vea lo que tú ves, que piense como tú piensas, que ame como tú amas”.</strong></span></li>
</ul>
<p style="text-align: right;"><em><span style="color: #000000;">Manuel María Bru Alonso. Delegado Episcopal de Catequesis de la Archidiócesis de Madrid.</span></em></p>
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		<title>QUINTO DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO (A): SAL Y LUZ</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Teresa Abad]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 06 Feb 2026 14:05:31 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[La Palabra del Domingo]]></category>
		<category><![CDATA[HABLA EL CORAZÓN: Una canción de Brotes de Olivo]]></category>
		<category><![CDATA[HABLA LA PALABRA: Como en un espejo]]></category>
		<category><![CDATA[HABLA LA VIDA: El alma del mundo]]></category>
		<category><![CDATA[Manuel María Bru Alonso. Delegado Episcopal de Catequesis del Arzobispado de Madrid.]]></category>
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					<description><![CDATA[<p><img width="1280" height="640" src="https://catequesis.archimadrid.es/wp-content/uploads/2020/02/luz.jpg" class="attachment-post-thumbnail size-post-thumbnail wp-post-image" alt="" decoding="async" loading="lazy" srcset="https://i0.wp.com/catequesis.archimadrid.es/wp-content/uploads/2020/02/luz.jpg?w=1280&amp;ssl=1 1280w, https://i0.wp.com/catequesis.archimadrid.es/wp-content/uploads/2020/02/luz.jpg?resize=300%2C150&amp;ssl=1 300w, https://i0.wp.com/catequesis.archimadrid.es/wp-content/uploads/2020/02/luz.jpg?resize=1024%2C512&amp;ssl=1 1024w, https://i0.wp.com/catequesis.archimadrid.es/wp-content/uploads/2020/02/luz.jpg?resize=768%2C384&amp;ssl=1 768w, https://i0.wp.com/catequesis.archimadrid.es/wp-content/uploads/2020/02/luz.jpg?resize=600%2C300&amp;ssl=1 600w, https://i0.wp.com/catequesis.archimadrid.es/wp-content/uploads/2020/02/luz.jpg?resize=1080%2C540&amp;ssl=1 1080w" sizes="(max-width: 1280px) 100vw, 1280px" data-attachment-id="7531" data-permalink="https://catequesis.archimadrid.es/sal-y-luz-2/luz/" data-orig-file="https://i0.wp.com/catequesis.archimadrid.es/wp-content/uploads/2020/02/luz.jpg?fit=1280%2C640&amp;ssl=1" data-orig-size="1280,640" data-comments-opened="1" data-image-meta="{&quot;aperture&quot;:&quot;0&quot;,&quot;credit&quot;:&quot;&quot;,&quot;camera&quot;:&quot;&quot;,&quot;caption&quot;:&quot;&quot;,&quot;created_timestamp&quot;:&quot;0&quot;,&quot;copyright&quot;:&quot;&quot;,&quot;focal_length&quot;:&quot;0&quot;,&quot;iso&quot;:&quot;0&quot;,&quot;shutter_speed&quot;:&quot;0&quot;,&quot;title&quot;:&quot;&quot;,&quot;orientation&quot;:&quot;0&quot;}" data-image-title="luz" data-image-description="" data-image-caption="" data-large-file="https://i0.wp.com/catequesis.archimadrid.es/wp-content/uploads/2020/02/luz.jpg?fit=1024%2C512&amp;ssl=1" /></p>Isaías 58,7-10; 1 Corintios 2,1-5; Mateo 5,13-16 HABLA LA PALABRA: Como en un espejo La Palabra de Dios nos habla de la irrupción de una luz que hará que todos los hombres vean la realidad (a ellos mismos, a los demás, al mundo, a la historia) como realmente son. Es decir, como las ve Dios: [&#8230;]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><span style="color: #000000;"><em>Isaías 58,7-10; 1 Corintios 2,1-5; Mateo 5,13-16</em></span></p>
<p><span style="color: #000000;"><strong>HABLA LA PALABRA: </strong><em>Como en un espejo</em></span></p>
<p><span style="color: #000000;">La Palabra de Dios nos habla de la irrupción de una luz que hará que todos los hombres vean la realidad (a ellos mismos, a los demás, al mundo, a la historia) como realmente son. Es decir, como las ve Dios:</span></p>
<ul>
