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El milagro de la desproporción

Por Manuel María Bru el 29 Mayo, 2016 en La voz del delegado
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29 DE MAYO DE 2016: HOMILÍA DEL IX DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO: SANTÍSIMO CUERPO Y SANGRE DE CRISTO (CICLO C)

1.- La Palabra de Dios que hoy nos trae la liturgia tiene un único nombre: memorial. Memorial de la Eucaristía:

  • La lectura del Génesis nos retrotrae a una antigua ofrenda del Pueblo elegido: la ofrenda de sacerdote Melquisedec del pan y del vino al Dios Altísimo. Y el salmo 109 nos retrotrae también a aquel sacerdocio, el del “segregado” del pueblo para ser, como presentador de las ofrendas, puente entre Dios y los hombres. Es la memoria de un culto y de un sacerdocio reasumido pero transformado completamente por Cristo.
  • San Pablo en su primera carta a los Corintios, nos habla de otra tradición, la de la última cena, un memorial que actualiza cada vez que se repite el gesto sacramental de la consagración eucarística: la ofrenda de la vida de Cristo Redentor al Padre, siendo Él:
    • el único sacerdote (mediador entre Dios y los hombres),
    • el único altar (sus propias manos),
    • y la única ofrenda sacrificial (la de su cuerpo y su sangre entregados en su pasión, y glorificados por su resurrección).
  • El Evangelio nos hace recordar una de las escenas de la vida pública de Jesús que la tradición cristiana siempre ha relacionado con la eucaristía: repartiendo milagrosamente el alimento entre los que acuden a escuchar su palabra, anticipa el gesto eucarístico del cuidado de su pueblo: alimenta con su vida el cuerpo y el alma de quienes le siguen, como gracia presente y como viático para la vida eterna.

2.- El milagro de la multiplicación de los panes y de los peces nos enseña que Dios providente tiene un modo de actuar. Y aunque inesperado y sorprendente, nunca falla a su método. ¿Cuál es el método de Dios? Nuestro arzobispo, monseñor Carlos Osoro, lo llama “la desproporción de Dios”

  • Muy sencillo: el método de Dios consiste en que si nosotros ponemos nuestra parte para cambiar las cosas, por muy poco que podamos hacer, él pone la suya, evidentemente desproporcionada, y con la suya las cosas cambian de verdad. En el Evangelio que hemos escuchado es evidente:
  • Jesús pide a sus discípulos que hagan su parte para que nadie quede fuera de la comunión de bienes. Les dice: “dadles vosotros de comer”.
  • Ellos lo hacen, aunque tienen sólo cinco panes y dos peces, porque Jesús insiste. Se fían, reparten lo poco que tienen y…. ¡Todos quedan saciados!
    • Los cristianos no somos cristianos:
      • si primero nos aseguramos nosotros,
      • si compartimos solo lo que nos sobra,
      • y si además lo hacemos sin ninguna confianza en que lo poco que nosotros podemos hacer sirva para algo….
    • Los cristianos somos cristianos si, al contrario:
      • ponemos nuestras seguridades en la Providencia de Dios,
      • compartimos generosamente nuestro tiempo, nuestros talentos, y una parte significativa de nuestros bienes, con los demás.

3.- A lo largo de mi vida he tenido ocasión de conocer de primera mano varios “milagros de multiplicación”, o “milagros de la desproporción de Dios”. Tal vez me la hayáis oído contar más veces. Me encanta contar esta historia:

  • En la crisis de los 80, que no fue tan grave como la actual, pero que también llevo a muchos españoles al paro, Teresa, madre de cuatro hijos, esposa de un transportista que se había quedado sin trabajo, fue aquí cerca, a los jesuitas de la calle Serrano, a pedir ayuda.
  • Le recibió el Padre Lorenzo Almellones (que ya no está entre nosotros), que dirigía la Congregación Mariana de los Kostkas. Y nos pidió a los jóvenes congregantes que incorporáramos a la familia de Teresa, que vivía en San Blas, al grupo de familias que atendíamos desde la acción social de la Congregación. Teresa siempre nos decía que en cuanto remontase, se uniría a nosotros para ayudar a otros.
  • A los pocos años el marido de Teresa encontró trabajo, y ella, agradecida por la ayuda recibida, cumplió su promesa. Es más, la acción social de la Congregación se le quedó pequeña, y puso en marcha una iniciativa de ayuda a familias necesitadas que, entre otras cosas, con los años, hizo un comedor social en Sal Blas donde aún hoy siguen comiendo entre 60 y 80 personas al día.
  • Un día (a finales de los noventa) Teresa se vio muy agobiada, pues poco a poco, desde unas semanas atrás, los suministros de alimentación de diversas instituciones habían dejado de llegar, y no tenía nada con que dar a comer a sus numerosos comensales pobres. El Padre Almellones había fallecido pocos meses antes, y el comedor estaba presidido por una foto suya. Teresa se plantó muy temprano delante de la foto, y le dijo: “Tu me metiste en esto, tu me tienes que sacar de este apuro. Yo ya no se que hacer, pero hoy tengo que dar de comer a mucha gente. A ver como te las apañas”.
  • A los cinco minutos, empezó a sonar el teléfono, una llamada tras otra, y a llegar camiones y furgonetas. En dos horas llegaron alimentos para las necesidades del comedor social de varios meses.

 4.- Elevemos entonces nuestra mirada con esta suplica en el día de Corpus: ¡Padre Santo! ¡Concédenos la gracia de creer que tu multiplicas todo lo que nosotros arriesguemos a compartir, la gracia de creer que al rezar “danos el pan de cada día”, la petición del Padre Nuestro, como ocurre con la del perdón de las deudas, esta condicionada por “así como nosotros se lo damos a los que más lo necesitan!.

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