Los obispos españoles ya están manga por hombro estudiando con ilusión el documento preparatorio para la XV Asamblea General Ordinaria del Sínodo de los obispos, sobre “Los jóvenes, la fe y el discernimiento vocacional”.

En este documento aparece una mirada positiva para los jóvenes y desafiante para la Iglesia: “Los jóvenes no se ponen contra, sino que están aprendiendo a vivir sin el Dios presentado por el Evangelio y sin la Iglesia, apoyándose en formas de religiosidad y espiritualidad alternativas y poco institucionalizadas”. Por eso “acompañar a los jóvenes exige salir de los propios esquemas preconfeccionados, encontrándoles allí donde están”. Así como “salir de esas rigideces que hacen que sea menos creíble el anuncio de la alegría del Evangelio”. Y porque no, soñar “con una Iglesia que sepa dejar espacios al mundo juvenil y a sus lenguajes, apreciando y valorando la creatividad y los talentos”, porque “a veces nos damos cuenta que entre el lenguaje eclesial y el de los jóvenes se abre un espacio difícil de colmar”.

En sintonía con la propuesta de la “cultura del encuentro” del Papa Francisco, se vislumbra un Sínodo sobre los jóvenes de inculturación, basado en la llamada conciliar al diálogo (no confrontación) fe/cultura que ahora vendría a reclamar una lectura positiva de la cultura circundante, mediática y global. Una cultura que si a todos nos envuelve a los jóvenes los determina, pues generacionalmente pueden saber de otras cosmovisiones culturales pero no se han nutrido existencialmente de ellas. Así, los “jóvenes mediáticos” nos presentan un triple desafío: el de conocerlos a ellos mejor a través de esta cultura en la que se desenvuelven, se relacionan, y entienden el mundo; el de conocer por ellos mejor esta cultura, universalmente presente y emergente, de la que ellos son mediadores; y el de poder compartir con ellos la alegría del Evangelio en su mundo y en su lenguaje.

Para empezar a tejer este diálogo no nos faltan pistas nuevas y desafiantes. Por ejemplo: descubrir que este tiempo de post-verdad no es sólo tiempo de relativismo, sino también tiempo de catarsis post-fundamentalismos y post-totalitarismos; que la cultura débil que huye de los mega-relatos nos permite recuperar el valor en el primer anuncio del Evangelio de los micro-relatos; y que ante la sociedad líquida y desvinculada que ha generado la modernidad, en la postmodernidad, escasos de utopías y cansados de discursos, las nuevas generaciones buscan “topías”, espacios de comunión y de solidaridad concretos y verificables. ¿Evangelio y jóvenes mediáticos? ¡Un encuentro apasionante!

http://www.vatican.va/roman_curia/synod/documents/rc_synod_doc_20170113_documento-preparatorio-xv_sp.html