<li><span style="color: #000000;">Para que podamos acoger esa luz, eso si, hace falta una condición. Nos lo cuenta el Profeta Isaías: hay que arriesgar hasta el final poniendo en práctica la luz que ya tenemos (hospedar al que no tiene techo, vestir al desnudo, dejar de ser un déspota, dejar de amenazar, dejar la maledicencia, partir el pan con el hambriento, y saciar el estómago del indigente). Ahí es nada. Entonces, si hacemos eso, brillará la luz en las tinieblas, tu oscuridad se volverá mediodía. Para el profeta se trataba de vivir lo que Dios ya le pedía a su pueblo desde Moisés, para así poder recibir la luz definitiva del Mesías. Para nosotros se trata de vivir el Evangelio que conocemos y entendemos, para recibir la plenitud de su luz para cada uno de los rincones de nuestra vida y de la vida del mundo en el que estamos.</span></li>
<li><span style="color: #000000;">Para que podamos acoger la luz, sabemos que tenemos que partir de la humildad de nuestra ignorancia. Si no nos desapegamos de nuestras propias convicciones y seguridades, la niebla de nuestro orgullo no nos dejará ver la luz. Pablo en su primera carta a los Corinitos nos da testimonio de ello: “cuando vine a vosotros (…) no lo hice con sublime elocuencia o sabiduría, pues nunca entre vosotros me precie de saber cosa alguna, sino a Jesucristo, y este crucificado”. Y esto para que “vuestra fe no se apoye en la sabiduría de los hombres, sino en el poder de Dios”.</span></li>
<li><span style="color: #000000;">Y Jesús, como nos cuenta el Evangelio de Mateo, se miran en nosotros como en un espejo, porque bien sabe el inmenso don que nos ha dado. Y por eso se atreve a decirnos que, en él, somos luz y sal para este mundo.</span></li>
</ul>
<p><span style="color: #000000;"><strong>HABLA EL CORAZÓN: </strong><em>Una canción de Brotes de Olivo</em></span></p>
<ul>
<li><span style="color: #000000;">Antes de haber puesto atención al texto del Evangelio de hoy, siendo un adolescente, escuche una canción de Brotes de Olivo que me atrajo por su fuerza, por su ritmo, pero sobre todo por su letra. Dice así una de sus estrofas: “Que sea mi vida la sal, que sea mi vida la luz. Sal que sala, luz que brilla, sal y fuego es Jesús”. Me pareció el mejor ideal que alguien pueda abrazar: ser sal y ser luz. En primer lugar para no vivir una vida sosa y oscura; y en segundo lugar, para poder ofrecer algo a los demás que sea realmente valioso.</span></li>
<li><span style="color: #000000;">Y entendí que nada puede haber más valioso que aderezar de fe y esperanza este mundo tan triste, e iluminar con la luz de Jesús cada rincón de la gran ciudad donde habitaba. Pero también comprendí, por otras estrofas de la canción, que sólo podría ser sal y luz, sino quería quedarme en la utopía de una bonita canción, si hacia dos cosas:</span></li>
<li><span style="color: #000000;">La primera: Dice la canción parafraseando el texto del Evangelio: “El que me sigue en la vida, sal de la tierra será, mas si la sal se adultera, los hombres la pisarán”. Esta claro: “El que me sigue en la vida…”. Sólo siguiendo al Maestro sin dejarle nunca, uno puede ser como él sal y luz.</span></li>
<li><span style="color: #000000;">La segunda: Dice también la canción: “Que brille así vuestra luz ante los hombres del mundo, que palpen las buenas obras de lo externo a lo profundo”. Había por tanto que arremangarse los brazos y ponerse manos a la obra, y no para hacer cuatro gestos aislados de caridad, sino para que “palpen las buenas obras de lo extremo a lo profundo”.</span></li>
</ul>
<p><span style="color: #000000;"><strong><img data-recalc-dims="1" loading="lazy" decoding="async" data-attachment-id="15960" data-permalink="https://catequesis.archimadrid.es/sal-y-luz-3/diogneto/" data-orig-file="https://i0.wp.com/catequesis.archimadrid.es/wp-content/uploads/2023/02/DIOGNETO.jpeg?fit=500%2C383&amp;ssl=1" data-orig-size="500,383" data-comments-opened="1" data-image-meta="{&quot;aperture&quot;:&quot;0&quot;,&quot;credit&quot;:&quot;&quot;,&quot;camera&quot;:&quot;&quot;,&quot;caption&quot;:&quot;&quot;,&quot;created_timestamp&quot;:&quot;0&quot;,&quot;copyright&quot;:&quot;&quot;,&quot;focal_length&quot;:&quot;0&quot;,&quot;iso&quot;:&quot;0&quot;,&quot;shutter_speed&quot;:&quot;0&quot;,&quot;title&quot;:&quot;&quot;,&quot;orientation&quot;:&quot;0&quot;}" data-image-title="DIOGNETO" data-image-description="" data-image-caption="" data-large-file="https://i0.wp.com/catequesis.archimadrid.es/wp-content/uploads/2023/02/DIOGNETO.jpeg?fit=500%2C383&amp;ssl=1" class=" wp-image-15960 