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Las parábolas del Reino

Por Manuel María Bru el 20 julio, 2017 en La voz del delegado, Recursos
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En los evangelios de estos domingos de julio se nos presentan algunas parábolas de Jesús sobre el Reino de los Cielos. En el tema 17 del Catecismo Bautismal de Adultos de la Archidiócesis de Madrid aparece este elenco de referencias evangélicas con las que entender qué es el Reino, en que se diferencia de los reinos de este mundo, y que exigencias tiene:

  • Jesús intentó de muchos modos acercarnos al misterio del reino de los cielos. Lo hizo, sobre todo, recurriendo a las parábolas. Con ellas nos quiso transmitir que el Reino de Dios (o reino de los cielos):
    • El Reino de Dios es una realidad que viene sin dejarse sentir (cfr. Lc 17,20), es algo que está dentro de nosotros (cfr. Lc 17,21).
    • En principio, el Reino parece una cosa pequeña e insignificante, pero que por su gran potencialidad es capaz de crecer y de desarrollarse mucho más de lo que cabría esperar si solo nos dejáramos llevar por las apariencias.
    • Por eso, Jesús comparó el Reino con la semilla o con el grano que siembra el sembrador y que crece por sí solo (cfr. Mc 4,26‑29), es capaz de producir treinta, sesenta y hasta el ciento por uno (cfr. Mt 13,8.23).
    • Lo comparó también con el grano de mostaza y con la levadura, capaces, respectivamente, de convertirse en un árbol frondoso o de hacer fermentar toda la masa (cfr. Mt 13,31‑33; Mc 4,30‑32; Lc 13,18‑21).
    • El Reino es una realidad que está enterrada y oculta, como un tesoro, pero que algunos encuentran; y, al encontrarla, venden todo lo que tienen con tal de adquirirlo (cfr. Mt 13,44).
    • Es una realidad que algunos buscan, como busca un mercader de perlas finas una de gran valor, dispuesto a vender todo cuanto posee cuando la encuentre con tal de adquirirla (cfr. Mt 13,45‑46).
    • Es una realidad donde crecen juntos el trigo y la cizaña, sin que el amo del terreno quiera separarlos hasta el momento de la cosecha (cfr. Mt 13,24‑30.37‑43), o como esa red en la que entran toda clase de peces (cfr. Mt 13,47).
    • Se trata de una realidad que hay que aguardar estando en vela, con el aceite suficiente en las alcuzas, no vaya a ser que, cuando llegue el esposo, los que no tengan el aceite suficiente, se queden fuera (cfr. Mt 25,1‑13).
    • Es la herencia que Dios ha preparado para los que den de comer al hambriento, de beber al sediento, a los que vistan al desnudo, a los que visiten a los enfermos y a los que están en la cárcel, a los que dieron posada al peregrino, porque cuanto hicieron es como si se lo hubieran hecho al propio Jesús (cfr. Mt 25,31‑48).
    • En ese reino hay un propietario que llama a sus siervos a rendir cuentas (cfr. Mt 18,23) y también sale a contratar gente a cualquier hora del día (cfr. Mt 20,1 y ss) para, luego, al finalizar la jornada, pagar por igual a los que han soportado el peso del día como a los que tan solo estuvieron una hora (cfr. Mt 20,8‑15).
    • En ese reino hay un rey que celebra las bodas de su hijo y está dispuesto, a toda costa, a que la sala del banquete se llene de invitados (cfr. Mt 22,8‑9).
  • La lógica de este reino es muy diferente a la de los reinos de este mundo:
    • El mayor es el más pequeño (cfr. Mt 18,4).
    • Solo los que se hagan como niños podrán tomar posesión de él (cfr. Mt 19,14).
    • No valdrán para el Reino quienes echen la mano en el arado y luego vuelvan la mirada a atrás (cfr.Lc 9,62).
    • Los ricos difícilmente entrarán en él (cfr. Mt 19,23). Jesús dijo que el Reino es de los pobres (cfr. Mt 5,3) y de los perseguidos por causa de la justicia (cfr. Mt 5,10).
  • Exigencias del Reino
  • Por entrar en el Reino merecerá la pena hasta perder una mano, un pie o un ojo, si son ocasión de escándalo (cfr. Mc 9,43‑48).
  • El Reino de los cielos ha de ser preferido a la casa, la mujer, los hermanos, padres e hijos (cfr. Lc 18,29).
  • El Reino de los cielos y su justicia ha de ser lo primero y prioritario y nada debe serle antepuesto (cfr. Mt 6,33).
  • Para entrar en el Reino no vale ya la justicia de los escribas y fariseos (cfr. Mt 5,20).
  • Es decir, la del quedarse tan solo en el no matarás (cfr. Mt 5,21‑26), no cometerás adulterio (cfr. Mt 5,27‑32), no jurarás en falso (cfr. Mt 5,33‑37), ojo por ojo (cfr. Mt 5,38‑42) y ama a tu prójimo y odia a tu enemigo (cfr. Mt 5,43‑48).
  • Hay que pasar a la lógica del poner la otra mejilla (cfr. Mt 5,39), de no pleitear con el hermano (cfr. Mt 5,40); la del dar a quien nos pida (cfr 5,42); la de amar a los enemigos y orar por los que nos persiguen (cfr. 5,44).
    • Solo quien cumpla la voluntad del Padre celestial entrará en el Reino de los cielos (cfr. Mt 7,21).

 

 

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