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Santiago Apóstol y el camino interior

Por Manuel María Bru el 20 julio, 2017 en La voz del delegado
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¡Gran fiesta de nuestro patrono, Santiago Apóstol! Una aclamación popular dice “¡Santiago y cierra España!” En realidad debería decir “¡Santiago y abre España! Por tres razones:

  • 1ª/ Porque fue la apertura de miras de los apóstoles que habían oído decir a Jesús “id por todo el mundo y predicad el Evangelio” lo que hizo que uno de ellos viniera al “Finisterre”, gracias a lo cual pertenecemos, con tantísimo orgullo, a una Iglesia de fundación apostólica.
  • 2ª Porque el Apóstol Santiago representa el perfil misionero e intrépido de la Iglesia, de una Iglesia nunca cerrada ni a los desafíos del espacio, ni a los desafíos de los tiempos:
  • De una iglesia que busca siempre ser libre de los tiranos y poderosos de este mundo porque, como dice el libro de los Hechos de los Apóstoles, esta formada por hombres y mujeres que saben que hay que obedecer a Dios antes que a los hombres.
  • De una Iglesia en salida como la llama el Papa Francisco que llega a todos los pueblos, porque, como hemos dicho en el salmo, extiende la salvación de Dios a todos para que todos los pueblos le alaben.
  • De una Iglesia de valientes que, como dice San Pablo a los Corintios, no silencian el tesoro del Evangelio ni en la mayor de las dificultades, porque aunque tantas veces nos aprieten, no lograrán aplastarnos.
  • De una Iglesia de humildes, en la que cuentan, como hemos escuchado en el Evangelio que les dice Jesús a los apóstoles, los que sirven al prójimo, no los que se sirven a si mismos.
  • Y 3ª: Porque el Camino de Santiago, que configura históricamente la vinculación y la unidad espiritual de todos los pueblos de Europa, es un milagro de apertura: de apertura de nuestro pueblo a todos los hombres y mujeres del mundo que llegan como peregrinos, paradigma de una fraternidad universal sin igual, y de apertura de esos mismos peregrinos a la acción de Dios en sus vidas.

Quisiera detenerme en este punto: la apertura de los peregrinos a la acción de Dios en su vida. No podemos dejar de admirarnos ante la inmensa gracia que reciben quienes, desde hace tantos siglos, pero de un modo impresionante e impredecible en los últimos 30 años, gracias en gran media a san Juan Pablo II, han hecho y hacen el Camino de Santiago. Por eso quisiera compartir con vosotros algunas consideraciones sobre el sentido parabólico y místico del Camino compostelano:

  • Cada vez que un peregrino llega a Santiago de Compostela al final del Camino, se abre una puerta al misterio, se abre una puerta a la vida. Sólo entraran por ella de verdad quienes hayan hecho el Camino, como en realidad sólo entrarán, no sólo al final de su vida, sino cada día de su vida, en la Puerta de la plenitud humana quienes hayan hecho de su vida un peregrinaje, quienes hayan encontrado un camino verdadero, y hayan tenido el coraje -y sobre todo la gracia- de recorrerlo.
  • De ahí la necesidad del peregrinar como signo y don del camino cristiano. El cristianismo, precisamente porque no es ni una doctrina ni una moral, ni mucho menos una ideología, sino un encuentro personal, consiste en un continuo movimiento, de cada bautizado, de cada familia, de cada comunidad, de toda la Iglesia. Un continuo peregrinaje en el que es necesario dar los pasos de la experiencia de fe uno a uno, en el que hay que pasar contratiempos y subir por sendas empinadas, porque sino no se puede ni atender a los abatidos de la historia humana que nos ha tocada vivir, ni vislumbrar la inmensidad del horizonte de nuestra propia vida.
  • No existe de hecho el cristianismo, como un “ismo”, como algo cosificado y estático, que podemos manipular. Y por eso, siempre que el camino de la vida, como el camino compostelano, tenga una meta -porque sino estamos condenados a girar sobre nosotros mismos- se cumple lo del poeta manchego, que “se hace camino al andar”, no porque no haya camino, sino porque cada uno debe hacer el camino, como Dios quiere, cuando Dios quiere, y hacia donde Dios quiere.
  • En el Camino de Santiago, como en el camino de la vida, lo importante no es el camino exterior, que es una mediación, sino el camino interior. Todos nosotros, hagamos o no el Camino a la tumba del Apóstol, estamos llamados a hacer el camino que Dios nos trace, no dejarlo a medias, y hacerlo con paciencia y perseverancia, con amor y confianza, como hizo aquel intrépido apóstol, que no cerro España, sino que la abrió a la fe en el Dios verdadero y la enseño el secreto de la vida.

HOMILÍA PARA LA FIESTA DE SANTIAGO APÓSTOL

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