alignleft" src="https://i0.wp.com/catequesis.archimadrid.es/wp-content/uploads/2023/02/DIOGNETO.jpeg?resize=365%2C280&#038;ssl=1" alt="" width="365" height="280" srcset="https://i0.wp.com/catequesis.archimadrid.es/wp-content/uploads/2023/02/DIOGNETO.jpeg?resize=300%2C230&amp;ssl=1 300w, https://i0.wp.com/catequesis.archimadrid.es/wp-content/uploads/2023/02/DIOGNETO.jpeg?w=500&amp;ssl=1 500w" sizes="(max-width: 365px) 100vw, 365px" />HABLA LA VIDA:</strong> <em>El alma del mundo  </em></span></p>
<p><span style="color: #000000;">Un tal Diogneto, a finales del siglo II, había preguntado sobre algunas cosas que le llamaban la atención de los cristianos: “¿Cuál es ese Dios en el que tanto confían? ¿Cuál es esa religión que les lleva a todos ellos a desdeñar al mundo y a despreciar la muerte, sin que admitan, por una parte, los dioses de los griegos, ni guarden, por otra, las supersticiones de los judíos; cuál es ese amor que se tienen unos a otros? ¿Y por qué esta nueva raza o modo de vida apareció ahora y no antes? El desconocido autor de la carta va respondiendo a estas cuestiones. Entre otras cosas dice:</span></p>
<p><span style="color: #000000;">«Los cristianos no se distinguen del resto de ciudadanos, ni por el lugar en que viven, ni por su lenguaje, ni por sus costumbres. Los cristianos no tienen ciudades propias, ni utilizan un lenguaje extraño, ni llevan un género de vida distinto. (&#8230;) Los cristianos habitan en ciudades griegas o bárbaras, según les cupo en suerte, siguen las costumbres de los habitantes del país, tanto en el vestir como en su estilo de vida y, sin embargo, dan muestras de un tenor de vida admirable. Habitan en su propia patria, pero como forasteros, porque su ciudadanía está en el Cielo. Toman parte en todo como ciudadanos, pero lo soportan todo como extranjeros; toda tierra extraña es patria para ellos. Se casan y engendran hijos igual que todos, pero no se deshacen de los hijos que conciben. Obedecen las leyes establecidas, pero con su modo de vivir superan las leyes”.</span></p>
<p style="text-align: right;"><span style="color: #000000;"><strong>Manuel María Bru Alonso.</strong> Delegado Episcopal de Catequesis del Arzobispado de Madrid</span></p>
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		<title>CUARTO DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO (CICLO A): POBRES DE ESPÍRITU</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Teresa Abad]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 30 Jan 2026 14:19:47 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[La Palabra del Domingo]]></category>
		<category><![CDATA[bienaventuranzas]]></category>
		<category><![CDATA[CUARTO DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO (CICLO A): POBRES DE ESPÍRITU]]></category>
		<category><![CDATA[HABLA EL CORAZÓN: La mirada del pobre]]></category>
		<category><![CDATA[HABLA LA PALABRA: La Carta Magna del Evangelio]]></category>
		<category><![CDATA[HABLA LA VIDA: Sabiduría de un pobre]]></category>
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					<description><![CDATA[<p><img width="300" height="168" src="https://catequesis.archimadrid.es/wp-content/uploads/2018/05/Bienaventuranzas.jpeg" class="attachment-post-thumbnail size-post-thumbnail