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El catequista enviado a hacer discípulos

Por Manuel María Bru el 12 julio, 2017 en Recursos
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Siguiendo la propuesta mini-reflexiones sobre la catequesis para este verano, esta semana ofrecemos estas notas sobre la identidad del catequista como enviado a hacer discípulos:

EL CATEQUISTA ENVIADO A HACER DISCÍPULOS

    El catequista debe ser consciente de que es un elegido y un enviado del mismo Jesús. En la doble dimensión de predilecto divino y de responsable de un ministerio al servicio de los hombres, el catequista tiene que hacerse consciente de su identidad de “llamado por Dios”.

    – Es elegido y por lo tanto tiene una vocación singular. Jesús es claro: “No sois vosotros los que me habéis elegido, soy yo quien os ha elegido a vosotros”. (Jn. 15. 16).

   Ser catequista es una vocación de entrega y sacrificio. La experiencia del profeta Jeremías es reveladora:

         “Recibí esta palabra del Señor:

           Antes de formarte en el vientre, te escogí,

           antes de que salieras del seno materno, te consagré,

           te nombré profeta de los gentiles…” (Jer. 1. 5-9)

    – Es enviado a los hombres para anunciarles la salvación

    También Jesús es explícito: “Se me ha dado toda potestad en el cielo y en la tierra. Id, pues, y haced discípulos míos por todas las naciones de la tierra, bautizándolos en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo y enseñándoles a guardar todo lo que yo os he mandado. Mirad que yo me quedaré con vosotros hasta la consumación de los siglos”. (Mt. 28. 20)

    Por lo tanto, el catequista es y tiene que sentirse partícipe y colaborador de la misión de Jesús, a lo largo del tiempo y a lo ancho de toda la tierra.

      – Participa en la misión de Jesús, que sigue actuando por su medio.

      – Anuncia el Evangelio por todas las partes, por que el Señor lo mandó.

      – Se siente movido por el Espíritu de Jesús y no por el propio.

      – Descubre a los hermanos como amados por el mismo Dios.

      – Siente que actúa como mediador o sacramento en medio de los elegidos.

    Pablo VI decía en su exhortación:  “El Espíritu Santo es el agente principal de la e vangelización, el maestro interior que explica a tos fíeles el sentido profundo de las enseñanzas de Jesús y de su misterio”. (Evangelii Nuntiandi, 75)

 

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