wp-post-image" alt="" decoding="async" loading="lazy" data-attachment-id="3790" data-permalink="https://catequesis.archimadrid.es/las-bienaventuranzas-de-los-salmos/bienaventuranzas-3/" data-orig-file="https://i0.wp.com/catequesis.archimadrid.es/wp-content/uploads/2018/05/Bienaventuranzas.jpeg?fit=300%2C168&amp;ssl=1" data-orig-size="300,168" data-comments-opened="1" data-image-meta="{&quot;aperture&quot;:&quot;0&quot;,&quot;credit&quot;:&quot;&quot;,&quot;camera&quot;:&quot;&quot;,&quot;caption&quot;:&quot;&quot;,&quot;created_timestamp&quot;:&quot;0&quot;,&quot;copyright&quot;:&quot;&quot;,&quot;focal_length&quot;:&quot;0&quot;,&quot;iso&quot;:&quot;0&quot;,&quot;shutter_speed&quot;:&quot;0&quot;,&quot;title&quot;:&quot;&quot;,&quot;orientation&quot;:&quot;0&quot;}" data-image-title="Bienaventuranzas" data-image-description="" data-image-caption="" data-large-file="https://i0.wp.com/catequesis.archimadrid.es/wp-content/uploads/2018/05/Bienaventuranzas.jpeg?fit=300%2C168&amp;ssl=1" /></p>Sofonías 2,3;3,12-13; 1 Corintios 1,26-31; Mateo 5,1-12a. HABLA LA PALABRA: La Carta Magna del Evangelio “Bienaventurados los pobres de espíritu, porque de ellos es el Reino de los Cielos”. Esta frase de Jesús, la primera de las bienaventuranzas, que a su vez son la Carta Magna del Evangelio, ha sido posiblemente la frase que como [&#8230;]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><span style="color: #000000;"><em>Sofonías 2,3;3,12-13; 1 Corintios 1,26-31; Mateo 5,1-12a.</em></span></p>
<p><span style="color: #000000;"><strong>HABLA LA PALABRA: </strong><em>La Carta Magna del Evangelio</em></span></p>
<p><span style="color: #000000;">“Bienaventurados los pobres de espíritu, porque de ellos es el Reino de los Cielos”. Esta frase de Jesús, la primera de las bienaventuranzas, que a su vez son la Carta Magna del Evangelio, ha sido posiblemente la frase que como un surco arrebatador ha atravesado desde hace dos mil años y sigue atravesando hoy, el espacio y el tiempo de este mundo en el que vivimos, sacudiendo, provocando, transformando, toda cultura y toda civilización. Es seguramente la sentencia más sabia, la promesa más revolucionaria, y la esperanza más fuerte que jamás se haya oído y que jamás se oirá.</span></p>
<ul>
<li><span style="color: #000000;">“Bienaventurados -es decir, dichosos- los pobres en el Espíritu porque de ellos es el Reino de los cielos”. Arranca así el Sermón de la Montaña. Muchos intentaron memorizar cada una de las nueve bienaventuranzas ese día, a la orilla del lago de Galilea. Seguramente todos aprendieron, mejor dicho, apresaron en su corazón, la primera de ellas: Bienaventurados los pobres en el Espíritu.</span></li>
<li><span style="color: #000000;">Algo había intuido de esta sabiduría de Dios para los hombres los profetas, como Sofonías, cuando clamaba “Buscad al Señor los humildes”. Algo habrían intuido los salmistas que cantaban los sentimientos de dolor y de esperanza del pueblo elegido cuando se decían a si mismos: “El Señor hace justicia a los oprimidos, da pan a los hambrientos, abre los ojos al ciego”.</span></li>
<li><span style="color: #000000;">¿Y los primeros cristianos? Enamorados de las bienaventuranzas, bien sabían, como decía Pablo a los Corintios, que entre ellos no destacaban los sabios, ni los ricos, ni los poderosos, sino que “lo necio de este mundo lo ha escogido Dios para humillar a los sabios, y lo débil del mundo para humillar a los poderosos”.</span></li>
</ul>
<p><span style="color: #000000;"><strong>HABLA EL CORAZÓN: </strong><em>La mirada del pobre</em></span></p>
<p><span style="color: #000000;">Todos intuimos lo que significa esta frase. Aún así, seguramente para eludirla, o para que el golpe de su azote no dañe nuestra conciencia existencial, seguimos preguntando: Pero ¿quiénes son los pobres de espíritu? ¿los pobres de espíritu no son los pobres materiales? ¿Aunque yo sea rico, o al menos no sea pobre, puedo ser “pobre de espíritu”, y por tanto feliz, bienaventurado? Creo que la mejor manera de responder a esta pregunta es hacerse otra pregunta: ¿conoces tu algún rico que sea feliz? O más incisiva: ¿Te hace a ti feliz tu poca o tu mucha riqueza?</span></p>
<ul>
<li><span style="color: #000000;">Y es que, queridos hermanos, tendríamos que aprender a mirarnos pobres. La cuestión no es dejar ser ricos para ser pobres, sino dejar de creernos ricos y empezar a darnos cuenta de que somos pobres. Claro que todos somos pobres. Somos pobres porque somos limitados. Somos pobres porque somos pecadores. Somos pobres porque sufrimos. Somos pobres porque somos mortales.</span></li>
<li><span style="color: #000000;">Esta es la mirada humana, profunda, limpia, verdadera, que recupera la riqueza esencial del marginado y excluido, la de su infinita dignidad como hijo de Dios, y la farsante e injusta desproporción de esta riqueza con sus carencias.</span></li>
<li><span style="color: #000000;">Es la única mirada radical que iguala al que tiene con el que no tiene, y que hace irresistible la reacción, de puro dolor, que a la vez extirpa del pobre su miseria y del rico su arrogancia.</span></li>
<li><span style="color: #000000;">Es la mirada que implora el pobre. A veces es lo único que coincide entre lo que pide y lo que realmente necesita. Saber amar es saber mirar, y saber mirar es saber amar.</span></li>
<li><span style="color: #000000;">Es la mirada la que desvela la superficialidad, falacia, inconsistencia y frugalidad de lo que normalmente llamamos no se si riqueza, pero si seguridad, calidad de vida, o bienestar. Cuando ninguna de estas legítimas aspiraciones es capaz de llenar el verdadero anhelo de felicidad humana.</span></li>
<li><span style="color: #000000;">Nos bastaría esta mirada para acariciar el tesoro que siempre es la riqueza del otro, para adquirir el atractivo de la solidaridad, que es el de bajar a la mina de esas pepitas de oro puro, limpias del barro de las riquezas, pero escondidas y enterradas en los suelos de la marginación y la miseria.</span></li>
</ul>
<p><span style="color: #000000;"><strong><img data-recalc-dims="1" loading="lazy" decoding="async" data-attachment-id="7403" data-permalink="https://catequesis.archimadrid.es/pobres-de-espiritu/sabiduriadeunpobre/" data-orig-file="https://i0.wp.com/catequesis.archimadrid.es/wp-content/uploads/2020/01/sabiduriadeunpobre.gif?fit=270%2C383&amp;ssl=1" data-orig-size="270,383" data-comments-opened="1" data-image-meta="{&quot;aperture&quot;:&quot;0&quot;,&quot;credit&quot;:&quot;&quot;,&quot;camera&quot;:&quot;&quot;,&quot;caption&quot;:&quot;&quot;,&quot;created_timestamp&quot;:&quot;0&quot;,&quot;copyright&quot;:&quot;&quot;,&quot;focal_length&quot;:&quot;0&quot;,&quot;iso&quot;:&quot;0&quot;,&quot;shutter_speed&quot;:&quot;0&quot;,&quot;title&quot;:&quot;&quot;,&quot;orientation&quot;:&quot;0&quot;}" data-image-title="sabiduriadeunpobre" data-image-description="" data-image-caption="" data-large-file="https://i0.wp.com/catequesis.archimadrid.es/wp-content/uploads/2020/01/sabiduriadeunpobre.gif?fit=270%2C383&amp;ssl=1" class="size-medium wp-image-7403 alignleft" src="https://i0.wp.com/catequesis.archimadrid.es/wp-content/uploads/2020/01/sabiduriadeunpobre.gif?resize=211%2C300&#038;ssl=1" alt="" width="211" height="300" />HABLA LA VIDA:</strong> <em>Sabiduría de un pobre</em></span></p>
<p><span style="color: #000000;">Un pequeñito libro, ya clásico, titulado “Sabiduría de un pobre”, de Éloi Leclerc, pone en boca de Francisco de Asís esta confesión: Queremos siempre añadir un codo a nuestra estatura, de una u otra manera. Tal es el fin de la mayor parte de nuestras acciones. Aun cuando pensamos trabajar por el reino de Dios es muchas veces eso lo que buscamos, hasta que un día, tropezando con un fracaso, no nos queda más que esta sola realidad desmesurada: Dios es. Descubrimos entonces que no hay más todopoderoso que Él, y que Él es el solo Santo, el solo Bueno. El hombre que acepta esta realidad y que se goza hasta el fondo de ella ha encontrado la paz. Dios es, y eso basta. Pase lo que pase, está Dios, el esplendor de Dios. Basta que Dios sea Dios. Sólo el hombre que acepta a Dios de esta manera es capaz de aceptarse verdaderamente así mismo.</span></p>
<p style="text-align: right;"><strong><span style="color: #000000;">Manuel María Bru, delegado Episcopal de Catequesis de la Archidiócesis de Madrid</span></strong></p>
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